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| Babilonia |
El miércoles 26 de febrero de 747 antes de Cristo, Nabonasar se convirtió en rey de Babilonia, al sur de Mesopotamia
El 26 de febrero de 747 antes de Cristo, un miércoles según los cálculos retrospectivos, Nabonasar se convirtió en rey de Babilonia, en el sur de la Mesopotamia. Siglos más tarde, el astrónomo greco-egipcio Claudio Ptolomeo tomó esa fecha, conservada en registros egipcios y babilónicos, como punto inicial de la llamada era de Nabonasar, utilizada como referencia cronológica en sus tablas astronómicas.El rey babilonio, Nabonasar —también transcripto como Nabu-nasir— accedió al trono en un período de inestabilidad política en la región. Babilonia se hallaba entonces bajo la presión creciente del Imperio asirio, cuya expansión condicionaba la autonomía de los reinos mesopotámicos.Las fuentes cuneiformes lo presentan como fundador de una nueva dinastía, iniciando un ciclo que buscó restablecer el orden interno tras años de conflictos.
La fecha exacta de su entronización fue consignada con precisión por los escribas, en una tradición administrativa que vinculaba acontecimientos políticos con observaciones astronómicas. En la Mesopotamia, los fenómenos celestes eran registrados de manera sistemática, tanto por su valor religioso como por su utilidad práctica para el calendario agrícola y ritual. Esa meticulosidad permitió que, siglos después, los datos fueran reutilizados.
Durante el reinado de Nabonasar, Babilonia mantuvo una relación compleja con Asiria. Si bien no se conservan crónicas extensas sobre campañas militares propias, los anales asirios indican intervenciones frecuentes en la región. El período marcó el inicio de una secuencia cronológica más estable en los registros babilónicos, lo que resultó decisivo para la posterior reconstrucción histórica.
Más de ocho siglos después, en el siglo II después de Cristo, Claudio Ptolomeo, activo en Alejandría, necesitó fijar un punto de partida confiable para sus cálculos astronómicos. En su obra el Almagesto, utilizó una era continua, basada en años solares egipcios de 365 días, comenzando con el ascenso de Nabonasar. Esta elección respondía a la disponibilidad de observaciones astronómicas babilónicas fechadas desde ese reinado.
La denominada era de Nabonasar no implicaba una valoración política del monarca, sino una solución técnica para unificar cronologías dispersas. Ptolomeo podía así convertir eclipses y posiciones planetarias registradas en distintos sistemas calendáricos a una cuenta única de años consecutivos, facilitando la comparación y el cálculo matemático de ciclos celestes.
El uso de esa era influyó en la tradición astronómica posterior. Autores bizantinos y árabes retomaron las tablas ptolemaicas, conservando la referencia inicial del 747 a. C. como base cronológica. Gracias a esa continuidad, numerosos fenómenos astronómicos antiguos pudieron ser fechados con relativa precisión en términos modernos.
La elección de la fecha también refleja la transmisión de saberes entre culturas. Los registros mesopotámicos pasaron al ámbito helenístico tras las conquistas de Alejandro y la formación de centros científicos en Egipto. En ese cruce de tradiciones, la figura de Nabonasar quedó fijada como hito cronológico más que como protagonista político.
El 25 de febrero de 747 antes de Cristo es el primer día del mes de Thoth en el calendario egipcio adoptado por Ptolomeo para sus cómputos. Desde ese punto inicial, la era de Nabonasar sumaba los años de manera ininterrumpida, proporcionando una escala temporal que abarcaba observaciones de eclipses lunares, conjunciones planetarias y movimientos solares registrados durante más de nueve siglos.
Ramírez de Velasco®


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