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1919 CALENDARIO NACIONAL Yunká

Yunká en 1950

El 19 de marzo de 1919 los indios atacan el fortín Yunká y mata a 16 personas, entre ellas mujeres y niños

El 19 de marzo de 1919 un grupo de indios atacó el fortín Yunká, en el territorio nacional de Formosa, y mató a 16 personas, entre ellas mujeres y niños. El episodio, ocurrido en una región de reciente colonización y fuertes tensiones por la tierra, se inscribió en un ciclo de enfrentamientos violentos en el Chaco argentino durante las primeras décadas del siglo XX.
Yunká era un destacamento precario, levantado para proteger a colonos criollos y a trabajadores vinculados a explotaciones forestales y ganaderas. La región formaba parte del Gran Chaco, un espacio disputado desde fines del siglo XIX tras las campañas militares que extendieron la autoridad del Estado argentino sobre territorios habitados por indígenas. En ese contexto, los indios vieron restringidos sus desplazamientos tradicionales y el acceso a recursos básicos.
Los atacantes fueron identificados por la prensa de la época como integrantes del pueblo pilagá, aunque las versiones difieren en cuanto a la magnitud del grupo y a las motivaciones inmediatas. Las crónicas oficiales hablaron de un asalto sorpresivo al amanecer, con armas blancas y de fuego. El saldo fue de 16 muertos, varios heridos y la destrucción parcial de las instalaciones.
Las víctimas eran hombres vinculados a tareas rurales, pero también mujeres y niños que vivían en el fortín. La presencia de familias completas respondía a la lógica de ocupación y asentamiento permanente promovida por el Estado en los territorios nacionales. Las noticias circularon con rapidez en Formosa y en provincias vecinas, generando alarma en otras poblaciones aisladas.
El territorio nacional de Formosa había sido creado en 1884, tras la federalización de extensas áreas del Chaco. Desde entonces, se impulsó la llegada de colonos y empresas madereras interesadas en el quebracho colorado. Esa expansión modificó de manera drástica el equilibrio previo con pueblos como los pilagá, los toba y los wichí, que quedaron sometidos a presiones laborales y militares.
Las autoridades respondieron con el envío de fuerzas policiales y destacamentos armados para perseguir a los responsables. Los partes oficiales consignaron operativos en bosques y esteros, con detenciones y dispersión de grupos indígenas. La información disponible proviene en gran medida de documentos administrativos y de periódicos, lo que condiciona la reconstrucción de los hechos.
El episodio fue durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen, en un período de conflictos sociales en el país. Aunque los principales focos de tensión se concentraban en centros urbanos y en la Patagonia, los territorios del norte también atravesaban disputas vinculadas a condiciones laborales, acceso a la tierra y control estatal.
En el Chaco formoseño persistían formas de trabajo forzoso y endeudamiento que afectaban a comunidades originarias. Las reducciones y misiones religiosas intentaban integrar a los indígenas bajo esquemas productivos y de evangelización. La fragilidad institucional en áreas alejadas facilitaba brotes de violencia y represalias.
Las fuentes no coinciden sobre si el ataque fue precedido por incidentes específicos o si formó parte de una escalada más amplia. Algunos testimonios mencionan conflictos por provisiones y por el trato recibido por trabajadores indígenas en establecimientos cercanos. La ausencia de investigaciones judiciales exhaustivas dejó zonas oscuras en la secuencia de los acontecimientos.
El fortín Yunká fue posteriormente reforzado y la región quedó bajo mayor vigilancia estatal. Con el paso de las décadas, el hecho quedó registrado en crónicas locales y archivos administrativos como uno de los episodios más sangrientos de la frontera interior formoseña en el siglo XX.
Ramírez de Velasco®

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