Ilustración Juan Carlos Dávalos Cazando vicuñas anduve en los cerros. Heridas de bala se escaparon dos. -No caces vicuñas con arma de fuego, Coquena se enoja - me dijo un pastor. - ¿Por qué no pillarlas a la usanza vieja, cercando la hoyada con hilo punzó? ¿Para qué matarlas, si sólo codicias para tus vestidos el fino vellón? -No caces vicuñas con arma de fuego, Coquena las venga, te lo digo yo. ¿No viste en las mansas pupilas oscuras brillar la serena mirada del dios? -¿Tú viste a Coquena? -Yo nunca lo vide, pero sí mi agüelo - repuso el pastor; una vez oíle silbar solamente, y en unos tolares, como a la oración. Coquena es enano; de vicuña lleva sombrero, escarpines, casaca y calzón; gasta diminutas ojotas de duende, y diz que es de cholo la cara del dios. De todo ganado que pace en los cerros, Coquena es oculto, celoso pastor; si ves a lo lejos moverse las tropas, es porque invisible las arrea el dios. Y es él quien se roba de noche las llamas cuando con exceso las carga el patrón. ...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero