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| Sverdlovsk |
El 9 de abril de 1979 una fuga de ántrax produce 62 muertes en una base soviética y durante veinte años se mantiene en secreto
El 9 de abril de 1979 comenzó a manifestarse con claridad la tragedia provocada por una fuga accidental de esporas de ántrax en una instalación militar soviética de Sverdlovsk, que causó al menos 62 muertes entre la población civil según cifras iniciales. El ántrax se extendió por el viento hacia el sureste afectando barrios obreros, una fábrica de cerámica y regiones rurales cercanas. El episodio fue ocultado durante dos décadas bajo la versión oficial de un brote causado por carne contaminada, se destruyeron registros médicos y se impuso el silencio a testigos y personal sanitario, y se mantuvo en secreto hasta la caída de la Unión Soviética, cuando investigaciones independientes revelaron la verdadera naturaleza del incidente ocurrido en el complejo militar conocido como Compound 19.Ocurrió en realidad el 2 de abril, cuando un filtro de aire defectuoso o retirado temporalmente en una unidad de producción permitió la liberación inadvertida de una nube invisible de Bacillus anthracis desde una chimenea del laboratorio de armas biológicas.La instalación, situada en las afueras de Sverdlovsk —hoy Yekaterinburg— formaba parte del programa secreto soviético de investigación y producción militar, donde se elaboraban esporas altamente refinadas de la cepa Anthrax 836, una de las más letales del arsenal.
El viento del noreste, que soplaba con fuerza moderada aquel día, arrastró las partículas microscópicas a lo largo de varios kilómetros, alcanzando primero las instalaciones de una fábrica de cerámica donde decenas de trabajadores inhalaron el agente patógeno sin advertirlo mientras laboraban en sus turnos habituales.
En los días siguientes comenzaron a aparecer casos de una extraña neumonía que evolucionaba con rapidez hacia hemorragias internas, edema pulmonar grave y fallo multiorgánico, síntomas característicos del ántrax inhalatorio que sorprendieron a los médicos locales por su virulencia y rapidez.
Las autoridades locales y los servicios de seguridad actuaron con premura para controlar la información, atribuyendo los fallecimientos a un brote de ántrax intestinal causado por carne de animales infectados vendida en el mercado negro, una explicación que se difundió ampliamente entre la población.
Se ordenó la quema de documentos hospitalarios, se confiscaron historiales clínicos de los afectados y se prohibió a los médicos mencionar cualquier detalle que pudiera sugerir una liberación aérea o vincular los casos con la base militar cercana.
Mientras tanto, veterinarios registraron muertes simultáneas en ganado de aldeas situadas al sureste de la ciudad, formando un rastro epidemiológico preciso que años después ayudaría a reconstruir la trayectoria exacta de la nube tóxica a lo largo de una franja de unos cincuenta kilómetros.
La epidemia se prolongó hasta mediados de mayo, con el último caso documentado alrededor del 19 de ese mes, dejando un saldo oficial de alrededor de 68 fallecidos, aunque fuentes posteriores sugieren que la cifra real de infectados y muertos pudo ser mayor debido al ocultamiento sistemático.
Durante veinte años la versión oficial se sostuvo sin fisuras en el ámbito público soviético y luego ruso, hasta que en la década de 1990 científicos estadounidenses y rusos, con acceso a testimonios de sobrevivientes, datos meteorológicos archivados y análisis de tumbas, confirmaron que se trató de una fuga accidental desde el complejo militar, uno de los incidentes más graves vinculados a programas de armas biológicas de la Guerra Fría y un episodio que reveló la magnitud del esfuerzo secreto de la Unión Soviética en ese campo.
Ramírez de Velasco®


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