| Cataratas del Iguazú |
El 12 de marzo de 1928 el gobierno nacional argentino compra 70.000 hectáreas de tierra en Iguazú, Misiones
El 12 de marzo de 1928 el gobierno nacional argentino compró 70.000 hectáreas de tierra en Iguazú, en ese entonces en el Territorio Nacional de Misiones, para preservar los alredeodres de las cataratas y afirmar la soberanía en un área estratégica de frontera. La operación constituyó un paso decisivo hacia la creación de un área protegida de jurisdicción federal.La región de Iguazú, ubicada en el extremo nordeste del país, limitaba con Brasil y Paraguay y era reconocida por la magnitud de sus saltos de agua sobre el río Iguazú. Desde fines del siglo XIX viajeros, científicos y funcionarios habían advertido sobre la necesidad de conservar ese paisaje excepcional, comparado en crónicas de época con otras grandes maravillas naturales del continente.Durante las primeras décadas del siglo XX, el avance de la explotación forestal y la colonización agrícola generó preocupación por el impacto ambiental en la selva paranaense. Diversas iniciativas parlamentarias y administrativas impulsaron la idea de que el Estado nacional asumiera el control directo de las tierras que rodeaban las cataratas para impedir su fragmentación en manos privadas.
La adquisición de las 70.000 hectáreas respondió a esa política. La operación permitió unificar un extenso bloque territorial bajo dominio federal, lo que facilitó su posterior organización como espacio de conservación. La medida también reforzó la presencia institucional argentina en una región limítrofe que la cuestión de fronteras hacía sensible.
El proyecto de parque nacional ya había sido promovido años antes por el explorador y naturalista Francisco Pascasio Moreno, quien propuso destinar áreas de alto valor paisajístico al patrimonio público. Su influencia fue decisiva en la consolidación de una política conservacionista que comenzaba a tomar forma en la Argentina.
En 1934, por la Ley 12.103, se creó el sistema de parques nacionales y se estableció el Parque Nacional Iguazú, integrando aquellas tierras adquiridas en 1928. La administración quedó a cargo de la Dirección de Parques Nacionales, organismo que organizó la protección de la flora, la fauna y los cursos de agua.
El área protegida tiene una porción significativa de la selva misionera, ecosistema caracterizado por su alta biodiversidad. Allí habitan especies emblemáticas como el yaguareté, el tapir y el tucán grande, además de una vasta variedad de árboles y plantas subtropicales que dependen de un régimen climático húmedo y cálido.
Las cataratas del Iguazú, con más de 250 saltos distribuidos en un frente de casi tres kilómetros, constituyen el núcleo escénico del parque. La Garganta del Diablo, el mayor de los saltos, concentra buena parte del caudal del río y se convirtió en uno de los principales atractivos turísticos del país.
Con el paso del tiempo, el Parque Nacional Iguazú fue reconocido internacionalmente. En 1984 la Unesco lo declaró Patrimonio Natural de la Humanidad, destacando su valor ecológico y paisajístico. El área protegida argentina se complementa con el Parque Nacional do Iguaçu, en Brasil, conformando un corredor binacional de conservación.
La compra aseguró la base territorial de esa política ambiental. Las 70.000 hectáreas iniciales se integraron a un parque que hoy supera las 67.000 hectáreas protegidas en jurisdicción argentina y recibe millones de visitantes por año, constituyéndose en uno de los destinos turísticos más importantes del país y en un eje central de la economía misionera.
Ramírez de Velasco®

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