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CUENTO Romance con la Brigitte

Brigitte

“De chico fui a ver tres o cuatro de sus películas, todas prohibidas para menores de 18 años, en el Renzi, porque ahí nos dejaban pasar”

Años después me enteré de que Brigitte Bardot era ocho días mayor que mi madre, si lo hubiera sabido entonces quizás no me habría enamorado perdidamente. Ocurrió en un viaje a Santiago con mi abuelo: me trajo tal vez para que dejara de molestar en el campo. Vinimos en una estanciera de Segundito Santillán, famoso maestro de los de antes.
El tío Ñato, que vivía con la tía Gorda en la Roca, donde ahora están terminando un edificio, me entregó unos libros grandes que sacaba la revista Life en español y con eso me entretuve gran parte del tiempo que estuvimos aquí. Cuando nos íbamos, quise devolverle las revistas, pero no las agarró dio que me las regalaba. Una de ellas, dedicada a Francia, tenía dos o tres páginas con fotos grandes de la Brigitte, la más hermosa de todas las mujeres que ha dado este mundo en varios siglos a la redonda.
De chico fui a ver tres o cuatro de sus películas, todas prohibidas para menores de 18 años, en el Renzi, porque ahí nos dejaban pasar a los que todavía no habíamos llegado a esa edad, de otra manera se hubieran fundido antes. Salvo los dos o tres segundos de cada cinta en que aparecía desnuda, el resto totalmente descartable. O por lo menos eso pensaba.
Como no soy fanático al estilo clásico, no junté todos los datos de su biografía, sino solamente informaciones aisladas que llegaban en diarios y revistas, como que tuvo cuatro maridos y se retiró joven del cine para dedicarse a criar perritos y defender las focas y ballenas del Ártico, una pelotudez así.
Cuando andaba en la secundaria, aparecieron fotos en blanco y negro, en una revista: se la veía desnuda, tomando sol no me acuerdo dónde, pero como a todas les habían puesto una tira negra en las partes dejé de hojearla, para qué, me dije.
De chico me imaginaba un encuentro, era una ilusión más que nada, un espejismo quimérico, un sueño, además yo no hablo francés y no sé si ella sabe algo de español. Vendría pasando de Buenos Aires a Tucumán y se le descompondría el auto justo por donde iba yo. Le indicaría al chofer dónde había un taller mecánico y a ella la llevaría, mientras tanto, a tomar un café al Trust Pastelero. Y de alguna manera nos arreglaríamos para tener un romance tórrido, intenso y breve, porque no era cuestión de andar faltando a la escuela, ¿no?, por más que Brigitte fuera la excusa.
Pero, como dije, me enteré de que tenía la misma edad de mi madre. Aunque todas las mujeres son viejas cuando llegan a sus años, en la foto de aquella revista que cuento debía andar por los veinticinco. ¡Ay!, cuánto daría por volver a ese tiempo, toparla por alguna calle de Santiago y que me vuelva a pedir, como entonces, que la acompañe al Palace, donde se estaría alojando.
No le contaría nada a nadie, porque nadie me iba a creer, semejante pelotudo.
Yo.
Juan Manuel Aragón
A 18 de mayo del 2025, en Ancaján. Cantando envido.
Ramírez de Velasco®

PS Cuando salió internet, durante años busqué la foto de Brigitte de aquella revista Life, hasta que la hallé. Ilustra esta nota a mucha honra.

Comentarios

  1. Tuvo un amante, un brasileño ultrarico y pintudo, que la trajo a Búzios. Contribuyó en alto grado a publicitar a esa Ciudad, como destino turístico. Le hicieron una estatua, ( a Brigitte) en agradecimiento. Y bueno si la hubieras traído vos, le habrían hecho una...

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