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| José María Cantos |
Un episodio mínimo ayuda a explicar una decisión económica que marcó el inicio del declive de un diario histórico
En el fracaso que resultó a la postre la compra del diario La Unión de Catamarca por la familia Castiglione, un pequeñísimo granito de arena le cupo a José María Cantos. Casi sin quererlo. Como se verá.Fue hacia 1997 cuando empezó a hablarse del interés que tenían los Castiglione, históricos propietarios del diario El Liberal, en adquirirla. En esos años todavía no se sospechaba la reducción a la nada que sufrirían casi todos los diarios en papel del mundo, de modo que la operación parecía razonable, incluso prometedora: reforzar la presencia de un modo de hacer periodismo —digamos— haciendo pie en una provincia vecina. Con todo lo que eso traía aparejado: influencia, poder, dinero.Por entonces, Cantos tenía en su empresa una función más bien pasiva. Leía los diarios, hablaba por teléfono, conversaba con algún periodista por asuntos puntuales y pasaba largas horas en su oficina, con los brazos cruzados sobre el pecho, pensando. Pensar era, quizá, su ocupación principal.
Después de largas cavilaciones, tomó una decisión que muchos juzgaron temeraria: bajar el precio de tapa a la mitad, de un peso a cincuenta centavos. La jugada resultó magistral. No solo permitió la supervivencia del medio, sino también su posterior consolidación como diario influyente en la sociedad santiagueña.
Una mañana, en su oficina del primer piso, lo llamó por teléfono un desconocido. Dijo ser el encargado de negociar la venta del diario La Unión y quiso saber si Cantos estaba interesado en comprarlo. Cantos le respondió que no, que de todos modos lo consultaría con los hijos. Pero se olvidó.
Hay que decir que, a veces —casi siempre por la mañana, a la hora de menos trabajo en las redacciones de antes—, Cantos llamaba a algún periodista para conversar. Aquella vez me tocó a mí y por eso estoy ahora escribiendo esta historia.
Tiempo después, la secretaria, Paola, volvió a anunciarle una llamada del mismo hombre. Esta vez fue más concreto. Le dijo algo así como:
—Mire, Cantos, aquí estamos con el doctor Castiglione. Debo decirle que la oferta que usted hizo por La Unión es muy interesante, pero él está mejorándola, así que vamos a tener que clausurar las conversaciones.
No era ningún tonto el nuestro. Le respondió, más o menos:
—Bueno, de todas maneras, ha sido un placer tratar con ustedes.
Y ahí terminó todo.
De ese modo, casi involuntariamente, Cantos contribuyó a que Castiglione pagara unos pesos más por el diario catamarqueño. Digámoslo también: fue una inversión fallida. El proyecto no consolidó la posición del grupo en Catamarca ni generó la expansión esperada.
La operación, millonaria, se concretó en 1998 y coincidió con la compra de los equipos para las modernas rotativas que se instalaron en el Parque Industrial de La Banda. Visto en perspectiva, fue el comienzo del fin de los Castiglione como históricos propietarios del diario El Liberal.
Con un humilde granito de arena, José María Cantos fue partícipe de aquel fracaso.
Juan Manuel Aragón
A 31 de enero del 2026, en Bajo Alegre. Preparando la vuelta.
Ramírez de Velasco®


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