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INSTINTO No respires

Cocodrilo africano

Hay una espera tensa frente a una escena que ya está decidida, aunque todavía no haya ocurrido nada visible

El otro día en un canal de animales, pasaban una serie sobre los cocodrilos africanos. A su lado la hiena parece un tierno gatito regalón. Se mete en el agua. Aguanta la respiración. Espera que los impalas se confíen mientras beben. Sabe que está ahí. Para comerlo. Lo ha visto muchas veces. El agua de la represa ha bajado de tal forma que hay más de un cocodrilo por metro cuadrado, pero igual se acerca. Recela.
De repente siente un chasquido lejano y salta para alejarse del peligro. La sed puede más, entonces vuelve a la carga, ahora elige un lugar junto al anterior pero menos barroso. Otro, y salta, ¡uf!, no era nada por suerte, piensa. El espíquer ya ha dicho que es un programa para ver cómo caza el cocodrilo. Guarda una leve esperanza de que zafe. Al mismo tiempo piensa en el cálculo que debe estar haciendo el otro bajo el agua.
Puede pasar cualquier cosa y, sin embargo, las cartas están marcadas. Inclina la cabeza, prueba el agua sin animarse del todo, y olfatea el aire, sabiendo que no obtendrá respuesta. El reflejo le devuelve una imagen tranquila, casi mansa, y por un segundo uno quiere creerle. Pero abajo hay una quietud trabajosa. La paciencia no se equivoca.
El tiempo se estira. El agua tirita una línea que podría ser viento o recuerdo. Da medio paso más, después otro. El avance pesa. Desde el sillón, sin darse cuenta, uno deja de respirar. Si no hay ruido, no se dará cuenta. No se mueve, el rostro rígido, la respiración entrecortada.
En un momento dado, mientras por adentro lo alienta a escapar —las manos arañando el sillón, el cuerpo tenso, los ojos abiertos— el feroz cocodrilo pega un brinco, agarra al otro del cogote y lo sacude en el aire y lo arrastra al agua. El impala se dobla de dolor, patalea queriendo escaparse, intenta zafar de los afilados dientes del grandote. Hay un leve instante de esperanza cuando el cocodrilo lo suelta una fracción de segundo, pero es sólo para agarrarlo mejor de la panza. Y lo sumerge en la laguna.
Chau, perdiste.
Anuncian que después de la propaganda se verá al cocodrilo contra el elefante.
Pero está cansado de tanta sangre.
En otro canal dan una Argentina, con Darín.
Juan Manuel Aragón
Jueves 9 de abril del 2026, en la Sala. Hablando con el patrón.
Ramírez de Velasco®

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