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| Tucumán |
Un escritor invisible le daba forma al pensamiento de otros y un mal nacido conviete ese trabajo en un botín silencioso
La mujer que le alquilaba una pieza en la pensión de mala muerte repetía que no sabía hacer otra cosa más que escribir. Lejos de enojarse, a él le gustaba. Y el resto de los pensionistas se reía, porque el hombre, don Manuel, redactaba muy bien, según supe después. Muchas veces lo buscaba gente que se notaba importante. Alguien dijo, en broma, que tal vez necesitaran quien les escribiese cartas de amor. Una vez que le contaron el chiste, le gustó tanto que cada vez que le avisaban de alguien esperando en la puerta, decía: “Debe ser otro que se ha peleado con la novia”.Al tiempo se fue a vivir a otra pensión, luego a otra más, y al final le perdí el rastro. En esos lugares de paso siempre hay uno que se va, otro que entra. El movimiento continuo hace conocer gente.Después, por esas cosas de la vida, no lo volví a ver. Y hace poco uno que lo conocía me contó que hace como diez años se mandó a mudar para siempre. Y ya nunca escribirá cartas de amor ni notas en el diario ni nada: está acostado bocarriba en Villa Antarca.
Alguien me dijo que cuando salió del diario, fue contactado por un diputado tucumano —un pariente— para que le escribiera los discursos. Cuentan que el político, un semianalfabeto con título de abogado, pasaba por inteligente: pagaba para que le fabricaran una ideología a la medida. Pero, por otra parte, las palabras que le regalaba don Manuel eran ideas bastante sensatas sobre política.
Antes de que crepara don Manuel, aquel pariente dejó su banca. Por lo que averigüé, no quedaron en buenas relaciones. Poco después empezaron a salir cartas al director firmadas por aquel familiar, con un estilo sospechosamente parecido al de don Manuel. Según me contaron, le había dejado una tracalada de escritos en la computadora, que el otro aprovechó luego. Como era y capaz que sigue siendo, un personajote importante de Tucumán, nadie se animó a reprochárselo.Me caía bien don Manuel, un tipo churo, amable, callado. Compartimos algunas tardes de mate y conversaciones interesantes. Desde que me enteré del robo no me caen bien los que plagian. Pobre finado. Con qué necesidad, oiga.
Mal nacido el cabrón aquel.
Juan Manuel Aragón
Miércoles 8 de abril del 2026, en Las Puertas. Visitando amigos.
Ramírez de Velasco®


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