Imagen de la inteligencia artificial Máximas callejeras que enseñan a jugar con la luz, intimidar al peatón y burlarse de todos, total Tránsito jamás pone una multa En Santiago, el semáforo no manda: los automovilistas deciden. Hay reglas, dicen, pero nadie las acata. Se pasan en rojo, se pisan sendas peatonales, se acelera como si el tiempo y la vida de los demás fueran propios. Es un código secreto, hecho porque nadie impone la ley en la calle. Cada esquina enseña un truco distinto: “si ves amarillo, metele pata”, “el verde es sólo una leve sugerencia”, “a la siesta, hacé lo que quieras”. Esta nota nace de esas máximas callejeras, de la picardía que convierte la ciudad en un juego y al semáforo en un chiste que todos saben cómo romper. A veces, pensar en títulos para una nota, antes de escribirla, facilita luego la redacción. A continuación, algunos que podrían encabezar una nota sobre la inconciencia de los automovilistas y los agentes municipales que, durante casi todo el día, refu...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero