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| Embarazada |
Natalidad en picada, aborto legal y anticoncepción masiva, un panorama contra el que habrá una marcha el 28 de este mes
El 28 de marzo, a las siete de la tarde, algunos santiagueños volverán a marchar alrededor de la plaza Libertad. Dirán algo simple, sencillo, elemental: no hay vidas descartables.Desde el 24 de enero de 2021, cuando entró en vigencia la ley de aborto, el Estado no sólo permitió una práctica aberrante: la incorporó como prestación regular al sistema de salud. Los registros oficiales del sector público, acumulados hasta fines del 2024, muestran cientos de miles de abortos, a los que eufemísticamente llaman “interrupción voluntaria del embarazo”.Si fuera “voluntario”, el aborto, deberían preguntarle también al niño por nacer, la parte más débil del contrato por la vida, si quiere que lo maten. No hay debate técnico posible. Hay un límite moral y religioso. Cada niño muerto lleva inscrita en su rostro la majestad de Cristo Rey.
Muchos se han subido al barco y desde cubierta se atribuyen la facultad de decidir quién tiene derecho a permanecer a bordo y quién será arrojado al agua.
La Argentina transita una caída abrupta de la natalidad. La tasa de fecundidad se desplomó en pocos años, Menos hijos por mujer, maternidades más tardías, hogares sin niños. Las proyecciones demográficas advierten que hacia el 2040 o el 2050 podrían registrarse más muertes que nacimientos. Hay estimaciones que adelantan ese cruce. Son tendencias que, hasta el momento parecen irreversibles.
En paralelo, el control de la fertilidad se expandió como política de Estado y como hábito cultural. Preservativos, anticonceptivos orales, inyectables, implantes subdérmicos, ligaduras, vasectomías. Todo a la mano gratis, basta con pedirlo. Entretanto la reproducción dejó de ser parte de la naturaleza, es una opción excepcional. Los niños son un estorbo planificado.
Si quiere confirmarlo, salga a la calle y observe cómo se multiplican comercios para mascotas y merman las jugueterías. Proliferan los alojamientos que no admiten niños. La paternidad interfiere con la realización personal, como si fuera posible trascender con esa falta. ¿Sacrificio dice?, salga de ahí. Oiga, el hedonismo es el dogma. No por nada, verbos como “disfrutar” se han puesto de moda en el habla cotidiana.
Quienes marcharán el 28 no tienen el viento a favor. Caminarán a contramano de una corriente que se presenta como irreversible. Retrógrados, fanáticos, nostálgicos de un pasado que no vuelve serán los calificativos más suaves que les lanzarán. Es seguro que saben que las transformaciones más profundas nunca comenzaron con mayorías cómodas, sino con minorías que se negaron a aceptar lo inevitable.
No plantean una ecuación simplista ni ignoran la complejidad social. Saben que hay pobreza, falta de oportunidades, una crisis económica atroz. Precisamente por eso sostienen que negar el valor de la vida en su inicio debilita a los vulnerables: amplía el margen para decidir quién sobra.
El invierno demográfico no es una metáfora literaria. Implica envejecimiento acelerado, presión sobre el sistema previsional, reducción de la población activa, comunidades que se achican. Países desarrollados enfrentan hoy ese desafío con incentivos tardíos. Aquí la discusión recién empieza, pero las cifras ya marcan una dirección.
El 28 de marzo no se definirá el futuro del país. Quizás no logren cambiar la ley, por ahora. Pero quienes rodeen la plaza Libertad volverán a sostener que una sociedad que se acostumbra a seleccionar quién merece nacer y quién debe morir, se está dando un tiro en el pie.
En un barco en altamar nadie tiene por qué decidir quién sigue el viaje y quién es lanzado por la borda para quedar a merced de un tiburón con forma de bisturí. Eso sí, esterilizado.
Juan Manuel Aragón
A 8 de marzo del 2026, en La Mesada. Hondeando urpilas.
Ramírez de Velasco®


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