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1899 CALENDARIO NACIONAL Catamarqueñismos

El "Tesoro de catamarqueñismos"

El 12 de mayo de 1899, el diario El Liberal, da cuenta de la aparición del libro "Tesoro de catamarqueñismos”, de Samuel Lafone Quevedo

El 12 de mayo de 1899, el diario El Liberal, da cuenta de la aparición de "Tesoro de catamarqueñismos: nombres de lugar y apellidos indios con etimologías y eslabones aislados de la lengua cacana".
El libro fue publicado en 1898 (aunque a menudo se cita como 1899 debido a ediciones posteriores o errores bibliográficos) por Samuel Alexander Lafone Quevedo, destacado lingüista, etnólogo y arqueólogo británico-argentino nacido en 1835 en Montevideo y muerto en 1920 en Buenos Aires. La obra fue impresa por la Imprenta de Pablo E. Coni en Buenos Aires y tiene unas 377 páginas, dependiendo de la edición.
Se trata de un esfuerzo monumental por documentar y preservar los vestigios lingüísticos de la provincia de Catamarca, con un enfoque especial en los topónimos (nombres de lugares) y apellidos de origen indígena, particularmente aquellos vinculados a la lengua cacana, un idioma extinto hablado por los indios de la región antes de la llegada del quichua y el español.
Lafone Quevedo, que pasó gran parte de su vida estudiando las lenguas indígenas sudamericanas, argumenta en el libro que el cacán no era una variante del quichua —como algunos sostenían —sino una lengua distinta, posiblemente emparentada con otras familias lingüísticas como la mataco-guaicurú.
La obra comienza con una introducción en la que Lafone Quevedo explica su método y los desafíos de reconstruir una lengua perdida con escasos registros directos, basándose en nombres geográficos, apellidos y fragmentos preservados en documentos coloniales, como los de misioneros jesuitas. Luego, el "Tesoro" propiamente dicho es un diccionario o catálogo que lista cientos de términos, ofreciendo para cada uno su posible etimología, significado y conexiones con el cacán u otras lenguas indígenas, como el quechua o el lule. Por caso, analiza nombres como "Anconquija" o "Tinogasta", descomponiéndolos en raíces que podrían remontarse al cacán, y los compara con vocablos de lenguas vecinas.
El libro también incluye capítulos adicionales que exploran aspectos gramaticales y fonéticos del cacán y su relación con la historia cultural de los pueblos diaguitas y calchaquíes, que habitaban el noroeste. Lafone Quevedo utiliza un enfoque comparativo, apoyándose en fuentes históricas como las cartas del jesuita Alonso de Bárzana y los trabajos de otros cronistas, para sustentar sus hipótesis. Reconoce las limitaciones de su trabajo, describiéndolo como un punto de partida, e invita a otros a profundizar y corregir sus hallazgos.
Publicado en un momento en que las lenguas indígenas estaban desapareciendo rápidamente bajo la influencia del español, el "Tesoro de catamarqueñismos" se convirtió en una herramienta clave para los estudios de lingüística histórica y antropología de la Argentina. Aunque algunas de sus conclusiones han sido debatidas con el tiempo debido a la falta de evidencia directa del cacán, sigue siendo una referencia invaluable por su detallada recopilación y su intento de rescatar del olvido una parte fundamental del patrimonio cultural catamarqueño.
En 1927, Félix F. Avellaneda completó la obra con una tercera edición que añadió modismos locales, y en 1999, la Universidad Nacional de Catamarca reeditó el texto, asegurando su acceso para nuevas generaciones.
Juan Manuel Aragón
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Debe haber sido alguien muy especial este don Samuel Lafone, para ser un "anglo-argentino" nacido en Montevideo. Según mis registros, para esa época ya habíamos perdido la Banda Oriental, a menos que hubiera nacido antes de 1828.
    No es de extrañar que las conclusiones de su libro hayan sido disputadas, si se tiene en cuenta que se trata de la interpretación de una legua extinta, anterior al quechua, que no tenía escritura. Don Lafone debe haber tenido mucha imaginación.

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  2. Cristian Ramón Verduc12 de mayo de 2026 a las 12:39

    El profesor Domingo Bravo menciona varias veces a Lafone Quevedo y su obra, especialmente para ciertas palabras en el Diccionario Quichua Santiagueño - Castellano, pues hay palabras que, sin ser palabras quichuas, las incluye con la aclaración de que Lafone Quevedo afirma que son del cacán.

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