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| Anuncio de una corrida |
Quizás todo se vea distinto si uno se pone en el lugar del otro
De repente te percatas de que el trapo que se mueve por adelante es aire en el aire cargado de sonidos desconocidos, olores, el rojo de la sangre. Lo maneja un hombre que lo ha agitado con movimientos precisos. Durante toda su vida no hizo otra cosa que estudiar tus reacciones. Desde hace siglos los hombres se paran en el límite para aguantar tus embestidas. El que te enfrenta no es un espontáneo que corre en una calle de Pamplona. Es alguien que sabe que, una vez que pasa tu cabeza, luego seguirá el cuerpo. Debe atender solo a tus cuernos. Y confiar en tu miedo, en medio de ese ruido infernal que no sabes qué es, y la furia, porque te sacaron del cortijo.Todo va a durar lo necesario, hasta que estés tan cansado y dolorido que ya no puedas embestir. El otro confía en que no habrá una sombra de inteligencia pasando frente a tus ojos.Si fuera cierto que hay reencarnación, no apostarían al vértigo de ver tu rostro de espanto. Perderían siempre. No hay corridas de leones o tigres. Puestos a luchar, saben que ahí perderán.
Idearon la corrida de toros para que el valor del matador juegue con sus límites. Si fueras un hombre reencarnado, te darías cuenta al instante de la trampa: primero irías por los picadores y sus caballos, destriparías a unos y otros. Seguirías por los banderilleros, a los que ensartarías por el punto en que la espalda cambia su casto nombre. Para el final, el torero. Primero lo harías pasear, saludando a la tribuna, sacando pecho. Luego lo llevarías puesto en los pitones.
Pero sos solamente un animal, criado sin muchas luces. Durante tu vida hubo tranquilidad, pasto tierno, manejos suaves. Te hicieron manso y confiado. No iban a permitir que aprendieras los secretos de una corrida. Ahí está la desventaja. Su arrojo es medir tu paso, como lo hicieron miles antes.
Arremetes por última vez, agachando la testuz contra lo que se pone adelante. Si das en algo sólido, mejor; si no, harás lo mismo una y otra vez hasta que dejes de embestir. El matador te clava una espada. Y caes.
De cerca, la arena huele a muerte.
No la sientes.
Juan Manuel Aragón
Lunes 13 de abril del 2026, en Altos del Golf. Mirando la tarde caer.
Ramírez de Velasco®


quiero mas
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