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REGISTRO Fundamente su elección

Foto de ilustración nomás

Los padres deberían explicar el origen de cada nombre, en un trámite que debería ser obligatorio

Un trámite que no se hace en ningún lugar del mundo pero que no estaría mal imponerlo en la Argentina es el de la justificación de nombres propios. Cada vez que un padre inscriba a su hijo en el Registro Civil, debería expresar por qué lo eligió, de dónde lo sacó, qué lo lleva a designar a su párvulo de esa manera y no de otra distinta.
Cuando alguien tiene un perro y llegan amigos, lo primero que hacen es preguntarle cómo se llama. El tipo dice:
—Tobi, le he puesto Tobi.
—¿Por qué?
—Porque así se llamaba un perro de mi abuelo.
Si hay razones para los nombres de los perros, cuánto más para los de los hijos a quienes no se les pone cualquier cosa, como de casualidad. Nadie le dice al encargado del Registro Civil:
—Pongalé cualquiera, me da lo mismo.
Hay gente que pretende que el hijo se llame de forma insólita para que el día de mañana un John Kalvin Salvatierra sea casi un extranjero en su tierra, otros los llaman como los indios tehuelches, o les ponen siglas raras. Al parecer la moda es que los niños no se llamen como nadie conocido. Por eso también se eligen adjetivos y hasta hay quienes anotan a sus críos con sustantivos comunes.
Por eso, ahora que el Estado acepta cualquier nombre y al fin los argentinos se liberaron del santoral como única fuente de inspiración, habría que pedir a los padres que digan qué los llevó a elegir como nombre de una chica, pongamos “Mesa”. ¿Es una sigla de algo o le quería poner mesa como el mueble?
Sería algo así como la impresión digital del nombre. Uno diría, pongalé:
—Me llamo Adán, pero no como el de la Biblia, sino porque es la sigla de mi padre, que se llama Alberto Daniel Artaza Nores.
—¿Cómo lo sabes?
—Lo dice en el documento de identidad: "Adán, como las siglas de su padre".
Hasta sería más fácil la identificación en la policía, porque un Juan no sería igual a otro Juan, lo mismo que un Alberto, un Brayan o una Dayana.
Hasta se podría tercerizar la imposición de nombres. Una oficina anexa al Registro Civil, ayudaría a los padres a justificar el nombre que le van a endilgar al niño.
—Con la madre hemos pensado en que se podría llamar Elkin.
—Muy buen nombre. Significa "Dios crea" o "Dios ha adquirido", pero también podría traducirse como "pequeño El (o Dios)" o "hijo de Elías".
—No nos gusta la explicación.
—¿Entonces cómo lo van a justificar?
—Vamos a decir que lo hemos oído en una telenovela colombiana.
—No puede, del archivo me avisan que ese argumento ya está usado.
Casos así se darían todos los días y serían la excusa perfecta, no solamente para recaudar más con sellados, estampillados, trámites, firmas, sino también para tener otra oficina con empleados del Estado, haciendo lo que mejor sabe hacer la burocracia: molestar con naderías.
Si el día de mañana cometiera un delito, para la policía sería más fácil identificarlo entre todos los que se llamen igual.
Ideas como esta se me ocurren prácticamente día por medio, así que no le voy a cobrar nada amigo. Lleve nomás.
Juan Manuel Aragón
Viernes 1 de mayo del 2026, en San Lorenzo. Abrigando la mañana.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Con los nombres que se eligen hoy en día, demasiada condena tienen los padres al tener que explicárselo a sus propios hijos, cuando los empiezan a cargar en la escuela.

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