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CAMPO El flete y el Bobi

Caballo

El caballo que sostuvo guerras, trabajos y viajes termina juzgado por la sensibilidad de los vegetarianos

El caballo ha recorrido un largo camino en la historia de la humanidad desde los tiempos remotos hasta la actualidad sentimentaloide e impresionable de los veganes actuales. Recuerde amigo, es un animal que ha vivido al aire libre desde que Dios lo creó, allá lejos y hace tiempo, en el Paraíso, lo mismo que el hermano lobo, la hermana oveja, el hermano colibrí. Fue domesticado más o menos 3.000 años antes de Cristo, por tribus nómadas del Asia Central. De ahí se distribuyó por el mundo entonces conocido.
Colón trajo los primeros a América y Pedro de Mendoza los introdujo en Buenos Aires. De los cerca de 70 que llegaron, cuando los españoles de la primera fundación se mandaron a mudar, quedaron sólo siete caballos y cinco yeguas. Hallaron un lugar tan extraordinario para su crecimiento, que, en pocos años, eran millares recorriendo las pampas en tropillas salvajes enormes. Los indios aprendieron a domesticarlo, de tal suerte que se convirtieron, al par de los gauchos, en magníficos jinetes.
El dicho sostiene que la patria se hizo de a caballo. Como las modernas motocicletas o los automóviles, acercaba distancias. En un día un buen flete recorría hasta 100 kilómetros, hazaña casi imposible en aquel entonces para un hombre de a pie por los malos caminos y por falta de calzado adecuado.
Fue un animal indispensable en pueblos y ciudades. Servía para sembrar, para atarlo al carro y transportar objetos pesados, mercadería, gente, era materia de diversión con juegos, carreras, en fin. Si a cualquier ciudad antigua de esta parte del globo les quitaran los caballos, la vida se le hubiera vuelto una aventura asfixiante.
Los ancianos de Santiago todavía recuerdan los viejos coches de plaza y los sulkys atados en las afueras, con gente que había venido desde los pueblos vecinos. Hasta hace relativamente poco, mucha gente humilde usaba carritos tirados por estos animales para recolectar cartones o retirar los escombros de las casas.
En otras palabras: están en el ADN del ser argentino y de Santiago del Estero, son parte de cada uno, aunque usted no haya montado nunca uno.
Dicho esto, cabe agregar que el mundo moderno está produciendo en forma masiva una clase de humanos, cuya mayor ocupación es sentirse tan frágil como el cristal. De tal forma que actualmente es considerado ofensivo llamar rengo a un rengo, gordo a un gordo, rubio a un rubio, negro a un negro, puto a un puto, tuerto a un tuerto, ñato a un ñato y así hasta el lejano infinito. Se ofenden, son delicaditos, les lastiman las palabras crudas y prefieren los eufemismos.
Hasta tienen sus propias leyes para que, si hay un tipo que se siente mujer, lo deba nombrar como ella en vez de decirle él, sólo porque consiguió un documento que dice que, en vez de llamarse Roberto, se llama Flor.
En este nuevo orbe mundial, algunos animales gozan de una especial protección. Muchos son tratados como iguales. El día que se abra el registro para anotar a los perros como hijos, habrá una cola de cinco cuadras. Para disimular y entretanto consiguen un atajo que lleve a considerarlos hombres de pleno derecho, son llamados “seres sintientes”. Son vegetarianos extremos.
A veces, cuando la lluvia arrecia, como en estos últimos días en Santiago, se dedican a mirarse el pupo. Entonces observan que alguien dejó un caballo atado a la intemperie. ¡Qué horror!, dicen. Como si ignoraran que no es como el Bobi, su mascota, que necesita estar en el living de su casa, en la falda de su mamá.
El otro día, en las redes, circuló la noticia de uno que, ¡pobre!, estaba atado bajo la lluvia. Alguien se escandalizó porque no estaba protegido contra todo mal, con una estufita, abrigado, con zapatitos para tener secos los pies, igual que el Bobi. Y no, no es una exageración, porque ya venden botitas para perros, cochecitos especiales para que se esfuercen menos, juguetes, saquitos de lana para el frío, adornos para que luzcan más bonitos, golosinas especiales, huesos de plástico, cuchas con aire acondicionado.
El caballo, que fuera protagonista de tantas gestas heroicas de indios, gauchos y vecinos de esta ciudad, terminó convirtiéndose en objeto de las susceptibles almas del bazar de venta de cristales del veganismo más estúpido.
Digo, pero tal vez usted piense distinto.
Juan Manuel Aragón
A 16 de marzo del 2026, en el bazar Ollantay. Esperando para ir al cine.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Brillante columna que ojalá hiciera refleccionar al ciudadano aburguesado que ha renunciado hoy a todo concepto de la realidad en relación a las capacidades del ser humano y su condición de ser pensante.
    Hay personas que han perdido la capacidad de convivir e interactuar con otros seres humanos, que si bien requiere sacrificios y renunciamientos, también otorga gozo, alegrías y momentos felices. En cambio eligen la alternativa fácil de buscarse una mascota, que no demanda ni exige entrega, comprensión y/o renunciamiento, pero en cambio por unas cuantas caricias mueve la cola y demuestra complacencia, sin importar cuan despreciable, corrupto, egoísta y/o antisocial sea su dueño. Y viven tan apartados de la realidad que convierten a esas mascotas en hijos convenientes, los castran, los sacan de su ambiente natural, los suben a sus camas y sillones y hasta los hacen comer en su mesa. Pará ello gastan dineros en comida especial, champoo, peluquería y hasta juguetes!!!! que bien podrían destinarse a aliviar el hambre de otros seres humanos, esos seres humanos que ya olvidaron cómo tratar.
    Es común escuchar a mujeres a quienes se les pregunta sobre el hombre que quisieran tener, y sin siquiera considerar qué es lo que tienen para dar de su parte, contestan que quisieran "alguien que al llegar a casa las reciba con alegría, les demuestre cariño, sea divertido y buen compañero, aún cuando están cansadas o frustradas....o sea describen a un golden retriever.
    Como en el caso del caballo bajo la lluvia, su vida alejada de toda realidad y buen sentido, más la necesidad de mostrar y mostrarse cuan compasivos son, los hace denunciar ridiculeces.
    Ojalá que el enfoque del artículo ayude a recuperar algo de buen sentido en la sociedad.

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