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| Carlos Zurita |
Ser aprendiz de poesías puede convertirse en la forma más triste de la derrota literaria
Me he despertado queriendo escribir como Carlos Virgilio Zurita, tarea imposible porque debería nacer de nuevo, estudiar sociología y aguardar una eternidad hasta tener un gato llamado Charlie, también imitar a la perfección la forma en que respiran sus versos. Además, tendría que comprometerme a tener una inteligencia superior, constancia para el estudio y vivir en la calle Jujuy, que antes llevaba a la costanera del Dulce y ahora es la vía pavimentada que conduce a La Banda, ciudad de los diez mil cantores y poetas populares. Quizás esta, la de la calle, digo, sea la mejor explicación de su aptitud para esos versos introspectivos que redacta.Con Carlos somos amigos por carácter transitivo, como tantos en Santiago que coinciden en una misma cuadra, en un barrio, en una simpatía por un equipo de fútbol o en una redacción habitada de sueños que no amanecían nunca.En otra vida querría ser un hábil vate con el don de juntar palabras comunes y corrientes —que muchos consideran estereotipadas— en un pensamiento superior, y mezclarlas de una manera que nadie diría. Es la esencia de la esquiva inspiración.
Pero he nacido prosista y ni siquiera en este pobre rubro de los cuentos, las novelas, los ensayos, el periodismo, se me ha dado ser profundo, sino apenas osado, y ni siquiera mucho. Por eso ando buscando inspiración en los recuerdos de lo que no sucedió con aquellas mujeres que ni siquiera se molestaron en mirarme cuando les propuse vivir un amor; muchas veces he descrito lo que habría sucedido si hubiera sido valiente.
Uno de estos días mis ojos se secarán mirando para siempre el cielo santiagueño y no habré escrito ni un solo verso ni el atisbo de una rima. Moriré sin haber sentido el gusto de hallar el sinónimo exacto para seducir una sinalefa que haga caber el pensamiento, en esas pocas letras con que Carlos deleita a sus lectores cada vez que enseña el soneto perfecto, la rima asonante, el poema.
Endemientras, seguiré acomodando el apero de las palabras para disimular mi incapacidad de pialar esas maulas.
Juan Manuel Aragón
Martes 12 de mayo del 2026, en San Valentín. Mirando pasar la vida.
Ramírez de Velasco®


Mozo jinetazo ahijuna, capaz de domar un potro y sofrenarlo en la luna..
ResponderEliminarNo veo motivo para tu frustración. La crónica periodística y el relato costumbrista, son talentos literarios que dominas, que son muy diferentes de la poesía en la profesión de escritor.
ResponderEliminarFrancamente no te imagino rodeado por 10 gatos, lo que habla de una mente muy particular, tal vez más propensa al vuelo imaginativo que a la realidad narrable.