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FALACIAS Nadie esconde la cabeza como el avestruz

Avestruz americano

A esta historia la contó Plinio el  Viejo, un romano cuyos libros  feron modelo hasta  siglos después


Hay ideas que vienen envasadas y listas para consumir desde hace siglos. Y a pesar de que nadie las comprobó y aparentemente son mentiras, la gente las sigue creyendo como si fueran la verdad revelada. Otras, en cambio, son desmentidas, aunque sea unos cuantos siglos después y se terminan poniendo las cosas en su lugar.
Entre las primeras, figuran los avestruces que, para huir del peligro esconden la cabeza en un hoyo en el suelo. Quienes la defienden, sostienen que lo hacen por dos razones, una porque el miedo les provoca un ocultamiento quizás inútil. Y otra porque a la distancia quizás los depredadores los confundan con un arbusto. Pero es todo mentira.
Imagine un avestruz africano o un suri americano observando que se acerca un león. Casi siempre sale a la disparada, antes que buscar un agujero para meter la cabeza. Hasta eso el otro lo ha visto y va y se lo come. O mete la cabeza en un agujero cualquiera y de adentro una víbora de cascabel lo pica y también se muere. No habría ni un solo suri en todo el redondo mundo si hicieran esto.
A esa historia la contó Plinio el Viejo, que vivió en  el siglo I de nuestra era y, como es un poco difícil ir al campo a observar avestruces, la mayoría de la gente la sigue creyendo (una falacia que viene durando cerca de 2000 años, o sea). Además, es una mentira que les sirve a los cronistas para graficar a algún político que se esconde de sus enemigos de manera burda. Desmentirla es tirar abajo una metáfora que viene rindiendo desde que el periodismo es periodismo.
Por otra parte, ¿usted quiere saber más que este investigador romano
?, ¿me va a decir que es más sabio que Plinio el  Viejo, que escribió Historia Natural y fue modelo enciclopédico de muchos conocimientos hasta mediados del siglo XVII? Oiga, cuando consiga los mismos títulos que el tío, venga y hablemos, endemientras, para el mundo entero, los suris, cuando se ven amenazados, ocultan la cabeza bajo la tierra.
Pero esto no es así con todos los sabios antiguos. Cuando la filosofía era una disciplina que estudiaba todo, Aristóteles escribió su Historia de los animales o Investigaciones sobre los animales. Se trata de una zoología redactada cerca del 343 antes de Cristo. Se cuenta que Alejandro de Macedonia, su alumno, le mandaba animales embalsamados de los lugares que conquistaba, pera que los estudiase (dicen que una vez, por joderlo nomás, le envió un animal, mitad hombre mitad caballo, el famoso Centauro, pero el maestro descubrió la trampa,  estaban yapados).
En alguna parte sostiene que la mosca tiene ocho patas. Y así quedó durante mucho tiempo. Si Aristóteles dice que la mosca tiene ocho patas, quién es usté, quién soy yo para andar contándolas. Hasta que unos ocho siglos después, en plena Edad Media, a uno se le ocurrió contar, ¡y eran seis! Agarró otra mosca, volvió a contarlas, y llegó al mismo resultado. Pero, en este caso fue distinto, la gente le creyó al segundo, cuyo nombre no trascendió y dejó de repetir lo del sabio griego.
Pero a los escritores no les sirven para nada las ocho patas de las moscas. ¿Qué comparación van a hacer? “¿Ahí va el diputado Menganito, caminando con sus ocho patas, como una mosca aristotélica?”, medio ridículo, ¿no cree? En cambio, el estúpido suri que esconde la cabeza bajo la tierra, les viene dando frutos desde siempre.
Estarían extinguidos del todo si hubieran hecho eso, los pobres avestruces o todavía estaríamos en el principio de los tiempos. Dios crearía uno, vería un león, escondería la cabeza bajo la tierra, sería comido, crearía otro, vería un león, escondería la cabeza bajo la tierra, sería comido y así sucesivamente hasta llegar a hoy.
Dicen que cocodrilo que se duerme es cartera, vaca que se duerme es bife, pollo que se duerme es suprema, lechón que se duerme es horneado, caballo que se duerme es mortadela, bagre que se duerme es chupín, visón que se duerme es tapado, gato que se duerme es liebre, piojo que se duerme es uñado. Y avestruz que se duerme, es plumero.
Y ahora cambiemos de tema, porque me aburrió esto del avestruz. ¿Usted cómo anda?, ¿qué dice?, ¿qué cuenta?, ¿qué es de su vida?, tanto tiempo chincanqui, ¿no?
©Juan Manuel Aragón

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