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MOVILIDAD La reina del 110

Ya en territorio santiagueño

Dos ruedas humildes que cambian distancias y aspiraciones en barrios con treinta grados a la madrugada o escarcha

Llegué a este pago casi al mismo tiempo que el automóvil, sólo que más liviana, libre, práctica. Transito sus calles y caminos en dos ruedas y con mucho menos motor. Y, si quien me usa se pone casco, quizás salve su vida en un derrape inesperado.
Entre todas las cosas muebles, inmuebles, vivas, muertas o semovientes, gracias a mí todos los días un albañil, una empleada doméstica por horas, un enfermero o la ordenanza de Rentas sienten que son de la clase media, en este bendito país.
Tengo muchos nombres, pero los más comunes son Honda Wave, Gilera Smash y Motomel.
Duermo en las ciudades más grandes de las provincias del norte y también en los sitios más alejados: casas de barro, gallinas tispiando en el patio y yo, diciendo presente para todo servicio. Por mí, los obreros y empleados de las ciudades dejaron el ómnibus para ir al trabajo y, en el campo, abandonaron para siempre la mula con sus cuidados y mañas.
Imagine lo que es un madrugón santiagueño, arriba de 30 grados a la sombra durante el verano o en el helado invierno, aguardando el colectivo en medio de la escarcha de un barrio alejado. O piense lo que significa campear un flete, traerlo a la casa, atarlo al sulky y partir al pueblo para recién, tres horas después, estar de vuelta con un paquete de arroz y un litro de aceite. Soy la movilidad y el tiempo, la cercanía y el realismo.
Oiga, soy una maravilla de la modernidad. Dos mangos de nafta, un cuidado del motor casi nulo y, cuando me echo a perder, si no hay solución, mi dueño va con el documento a la concesionaria, saca otra y listo. Me venden en larguísimas, comodísimas y estiradísimas cuotas, accesibles a cualquier pob… digo, clase media como usted.
Es cierto que los fines de semana dejo trepar a mi dueño, la patrona y los tres chicos para ir a la casa de su suegra. Qué quiere: estoy ahí, en el patio, y lo vence la tentación de volver a comer sus empanadas. También es verdad que muchos accidentes son por mi culpa y lo lamento; está en mi propia naturaleza. A veces los barrios están a trasmano y un viaje en ómnibus que llevaría a toda la familia en dos horas, yo lo hago en quince minutos.
He hecho horizontales los traslados en distancias más o menos cortas. Y también largas, porque algunos aventureros se aprovecharon de mí o de algunas de mis primas: la Zanella ZB 110 o la Mondial LB 110, para ir a la fiesta de la Virgen de Catamarca, a La Rioja o hasta la mismísima Buenos Aires. Permití a cualquiera, yendo a 80 kilómetros por hora, sentirse motoquero de Harley-Davidson, en una carretera norteamericana, regulando y con una rubia en ancas.
¿Dicen que sumo riesgos al tránsito de casi todas las ciudades del humilde norte argentino? Sí, por supuesto, es verdad. Pero soy, aunque no lo parezca, alguien con nombre y apellido. Soy la que lleva lomitos por la noche al vecino que tiene un carro de venta y se las rebusca, como tantos en estas ciudades de pobres corazones de 110 centímetros cúbicos de cilindrada.
Con más o menos motor, al menos por muchos años seguiré siendo la que hace que muchos se sientan poderosos sólo porque, con el semáforo en verde, pican en punta y siguen raudos a su destino. Un asado espera en el barrio.
A cualquier parte, pero en moto.
Juan Manuel Aragón
A 2 de marzo del 2026, en el parque Mama Antula. Paseando nomás.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Indudablemente la motocicleta es una valiosa herramienta de trabajo, que ha agilizado trámites, gestiones, y mejorado, y optimizado, las condiciones del transporte.
    Creo oportuno hacer unas aclaraciones relacionadas con el tema de la seguridad vial.
    Las motocicletas nunca son culpables de accidentes. Aún en los casos en que estos ocurren por fallas mecánicas, las mismas son casi siempre debidas a fallas de mantenimiento del propietario. Los demás accidentes se atribuyen a causas externas, como condiciones de calzada, tránsito y operación.
    Las condiciones de calzada se refieren a cuan adaptada está la geometría vial (ancho de calzada, intersecciones, señalización, sendas exclusivas, etc.), que requieren ser adecuadas al excesivo volumen de motocicletas operando en la ciudad, que es donde ocurren la mayoría de los accidentes. Existencia de baches, lomadas incorrectamente construidas y señalizadas, y otros defectos o discontinuidades de superficie son también condiciones de calzada deficientes.
    Las condiciones de tránsito involucran el manejo de los volúmenes de transito en las calles, la coordinación de semáforos, la pertinencia de las normas de circulación y el ordenamiento del tránsito, principalmente. En este último punto se incluyen el control y cumplimiento de las normas por parte de la autoridad, que generalmente considera al transporte en dos ruedas como "informal" y no le aplica las mismas reglas de cumplimiento que a los demás vehículos motorizados.
    Las condiciones de operación son las que dependen del conductor, e incluyen impericia, influencia de substancias, temeridad, transgresión. y distracciones, principalmente.
    Ningún plan de gestion de seguridad vial puede funcionar si a las autoridades se les sugiere la idea de que se puede culpar a las motocicletas por los accidentes. Y teniendo en cuenta que a las autoridades les encanta encontrar culpables para evadir su incapacidad de gestión, yo no les dejaría la pelota boyando en el area chica,

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