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| Manuelita |
Algo le pasó y un día comenzó a perseguir a todos por la casa: cambió de aire y quizás hoy sea más feliz
Un buen día Manuelita se puso malvada, nos perseguía por la casa. Quizás fuera vieja o sentía la falta de un compañero. Pero era tan lerda que cuando quería abrir la boca para mordernos, hacía rato que la junábamos. Entonces la sacábamos al patio, la poníamos cerca del gomero, le dábamos algo para almorzar, pedacitos de un asado sobreviviente. A veces se calmaba y comía, otras ocasiones volvía con más furia. Tenía un conmovedor rostro grotesco, antediluviano.La habían traído de regalo muy pequeñita, años la tuvimos, igual que las begonias, la adelfa. Si estaba cerca, mi madre le tiraba una lechuguita, comía y volvía a lo suyo, mansa y serena.En invierno la dejábamos en un placar al que le decíamos la despensita, donde amontonábamos escobas, trapos de piso, herramientas, cachivaches de poco uso. Una vez estuvo dos inviernos guardada. Héctor, mi hermano menor, sintió un ruido mientras buscaba el martillo. Abrió la caja y estaba viva, aleluia. Nos reímos al verla comer con desesperación.
Y como siempre, la olvidamos.
Una vez un pariente nos ofreció otra. Mi madre sostuvo que con una era suficiente; no quería más bichos. Protestamos: “Vieja, capaz que necesita un compañero”, le dijimos. No hubo caso. Además: “En tantos años no se han ocupado de averiguar si es hembra o macho, miren si todavía hacen macanas”, advirtió. Y la condenó a la soledad. Luego sucedió lo que le cuento de sus agresiones. Hasta que un día me invitaron unos amigos, en el campo. La puse en una cesta y la llevé. Cuando la solté, en medio del profundo bosque santiagueño, primero caminó indecisa. Luego me miró, se enfureció, y entró a perseguirme. Pronto la dejé atrás.
A veces creo que uno de estos días la voy a topar en la puerta. Le preguntaré cómo hizo para regresar. Capaz que responda: “Un poquito caminando y otro poquitito a pie”.
Juan Manuel Aragón
Sábado 18 de abril del 2026, en casa de la Marciana. Avivando el fuego.
Ramírez de Velasco®


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