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ENTREVISTA Alfredo Peláez

En una foto de hace poco

El hombre que empuja la cultura de Santiago del Estero: cómo y por qué creó “Patio santiagueño”, el periodismo, su relación con Reutemann

Un día, cuando supo de las redes de internet, al santiagueño Alfredo Peláez se le ocurrió armar un sitio para reunir a los amigos y desconocidos en un solo abrazo de recuerdos, anécdotas, cuentos y narraciones que los abarcara a todos. Creó “Patio santiagueño”, en Facebook, que tuvo un éxito casi instantáneo y la cultura del pago pegó un salto hacia adelante. Era lo que, sin saberlo, los amigos andaban buscando. Desde entonces Peláez es un embajador cultural informal de Santiago del Estero, en la lejana Mar del Plata.
Pero, quién es Peláez, por qué construyó un lugar para que los santiagueños de todo el mundo se encuentren a compartir un mate a la sombra de un algarrobo, en el pago querido, sintiendo quizás los mismos sonidos de su juventud. La entrevista que sigue intentará develar el misterio.
Nació el 30 de junio de 1952, en la casa de sus abuelos paternos, Presbítero Gorriti casi vías. Lo recibió una partera, de las que en ese tiempo atendían a domicilio y envolvían al niño como matambre, en pañales de tela y bombacha de goma. Su padre fue Alfredo Peláez, “Pilo”, que trabajaba como representante de Nestlé y su madre se llamaba Selva Herminia Ibañez y era docente. Su padre, dirigente del club Unión en la época de Roberto Molinari, "Tito", había nacido el 25 de diciembre y murió a los 33 años, en Semana Santa el 2 de abril, casualidades.
A poco de nacer, la familia se trasladó a la Misiones casi Magallanes, barrio construido en lo que había sido la quinta de los Lissi, a dos cuadras de la Belgrano. Allí nació su hermano Eduardo Enrique, el “Ruso”, cuatro años después. Desde la vereda había una vista privilegiada de la morgue del Hospital Independencia. “Se notaba por el gran ventanal con vidrios opacos cuando había un finao”, dice Peláez y se ríe.
Sobre la puerta de la habitación en que nació había una banderola, por ahí le decían que había entrado la cigüeña cuando llegó al mundo. Señala el hecho curioso de que, casi 70 años después aquella banderola todavía existe. Su familia militaba en lo que se conoce como “clase media acomodada”. Aprendió a caminar en la cancha de Unión y tuvo una infancia feliz, cuenta.
Cuando su padre lo fue a inscribir en el colegio San José, los curas no querían porque recién tenía cinco años. Su padre los amenazó: "No lo inscriben, no hay más donación de leche Nido". Listo, entró a inferior con el maestro Humberto Padilla. Tuvo de compañeros a Carlitos Olivera, los mellizos Espeche y Ferreira, entre otros. Desde tercer grado cursó en la Centenario, había fallecido su padre y su madre ya no podía pagar la cuota del San José. “Una de mis maestras fue la madre del querido Pupi”, añade mientras la evoca a ella y a Roberto Vozza, fallecido hace poco.
Amílcar Moyano
Durante su primera infancia fue la sombra de su padre. Lo llevaba y lo traía del colegio, previa parada en la vieja Ideal o el Tokio, café para el padre y cortado para el chico, también recuerda las pizzas de la Boca, en la Pellegrini y algunas noches al cine de las que recuerda dos cintas vistas con el padre, "Por qué lloran las campanas" y "La última noche del Titanic". Los sábados o los domingos iban a la cancha. Y ya existía el popular Amílcar Moyano.
Recuerda: “Cuando murió el viejo se terminó todo, las cajas de soldaditos, y los juguetes caros, pero lo que más extrañé fue ir a la cancha de Unión. No siempre mi mamá podía darme para la entrada, entonces me filtraba, de esa forma entré a ver Central Córdoba-River por la primera fecha del Nacional el año que se inauguró. Después le llevaba los botines a Cacho Sanjurjo, número 9 de Unión. También me filtré en la final del argentino de básquet en 1968 entre Santiago y Provincia de Buenos Aires”.
Sostiene que para entrar a las canchas sin pagar se hizo periodista. A los 19 años llegó a El Liberal. Lo atendió "Pocho" García, encargado de los avisos. "Señor —le dijo— yo quiero ser periodista, qué tengo que hacer". Lo llamó a "Coco" Corvalán, jefe de interior y por la mañana secretario de Julio Cesar Castiglione y se lo presentó. A los pocos minutos estaba hablando con Julio Cesar que le pidió una composición: por qué quería ser periodista. Todavía recuerda cómo comenzaba: "Ingresar al fascinante mundo del periodismo ...". No sabía escribir a máquina, la hizo a puño. Lo mandó a estudiar dactilografía y que volviera. Le gustó lo que había escrito. Al mes volvió, escribía con un dedo de cada mano, como lo hace hasta hoy. Lo mandaron a verlo a “Jota Jota” Giménez, quien le pidió una nota sobre la nueva fuente de la plaza Libertad. Cuando volvió no estaba Giménez, pero lo vio "Cabra Vieja" Argañaraz, compañero de su madre en la escuela José Hernández de las Lomas Coloradas, le preguntó que estaba haciendo, le explicó. "En Redacción General no vas aprender nada, vení conmigo a deportes", le indicó: era su meta, tocaba el cielo con las manos.
Argañaraz era subjefe, el mandamás era Mario Luna, “un gran tipo”, recuerda. Estaba como cronista volante, cubría básquet y el futbol de ascenso. Su primer carnet se lo firmó José Francisco Luis Castiglione. De la familia propietaria del diario, con quien más afinidad tuvo fue con “el doctor Antonio” indica, uno de los hermanos fundadores de El Liberal. Él lo hizo efectivo y cuando a eso de las 8 de la noche se iba a su casa le pedía que lo acompañara para tomar un vinito. Después Ángel Romero quedó como jefe de deportes y Peláez era el segundo.
Con su hermano Eduardo
Desgrana sus recuerdos en una apretadísima síntesis: “El Liberal era una gran familia. Recorrí todas las secciones, Corrección, Cables, corresponsal en La Banda junto a Jesús del Carmen Martínez, “Chito”, Deportes y Redacción General. Estuve con el doctor José y Oscar Secundino Díaz, "Cachín" en la teletipo, el día que el hombre llego a la Luna y toqué ese día la emblemática sirena. Los doctores Julio Cesar y Aldo me permitieron conocer el mundo. Hice varios viajes al exterior siguiendo a Carlos Alberto Reutemann. Después me vine a Buenos Aires para ingresar a Clarín o Radiolandia 2000. En el primero debía esperar unos meses y la revista se fundió. En eso Héctor Ricardo García, dueño de Crónica compra el diario El Atlántico de Mar del Plata y me ofrecen la prosecretaría de redacción”.
Llegó a Mar del Plata y al tiempo era Jefe de Redacción. En esa época trabajó en radio con Julio Lagos, Sergio Velazco Ferrero, Juan Alberto Mateyko y otros. En el 91 llega al Nuevo Diario de Santiago del Estero, pero “esa parte de la historia la conoces”. Claro, digo ahora en primera persona, fue quizás el último tiempo romántico del periodismo en Santiago del Estero, con cronistas matándose por una primicia, mucho trabajo y poca paga. Pero algún día la contaremos por otra parte.
Retirado, se dedica a ver cómo crecen a sus nietos y de vez en cuando se junta con viejos y grandes periodistas de Mar del Plata, algunos con proyección nacional a recordar tiempos idos. Es muy muy considerado en el periodismo, oficio que lo hizo feliz. “Me pagaban para hacer lo que hubiera hecho gratis”, afirma. Sostiene que el periodismo de hoy, no es el de antes: “No conocen ni consultan el archivo; Hipólito Noriega, secretario de Redacción apenas tenía sexto grado y hacia los títulos a letra alzada y la línea de arriba tenía la misma cantidad de letras que las de abajo. Sentencia: “Hoy los escribas creen tenerlo a Dios agarrado de las bolas, y ¿sabes qué?, a Dios no lo tiene nadie”.
—¿Lo conoció a Reutemann?, ¿cómo fue su relación con él?

—No fue fácil. Reutemann no era de hablar mucho. Siempre fue de pocas palabras. Alfredo Parga, periodista de La Nación que siguió su carrera alrededor del mundo le dijo en una oportunidad delante de mí: "Carlos (no se tuteaban) usted le tiene que dar más bola a los periodistas argentinos; este muchacho (señalándome) es de un diario de Santiago del Estero, que hace un esfuerzo enorme para seguir su carrera, y así como el hay varios. Cuando se baja del auto no salga corriendo al caravan, llame y hable con ellos cinco minutos. Yo se lo haré recordar". Era el Gran Premio de Kyalami en Sudafrica. Al día siguiente se bajó y enfiló para su casa rodante. Parga le gritó “Carlos”", cuando se dio vuelta le mostró un cartelito que decía "5 MINUTOS". Se paró y llamó: "A ver, los periodistas argentinos".
Con Roberto Vozza "Pupi"
Las anécdotas se le agolpan. Y sigue contando: “En el Gran Premio de Mónaco en el patio de boxes, se arrimó al grupo de periodistas argentinos, yo venía de cubrir lo que se llamó la revancha del mundial 78 entre Argentina y Holanda, en Berna, Suiza. En ese partido se mostraron carteles contra la dictadura militar. Preguntó sobre ese acontecimiento, los colegas me señalaron y Reutemann me tomo de los hombros y me llevo a caminar por los boxes para que le contara sobre los carteles. A partir de ahí ya no hubo barreras con el gran piloto”.
Sigue: “En Santiago había algunos colegas que descreían de mi relación con el ´Lole´ apodo de Reutemann. En el Codasur 1980 que se corrió por los cerros de Tucumán y Catamarca, Reutemann tomó parte con un Fiat Abarth. En una de las etapas, con Titi Cervera y Orlando Ríos de El Grafico nos habíamos colocado a la salida de un arroyo; en ese lugar también estaba Juan Manuel Fangio. Al pasar el caudaloso hilo de agua, el Fiat Abarth comenzó a ratear y casi se detiene. Algunos espectadores lo empujaron para que siguiera. En la conferencia de prensa estaba sentado en primera fila y detrás de mí, mis incrédulos colegas. Al referirse a ese percance Carlos me señalo y me dijo: ´Vos estabas ahí´. De más está decir que a mis 28 años me agrandé como galleta en el agua”.
Detener el pasado cuando empieza a aflorar es imposible: “La última vez que lo vi ya habla cambiado el buzo antiflama por el traje de senador. Compartimos un café y recordamos tiempos idos. Gracias a él y al viejo El Liberal de los Castiglione pude conocer Europa, Estados Unidos y Sudáfrica. Fui testigo en Jacarepagua, Brasil del día del famoso cartel Jones-Reut, bajo la lluvia y el epilogo de esa desobediencia en Las Vegas que le dieron el muleto, que era una carreta y termino séptimó, sexto hubiera sido campeón del mundo”. Se refiere a que, en Brasil los asistentes de carrera le indicaron que debía dejar que lo pase su compañero de equipo y la desobediencia del piloto argentino.
Con Miguel Brevetta
Su hermano, el “Ruso”, fue un destacado periodista santiagueño que trabajó en El Liberal, además, fue secretario del Círculo de la Prensa de Santiago del Estero, el gremio de los periodistas y piloto automovilístico. De él dice: “Nos queríamos. Nacimos del mismo vientre, pero no compartimos mucho tiempo. Yo fui un trotamundos. Me fui a vivir con una tía en Catamarca, hice sexto grado. A los 18 con otra tía en Buenos Aires, hice un curso de capacitación en periodismo. Al Ruso yo lo hice periodista. Un día me faltaba gente para mandar al básquet de ascenso y lo llevé, comenzó como cronista volante junto a Carlos Argañaraz “Lito” y quedó muchos años. Hoy lloro su muerte. Me quede solo en mi familia original”.
—Por qué “Patio Santiagueño.
—El estar lejos del pago te abre la mente. Te acuerdas de hechos y personajes. Había que contarlo y así nació Patio. Me sorprendió creo que fue el hijo que vino con un pan bajo el brazo, no en plata, sí en satisfacciones. Al poco tiempo tenía 5.000 amigos y me vi obligado a crear el segundo. Hoy también está lleno. Mucho tuvieron que ver en su creación, el querido ´Pupi´ Vozza, que me acompañaba en mis locuras, Miguel Brevetta Rodriguez y un periodista de la puta madre que descubrí en el Nuevo Diario. Un día lo llamé y le dije, no quiero que cumplas horario y que vengas a calentar una silla, traeme todos los días una nota sobre un personaje de Santiago, Juan Manuel Aragón, un buceador de noticias increíble, inquieto y sin pelos en la legua. (En esta parte me pongo colorado, como sucede siempre que me alaban injustamente)
Otra anécdota más: “Con ´Pupi´ recordábamos tiempos idos, así nació la nota sobre la bandita santiagueña que se hizo famosa en el Campeonato Argentino de Básquet que se jugó en el pago. Y surgieron varias notas: la única que no logramos hacer fue la de un hombre que miraba los partidos en la cancha de Unión parado en el alambrado ya fallecido, le decían ´el Tucumano´ y jugaba plata”.
—¿Conoció a muchos artistas en Mar del Plata?
—A Mar del Plata, en temporada, llegan los artistas y famosos y sos el amigo. Se termina el verano, vas a Buenos Aires y no te dan ni la hora. Entre estos tengo pocos, pero buenos amigos, Jairo, Alberto Olmedo, le hice la penúltima nota, Carlos Monzón, era uno de los pocos que recibía en la cárcel, Joan Manuel Serrat, Valeria Lynch.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Muy bueno. Felicitaciones. Es un justo reconocimiento a la trayectoria de Alfredo Peláez, y muy certero el comentario de él respecto a Juan Manuel Aragón.

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  2. Felicitaciones primo querido!!! Llevas en la sangre el periodismo ,igual que Rusito,Gran carrera!! Ahora a disfrutar de tu bella flia,te quiero

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  3. PRIMO... Fueron muchas palabras... Verdades expuestas, que no alcanzaron para delinear la personita que eres... Un profundo abrazo.

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  4. Miguel Brevetta Rodriguez8 de marzo de 2026 a las 8:28

    Que triste es comentar la partida de los amigos en especial, notas como estás sin desperdicio , dónde no se omite el mínimo detalle de una vida repleta de periodismo, santiagueñismo y amistad.

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  5. Eh profesor , Ud que me enseño siendo chango grande ya , agarrar la primera Remington en un diario de la 9 de Julio, sigue enseñando desde la pluma. Hace un montón que no lo veo a bordo de su Abelarda , pero sigue Ud. siendo el de siempre , el maestro y no hablo del bailantero . Permitame recordar a su papá el ingeniero , a quien de jovencito siempre lo veía por ese pasillo interminable del diario de la Libertad . Le envio un fraternal abrazo y ojalá nos podamos reencontrar para recordar aquel célebre duelo criollo frente a la muni de La Banda. Te mando un eterno abrazo.

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  6. Muy bueno. Me gustó. Abrazo. AUB.

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  7. En este sitio hay mucha blablabla,los meritos se reconocen solos,falta un poco de polvora y picante,se necesita confrontacion y discusiones,...........

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