Anuncio de una corrida Quizás todo se vea distinto si uno se pone en el lugar del otro De repente te percatas de que el trapo que se mueve por adelante es aire en el aire cargado de sonidos desconocidos, olores, el rojo de la sangre. Lo maneja un hombre que lo ha agitado con movimientos precisos. Durante toda su vida no hizo otra cosa que estudiar tus reacciones. Desde hace siglos los hombres se paran en el límite para aguantar tus embestidas. El que te enfrenta no es un espontáneo que corre en una calle de Pamplona. Es alguien que sabe que, una vez que pasa tu cabeza, luego seguirá el cuerpo. Debe atender solo a tus cuernos. Y confiar en tu miedo, en medio de ese ruido infernal que no sabes qué es, y la furia, porque te sacaron del cortijo. Todo va a durar lo necesario, hasta que estés tan cansado y dolorido que ya no puedas embestir. El otro confía en que no habrá una sombra de inteligencia pasando frente a tus ojos. Si fuera cierto que hay reencarnación, no apostarían al vértigo de ...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero