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ALIMENTOS Por qué tengo que comer acelga

De todos los días

“Es tanto el asco que han desarrollado los chicos a toda comida que no sea chatarra, que está siendo todo un negocio estudiar para médico y especializarse en hígado graso”


Los chicos de antes comían lo que los padres ponían en un plato sobre la mesa. Si a algún niño atrevido se le ocurría preguntar: “¿Por qué tengo que comer acelga?”, la madre respondía: “Porque lo digo yo, carajo”. Listo, qué tanto gregré para decir Greta. No existían esas excusas para estúpidos: “Algún trauma tendrá, por eso se porta así, pobrecito”. Qué pobrecito ni qué ocho cuartos. “¡Comé o te chancleteo!”, decía la vieja, y la discusión terminaba.
Los chicos de ahora se ofenden, ¡ay, pequeños niños de cristal!, si no les pusieron Cocacola en la mesa, si las milanesas no están en el punto que a ellos les gusta, las papas fritas salieron medio crudas por adentro o la mayonesa no es Hellman´s. Mientras hacen la fila en la carnicería, las madres comentan: “El mío se estresa el día que no le prepararon costeletas con papas fritas, todo un caso el chango”. Y la otra le responde: “Los míos no comen nada que tenga color verde, dicen que tiene gusto a pasto”.
Es tanto el asco que han desarrollado los chicos santiagueños a toda comida que no sea frita (chatarra, báh), que está siendo todo un negocio estudiar para médico y especializarse en hígado graso. ¿Frutas?, no les gusta. ¿Verduras?, no comen porque es forraje y ellos no son vacas. Si no me cree, pregúntele a un organizador de fiestitas de 15. A los chicos se les da hamburguesas con papas fritas. Ya no es la clásica suprema de antes, porque a muchos, ¿sabe qué?, también les da repugnancia el pollo. Todo va mejor con papas fritas, si son las compradas, las del paquete amarillo, mejor.
Y no es que los padres salen a trabajar, dejan a los chicos con la niñera o la abuela que los malcrían. De hecho, muchos padres y madres trabajan lo mismo que sus padres y sus abuelos y menos también. Sucede con los niños de la ciudad y el campo, ricos y pobres, de sectores en los que vive gente acomodada y de barriadas humildes Se comportan así los hijos de humildes empleadas domésticas, ilustres abogados, empleados públicos, maestras, choferes de colectivos, ingenieros, médicos, periodistas, empleados de comercio, contadores, graves profesores universitarios y pobres changarines del mercado.
Las malas costumbres en las mesas familiares de los santiagueños atraviesan todas las clases sociales, las condiciones económicas, grados de educación, las escuelas, clubes o asociaciones a que pertenezcan, los deportes que practiquen, los hobbies en que descansan en su tiempo libre, los programas de televisión que miran, los lugares a los que van de vacaciones (si no van a ninguna parte, lo mismo), el tipo de música que oyen, el color de piel, en fin.
¿Qué es eso de que un chico se va a levantar de la mesa sin pedir permiso, antes que el padre o la madre, sin acarrear su plato a la cocina?, ¿quién es?, ¿el rey Carlos III de Inglaterra? Venga para aquí inmediatamente su sabandija, siéntese de nuevo a la mesa, tranquilo y sin hacer berrinche, pida perdón al señor que está de visita, por su mal comportamiento. Ahora sí, levántese y vaya a su cuarto a estudiar, deje nomás el plato que después lo vamos a llevar nosotros a la cocina para lavarlo.
Oye, ¿el mocoso no quiere comer la batata del puchero?, ¿él va a elegir qué comer de cada plato y qué no? Bueno, que no la coma y se levante de la mesa inmediatamente. A su pieza, sin postre. A la tarde, cuando venga por la merienda, le sirves batata y si no la quiere comer, a la noche dale la misma batata en el mismo plato. En algún momento de la vida la comerá con hambre y con mucho gusto.
No se puede tratar a los chicos de esa manera, después cuando se hacen grandes se sienten frustrados porque tenían unos padres castradores y antiguos que los obligaron de chicos a comer rabanitos y blablablá. Déjese de joder, hágame el favor.
Nosotros somos grandes, hemos llegado a adultos, entre otras cosas para saber qué les tiene que gustar a los hijos. Casos se ven de padres que, luego de comprar al niño la primera bicicleta, cuando se cayó y dijo que no la usaría nunca más, les hicieron caso. Y los privaron del enorme placer de tener un vehículo para vivir sus primeras aventuras en el barrio.
Los padres de antes decían: “Aprendé a comer verduras hervidas o crudas, mirá si el día de mañana te invitan a la residencia del embajador de Bélgica y, en medio de un opíparo banquete vos les dices: ´¡ni mi guisti li virdiri!´”, qué vergüenza, che”. Así, entre piadosas mentiras esperanzadas y verdades a medias, sacaron de las generaciones que hoy tienen más de cincuenta años, gente con una esperanza de vida en salud, de ochenta años.
Deles a sus hijos hamburguesas con papitas fritas todos los días y como descanso, de vez en cuando, un guiso bien grasiento de arroz con pollo, a los 40 años quizás van a ser felices, sin problemas psicológicos causados por los certeros zapatillazos de las madres, pero con el hígado hecho pelota en la mano. Enférmelos bien ahora, total usted no verá los resultados.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. En el mercado Armonía venden torrejas de acelga relativamente baratas y muy bien hechas. En casi todos los puestos de comida.

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  2. Toda la razón. De acuerdo totalmente 👍
    El otro día un obrero le
    Di remera y me dijo no arquitecta no tiene marca!!!
    De terror. La educación es pésima.. quieren zapatillas y cel de marca ..algo malo pasa en Argentina
    Arq lopez ramos

    ResponderEliminar

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