Ir al contenido principal

CIUDAD Cómo se llamaba su barrio

Banco Nación en la 24
de Septiembre y 9 de Julio

Los lugares van cambiando sus nombres al compás del capricho de los burócratas

En Santiago del Estero había topónimos muy bonitos españoles, quichuas y overitos. El barrio del oeste, al que la Municipalidad le puso de nombre “Congreso”, se llamaba “Cantarranas”. A los grandes señores que gobernaban la ciudad les debe haber dado vergüenza tener un lugar con ese nombre tan hermoso.
Debía su mote este sector de la ciudad, a que, como estaba en las afueras, había cortadas de ladrillos. Cuando llovía, los pozos de los ladrilleros se llenaban de agua y el lugar se convertía en un auténtico y verdadero palco para oir cantar las ranas.
Quizás le pusieron barrio Congreso para honrar la democracia, cuyas leyes se cuecen en aquel lugar de Buenos Aires, que alberga a diputados y senadores nacionales. Pero si les daban a elegir a los santiagueños, le hubieren seguido llamando de la forma tradicional, no tenga dudas.
Hacia el norte quedaba Cachi Pampa, que como todo el mundo sabe, en quichua significa pampa de sal. Ahí estuvo el antiguo aeródromo de la ciudad y durante muchos años dominó las alturas la torre de San Roque, templo católico de estilo mozárabe (o parecido), que albergó curas santos, que suelen ser los más divertidos, y de los otros también.
La razón fundante del gobierno de militares que soportamos del 76 al 83, decidió que no era un nombre apropiado para una ciudad gobernada por ellos y se  lo cambiaron por el de Juan Bautista Alberdi, patrono laico de los abogados. En una de las orillas del barrio está el Palacio de (in) Justicia y quisieron quedar bien con las aves negras.
Ese Alberdi era un pícaro gaucho tucumano que consiguió el título con una carta de recomendación y así se explica que el Colegio de Abogados no protestara por el cambio de denominación de todo el barrio, sólo para nombrarlo como el más egregio de sus colegas muertos.
Otro caso parecido fue el de Matará, que era como se llamaba un pueblo y una amplia región del naciente santiagueño, quizás desde antes de los españoles. Era cortito, fácil de aprender y sonaba bien. Pero el 30 de mayo de 1974, durante el gobierno de Carlos Arturo Juárez, lo cambiaron por uno largo, engorroso, burocrático y pasó a llamarse Brigadier General Juan Felipe Ibarra. A Ibarra en vida le decían Felipe nomás, lo mismo que a Güemes, que era solamente Martín. Pero el caprichoso papeleo impuso la moda de nombrarlos con todos los títulos y honores y a sus inicuos trámites nos rendimos sin dar pelea.
En otros casos, la gente pone un apelativo a los lugares y así quedan, ahí están el puente Carretero, el puente Nuevo, el Barquito Bar, el Camino de la Costa, el departamento Capital, la Terminal Vieja. Oiga, todos tienen otro nombre oficial, pero, por más que la burocracia los quiera llamar de forma diferente, la gente se empeñó en seguir diciéndoles así y no hay con qué darle. Y está bien.
La Independencia, cuando se alejaba del centro era la Calle Honda, el Almirante Brown era el Tala Pozo, al 8 de Abril lo conocían como Potrero de los Taboada, a la vuelta del templo de Santo Domingo, que antes había sido de los jesuitas le decían el barrio de las Catalinas, el parque Aguirre era justamente nombrado como Villa Cariño. Y así, cada sector de la ciudad era un homenaje a una característica del lugar o de quienes vivían cerca.
Una ciudad, una provincia, no son solamente sus edificios, sus campos, sus árboles o su perfume sino también el nombre de sus recuerdos o de los sueños de los que viven lejos y la extrañan. Sus calles, sus rincones, sus paseos, no deberían ser pasto de burócratas dando vida a sus creaciones vacuas, sino estar insufladas del espíritu, que es aliento de esperanza, de quienes pasaron por ahí, desde sus primeros juegos infantiles hasta la última novia de la juventud.
Oiga, ¿usted recuerda los lugares de su barrio y los nombres que tenían entonces? Si quiere y puede, consígnelos abajo para empezar la construcción, entre todos, de la ciudad antigua que fuimos perdiendo en las palabras y sigue viviendo entre nosotros, noche de sombras derrumbadas de un tiempo no del todo olvidado.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Muy bueno no lo sabía solo lo del 8 de abril estas evangelizando muchas gracias.!! Muy buen dato !!
    Arq Maria a lopez ramos

    ResponderEliminar
  2. Cristian Ramón Verduc8 de agosto de 2022 a las 10:40

    Les han cambiado el nombre a los barrios Ulluas, Chumillo, Peruchillo. Por ahora sobreviven, y ojalá sigan así: Huayco Hondo y Tarapaya.

    ResponderEliminar
  3. Muy buena la idea de recordar los antiguos nombres de los barrios! El barrio El Triángulo, pasó a ser Francisco de Aguirre, y lo unieron con la parte sud del Regimiento y con el mítico Puerto Nuevo, haciendo un solo barrio. Pero hay muchos más que en este momento no recuerdo.

    ResponderEliminar
  4. Mi barrio, cuando el Tata Juárez lo habilitó, se llamaba Gómez Morales. Antiguamente eran las fincas de los Gómez y del maestro Morales. Tierra linda para sembrar rosales cerca de la Lavalle. Tierra tosca traída para emparejar las lagunas, más allacito. Todo el barrio bordeado por la antigua acequia de la Colón y otra más pequeña que salía de la Cárcel y se perdía en el sur. Ahora han desaparecido. Están tapadas por el progreso y los autos y colectivos que rechinan sus ruedas a toda hora.

    ResponderEliminar
  5. Así es nomás con los funcionarios de nuestro país....y con nuestra ciudadanía. Porque el problema del cambio de nombres de lugares públicos, monumentos, edificaciones, instituciones y organismos tiene dos componentes. Por un lado está el populismo que se ha enquistado en nuestro sistema de gobierno, que se nutre de estas coyunturas echando a la basura toda la riqueza histórica y cultural que está por detrás de los homenajes rendidos a hechos trascendentales de nuestro pasado, que es retrógrado e incorrecto que sean juzgados y consecuentemente descalificados en su autenticidad por medirlos con parámetros actuales. Por otro lado está nuestra sociedad, que tiende a actuar con mansedumbre y pasividad de rebaño de ovejas, aceptando lo que los funcionarios decidan sin siquiera esbozar un desacuerdo. Esto es algo que ya supe mencionar en otros comentarios anteriores, por ser una característica que nos acompaña casi desde nuestra fundación y que ha sido descripta en ensayos de conocidos historiadores, estudiosos de la génesis de nuestra provincia.
    Yo recuerdo, como contrapunto, la reacción de los cordobeses cuando hace algunos años el gobierno decidió cambiarle el nombre a la Avenida Patria. Aparentemente el nombre “Patria” era prescindible para el gobierno de esa época, y decidieron llamarla............adivinaron!!!!!! Avenida Perón.
    Todos los vecinos se levantaron en contra y hasta se pusieron por las noches a pegar carteles con el nombre Patria, encima del nombre del referido general. Y lo siguieron haciendo incansablemente e inclaudicablemente por meses, hasta que el nombre de la avenida fue otra vez revertido.
    Cosas que tal vez nos vendría bien imitar de vez en cuando.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares (últimos siete días)

FELICIDAD Apología de la mortadela

"Cortá la bocha", de Raúl Cisterna Cambiar de gustos puede ser señal de progreso, pero hay placeres modestos que merecen acompañarnos toda la vida No ha tenido buena prensa la mortadela, pero la de antes, la que vendían en los almacenes de todo el norte, redonda e inmensa, sabrosa y siempre bien apreciada cuando habías pasado un día entero trabajando y llegabas a esos paradores del fondo de las ciudades o perdidos en medio de esos desiertos mágicos de esta fracción atroz de la Argentina. Es dicho popular que cuando una familia anda pelechando, lo primero que descubre es que hay otros gustos y así como cambia el auto –si es que lo tenía– por una camioneta de las grandes, pasa de la mortadela al salamín, que da más categoría. De paso alguno de la familia siempre podrá comentar que los de la Colonia Caroya son más ricos, dándoselas de entendido, de tipo corrido, con todo un mundo gourmet caminado. Mientras, nosotros, los que sabemos que quedaremos pobres para siempre, porque nos...

SILENCIO Los muertos que el Vaticano no ve

La Kaaba, en La Meca León XIV rechaza la pena capital en Estados Unidos, pero no condena el ajusticiamiento de inmigrantes pobres en La Meca Arabia Saudí ejecutó el miércoles 14 de octubre, en La Meca, a dos trabajadores bangladesíes de la limpieza, Nazrul Islam Abdul Basir y Siti Akhtar (mujer), condenados a muerte por un supuesto "acto inmoral" cometido dentro de una mezquita. Las autoridades saudíes no explicaron qué hicieron. Su gobierno se enteró por la agencia oficial saudí. Seis días después, la Santa Sede, que esa misma semana había condenado con dureza el fusilamiento anunciado de un preso en Estados Unidos, no había dicho una palabra sobre ambos ejecutados. El comunicado del Ministerio del Interior saudí afirma que un tribunal impuso la pena capital como tazir, una sanción cuya determinación queda a criterio judicial, por "la violación de la santidad del tiempo y del lugar". La sentencia fue confirmada por una instancia superior y una orden real autorizó s...

CAMINERAS Siga nomás

"Citroen", de Raúl Cisterna Tres casos de policías, vehículos, documentos y algunas historias que durante mucho tiempo formaron parte de los viajes La proliferación de automóviles y las carreteras interprovinciales trajeron al norte de la Argentina un gran negocio: las policías camineras. Eran casi siempre puestos policiales perdidos en la ruta, con un agente haciendo señas para detener el vehículo. Le preguntaban de dónde venía, adónde iba, cuál era el motivo del viaje. Pero no anotaban en ninguna parte, tampoco llevaban una estadística. En algunos lugares eran solamente un motivo para molestar a los transeúntes y en otras, una fuente de financiamiento de los que estaban de guardia. Unas eran más picantes que otras. Las de Tucumán eran famosas por la avidez, Salta no les daba mucha bolilla y las de Jujuy eran como las tucumanas, pero algo menos. Van tres casos en que el control policial fue burlado o les sacaron la lengua. Sucedió en la década del 90. Un conocido volvía en a...

CULPA No era mi problema

"Romano", de Raúl Cisterna Un funcionario romano reconstruye una decisión e intenta convencerse de que jamás pudo haber actuado distinto Estimado Cayo, tomo la pluma para narrarte una impresión de aquel tiempo. En ocasiones como hoy, no sé por qué recuerdo esos días y me pregunto si soy el mismo o me habré convertido quizás en otro. Ahora sé que no entraré en la historia, nadie leerá, en ninguna parte, nada acerca de lo que hice o lo que dejé de hacer, mi nombre no figurará para bien ni para mal, así lo ha dispuesto el destino. En tu misiva me has sugerido que abandone Roma, que haga una vida retirada, que adquiera una villa en las afueras, como han hecho muchos, y me marche de esta urbe caótica y atrozmente superpoblada. Pero me es imposible, necesito el ajetreo del día para vivir y el constante ruido de la noche para descansar. Esta ciudad no duerme jamás. Quizás por ello me sentí tan humillado cuando me destinaron como gobernador de aquel pueblo de pastores de cabras y ove...

TECNOLOGÍA La máquina no perdona

"Metálico", de Raúl Cisterna Inteligencia artificial, cuerpos metálicos y vehículos autónomos anuncian una humanidad, arrinconad a De la inteligencia artificial salen ideas plastificadas, redondas o cuadradas, pero nunca de esas que copian a las nubes, que van cambiando de apariencia: un rato con forma de pez, después son la cara de un tío lejano y, finalmente, se vuelven nada, como las que traemos desde la cuna los cristianos, ideas de talento natural, digamos. Una inteligencia artificial entrenada para eso le podría ganar al ajedrez a cualquiera, desde el aprendiz más bobo hasta el mismísimo campeón del mundo, pero le falta la emoción de saber que podría comerse la dama contraria si no fuera por ese peón maldito, o la tristeza de tener que tumbar al rey porque lo ve perdido. La máquina no perdona. Dicen que cuando se popularice terminará con el pecado original de la imaginación de los que sueñan despiertos y se imaginan mundos más allá de las estrellas o más aquí, con las p...