Ilustración Una salida a ciegas deriva en naufragio silencioso, celulares, mensajes y un desquite final inesperado No deja de jugar con su celular, en ese bar de la calle Roca. Recuerdas a la Celestina que arregló la cita a ciegas, creía que andabas solo y necesitando empezar una relación. De tanto insistir con que tiene una chica ideal para vos, la curiosidad mata al gato y terminas aceptando. ¿Ha visto lo difícil que es remar la primera cita cuando la charla no arranca? Preguntas: “¿Vas a los festivales de música folklórica?”. Deja de mirar su teléfono por un momento y responde: “Algo, pero no me enloquece”. Sigues con otra jugada clásica: “¿Qué estás leyendo?” Avisa: “No soy de leer, me gusta ver tele”. Está buena la morocha, lástima que mire tanto la pantalla del telefonito. Largas una especie de chiste malo: “Mirá si entre vos y yo algún día pasa algo y dentro de un tiempo nos acordamos de esta noche mientras nos reímos a las carcajadas”. Entonces se sorprende: “No te entiend...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero