![]() |
| Postal de Buenos Aires a principios del siglo XX |
El 22 de abril de 1897 circula por primera vez en Buenos Aires el tranvía eléctrico, avance que transformó el transporte de la ciudad
El 22 de abril de 1897 circuló por primera vez en Buenos Aires el tranvía eléctrico, un avance tecnológico que transformó el transporte urbano de la ciudad. La línea inaugural, impulsada por la Compañía de Tranvías Eléctricos del Sur o Buenos Ayres Electric Tranway, recorrió un tramo inicial entre Recoleta y Palermo a una velocidad de hasta 30 kilómetros por hora, el doble de lo habitual en los tranvías a tracción animal. El acto, presenciado por una multitud expectante, marcó el comienzo de la electrificación masiva de la red porteña, que reemplazaría progresivamente a los carros tirados por caballos y mulas.El sistema se desarrolló bajo la dirección del ingeniero norteamericano Charles Bright y el argentino Juan Mallol. Las primeras pruebas se realizaron días antes, el 11 de abril, con un coche equipado con trole y motores eléctricos que captaban corriente de un cable aéreo.
El vehículo inaugural partió desde la Plaza de la Victoria o cercanías de Retiro y avanzó por las avenidas principales con gran atención pública.
Antes de la electricidad, Buenos Aires contaba desde 1863 con tranvías a sangre, tirados por caballos, que conectaban el centro con barrios emergentes. La red creció rápidamente y, hacia 1890, superaba los 200 kilómetros de vías operados por varias compañías británicas y locales. La electrificación se inspiró en experiencias exitosas de Richmond, Estados Unidos, en 1888, y se adaptó al trazado porteño.
El primer tranvía eléctrico ofrecía mayor capacidad, con coches que transportaban el doble de pasajeros que los antiguos modelos. Alcanzaba velocidades consideradas vertiginosas para la época, lo que generó tanto admiración como temores entre los vecinos, algunos de los cuales lo apedrearon en sus primeras salidas por considerarlo un “monstruoso peligro”.
La Compañía Anglo-Argentina de Tranvías, una de las mayores operadoras, asumió progresivamente la electrificación de sus líneas. En 1902 ya funcionaban extensiones hacia Flores y Caballito, con vagones de dos pisos fabricados en Inglaterra y Estados Unidos. La tecnología del trole y rieles con retorno de corriente permitió una operación más eficiente y limpia.
Hacia 1910 la ciudad ya contaba con decenas de líneas eléctricas que cubrían barrios como Belgrano, Villa Crespo y Once. Los tranvías se convirtieron en símbolo de modernidad durante el Centenario de la Independencia y transportaban millones de pasajeros al año, impulsando el crecimiento urbano y la expansión de los suburbios.
Los coches tenían carrocería de madera, asientos de mimbre o cuero y plataformas abiertas en los extremos. Los motores, generalmente de General Electric o Westinghouse, ofrecían una potencia que permitía subir pendientes y operar con regularidad. El sistema generaba corriente en plantas propias o la tomaba de la red incipiente de electricidad urbana.
La red alcanzó su máximo esplendor en las décadas de 1920 y 1930, con más de 40 líneas y 1.200 kilómetros de vías. Compañías como la Anglo-Argentine Tramways Company dominaron el mercado hasta la nacionalización posterior. Los tranvías eléctricos facilitaron la movilidad de obreros, empleados y familias hacia fábricas y nuevos barrios.
En las primeras décadas del siglo XX se incorporaron modelos más modernos, algunos con vagones remolcados y frenos neumáticos. La velocidad promedio en servicio rondaba los 15 a 20 kilómetros por hora, aunque en tramos rectos superaba los 30. El sistema coexistió durante años con los últimos carros a tracción animal.
El servicio inicial de 1897 sentó las bases para una red que moldeó la fisonomía de Buenos Aires durante casi un siglo. Aquel primer recorrido por las calles de Recoleta y Palermo representó el ingreso de la capital argentina a la era de la tracción eléctrica en el transporte colectivo urbano.
Ramírez de Velasco®
Antes de la electricidad, Buenos Aires contaba desde 1863 con tranvías a sangre, tirados por caballos, que conectaban el centro con barrios emergentes. La red creció rápidamente y, hacia 1890, superaba los 200 kilómetros de vías operados por varias compañías británicas y locales. La electrificación se inspiró en experiencias exitosas de Richmond, Estados Unidos, en 1888, y se adaptó al trazado porteño.
El primer tranvía eléctrico ofrecía mayor capacidad, con coches que transportaban el doble de pasajeros que los antiguos modelos. Alcanzaba velocidades consideradas vertiginosas para la época, lo que generó tanto admiración como temores entre los vecinos, algunos de los cuales lo apedrearon en sus primeras salidas por considerarlo un “monstruoso peligro”.
La Compañía Anglo-Argentina de Tranvías, una de las mayores operadoras, asumió progresivamente la electrificación de sus líneas. En 1902 ya funcionaban extensiones hacia Flores y Caballito, con vagones de dos pisos fabricados en Inglaterra y Estados Unidos. La tecnología del trole y rieles con retorno de corriente permitió una operación más eficiente y limpia.
Hacia 1910 la ciudad ya contaba con decenas de líneas eléctricas que cubrían barrios como Belgrano, Villa Crespo y Once. Los tranvías se convirtieron en símbolo de modernidad durante el Centenario de la Independencia y transportaban millones de pasajeros al año, impulsando el crecimiento urbano y la expansión de los suburbios.
Los coches tenían carrocería de madera, asientos de mimbre o cuero y plataformas abiertas en los extremos. Los motores, generalmente de General Electric o Westinghouse, ofrecían una potencia que permitía subir pendientes y operar con regularidad. El sistema generaba corriente en plantas propias o la tomaba de la red incipiente de electricidad urbana.
La red alcanzó su máximo esplendor en las décadas de 1920 y 1930, con más de 40 líneas y 1.200 kilómetros de vías. Compañías como la Anglo-Argentine Tramways Company dominaron el mercado hasta la nacionalización posterior. Los tranvías eléctricos facilitaron la movilidad de obreros, empleados y familias hacia fábricas y nuevos barrios.
En las primeras décadas del siglo XX se incorporaron modelos más modernos, algunos con vagones remolcados y frenos neumáticos. La velocidad promedio en servicio rondaba los 15 a 20 kilómetros por hora, aunque en tramos rectos superaba los 30. El sistema coexistió durante años con los últimos carros a tracción animal.
El servicio inicial de 1897 sentó las bases para una red que moldeó la fisonomía de Buenos Aires durante casi un siglo. Aquel primer recorrido por las calles de Recoleta y Palermo representó el ingreso de la capital argentina a la era de la tracción eléctrica en el transporte colectivo urbano.
Ramírez de Velasco®


Comentarios
Publicar un comentario