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LEYENDA La acatanca

Velay, animalito de Dios

Como su nombre lo indica es un bichito que empuja bolitas de aca en los polvorientos montes de Santiago


La acatanca, como su nombre quichua lo indica, es un bicho que empuja bolitas de aca en los montes polvorientos de Santiago. En el pago conocíamos de dos clases, las negritas, siempre trabajadoras y concentradas en su tarea y las voladoras, de colores brillantes, bellas y palanganas.

Creo que no tiene leyenda, sin embargo, hace muchos años oí algo, como un runrún sobre su vida, en un lugar que no existe más y que si usted lo hubiera conocido, se enamoraba al instante, de tan bonito, fresco y hospitalario que era.
Pero, le cuento, así conoce un poco más a este animalito. De siesta nos mandaban al nacional a esperar el ómnibus que venía de la ciudad, al chofer le comprábamos el diario para mi abuelo. Entonces, entre otras cosas, pillábamos acatancas para usarlas de parejeros en la pista de carreras de las profundas huellas que habían dejado los carros después de la última tormenta. Algunas hacían caso y corrían por la traza, otras intentaban salir por cualquier parte, escapar de esa pesadilla de un montón de chicos turbando su alegre vida de animalito de Dios.

Pobre bicho. Es noble, disuelve más rápido el aca que dejan yeguarizos y vacunos en los caminos de Santiago del Estero, lo que la convierte en benefactora de la naturaleza, igual que el sapo, el cuervo, la avispa. Tampoco hay fabulas del pilpinto que blanquea los caminos cuando el verano está en su furor y menos que menos del cientopiés, ignorante de tantos chistes malos hechos en su honor.
La acatanca es buena, no pica, no muerde, no tiene veneno, no patea. No pega ni un quejidito cuando la levanta del suelo, sólo agita sus patitas en el aire, quizás molesta porque la sacaron de su trabajo, tal vez resignada porque ve cerca la muerte. Un pan de Dios, lo que se dice.
En el Durazno, departamento Jiménez, casa del finado Piqui Mansilla, una tarde que estaba de visita un paisano de Las Delicias, contó la que quizás sea la única historia verdadera de la acatanca. El hombre andaba campeando una majada, llegó a la tarde y lo convidaron a pasar la noche, así no seguía davueltando lejos del mundo, por esos saladillos perdidos.
En la cena no recuerdo de qué trataba la conversación o por qué habíamos llegado hasta ahí, cuando el campero dijo: “Cuando se enoja la acatanca amenaza con hacer huelga, entonces los demás animales le ruegan que siga trabajando porque si no, todo el monte tendrá olor a letrina”. Después hablamos de otros rumbos y al rato me olvidé de preguntarle qué más sabía.
Tengo mala memoria, pero hay palabras que guardo para siempre en la cabeza. Tal vez para usted no tengan importancia, pero para mí son fundamentales, sobre todo porque me muestran cómo funciona el universo para qué sirven las cosas, por qué son los animales que son.
Bueno, ahí tiene.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Bueno amigo, cada día nos haces pensar y reflexionamos sobre el lugar que ocupamos cada uno, en nuestro universo de animales... Más que interesante y enriquecedor!!

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