Ir al contenido principal

MORBO Por qué comemos nuestra propia basura

Imagen morbosa

Definición de morbo: interés malsano por personas o cosas, atractivo propio de lo turbio, prohibido o escabroso


Nada les importa, publican suicidios de conocidos y de ilustres anónimos, violaciones de mujeres y niños, incestos, abusos deshonestos, estupros varios. Todo bicho que camina va a parar a sus páginas. Si es con foto del muerto mejor, si está desnudo perfecto, si hay sangre excelente, si se ve el ama homicida ¡bingo!, paren las rotativas.
Los muertos, las violadas, los ultrajados no tienen parientes, no tienen amigos, no son personas, son solamente carne de un periodismo que más que rabia casi siempre da vergüenza ajena, pena en muchas ocasiones y asco las más de las veces. No vale repetir que podrían sufrir en carne propia lo mismo que sacan a la luz, porque es igualarse con ellos. Ojalá que les vaya bien y que ganen muchos millones corrompiendo la gente, todos los días, sin descanso.
Sin piedad, porque no perdonan detalle, la ropa rasgada, la sangre en el piso, el semen, la pestilencia de los ambientes, el desorden en las habitaciones, los gritos que sintieron los vecinos, los alaridos de dolor, los moretones, las caras torvas, el olor etílico, la ferocidad de la golpiza.
Todo sirve para excitar el morbo de la pobre gente, los vídeos de peleas callejeras, si son de mujeres, mejor, si son chicas a la salida de la escuela, abonarán el pobre prestigio que ganan con los clic que hace el público para abrirlos. En ningún caso dirán que fue una vergüenza que alguien viera una pelea de adolescentes no solamente sin separarlos, sino filmando la escena, buscando el mejor ángulo para que nadie lo tape.
Es el chisme, del que habla el Papa Francisco, pero llevado a su máxima expresión, porque no es un ´te dijo, me dijo, le dije´, sino un: “¿Lo has visto?”. Y pasa de teléfono en teléfono, de un lado al otro del mundo, en cuestión de instantes, replicándose con una insistencia feroz, acabando con virtudes, honras, pudores, decoros, orgullos, recatos y castas intimidades.
Delitos supuestos o reales que debieran quedar en la  confianza  de la casa, son expuestos al mundo con total desprecio por la propia integridad moral de sus protagonistas. Los obligan a ventilar urbi et orbi, situaciones, vestidos, gestos, arrebatos, sonrojos y descripciones detalladas de las partes pudendas de todos los protagonistas.
Su negocio es vender humo, sangre, sexo prohibido a los pobres de espíritu, a quienes se exhiben de manera obscena, lo más impúdica que sea posible, frente al resto de la sociedad. Sin ahorrar detalles lujuriosos, obscenos, hediondos. “¿No ven que eso le gusta a la gente?”, dicen. Y se hacen los estúpidos cuando se les señala que fueron ellos mismos quienes acostumbraron a toda una generación a consumir basura, en forma de supuestas verdades de a puño.
Siempre y cuando esto suceda a los demás está muy bien que así sea, pareciera que dicen. Porque cuando les pasa a ellos, el resto del mundo cometerá el delito de lesa intimidad si osa investigar, saber, averiguar, preguntar o curiosear sobre aquello que mantendrán oculto al resto del mundo por los siglos de los siglos, per sécula seculorum, toujours et à jamais o for ever and ever, para decirlo en correcto español, latín, francés e inglés.
Por las dudas a alguien se le ocurra sacar a relucir el expediente dentro de 50 o 100 años, lo mandan a hurtar ahora. Casos conocen los santiagueños de crímenes abominables que quedaron sepultados bajo toneladas de tierra sin que nadie se anime a mencionarlos jamás. Si acaso el viento trajera alguna noticia de ellos, contratarían cientos de ventiladores para hacerlo cambiar de dirección.
Ahora mismo viene a la memoria el asunto del tipo aquel que estuvo prófugo un tiempo largo, pasado en un servicio de estacionamiento y tránsito, hijo de una familia señera de la provincia. Si alguien osara sacarle en cara la trapisonda aquella, daría en penca, porque borró todos los rastros. Y guay con mencionarlo por su nombre y apellido, quien ose hacerlo se comerá un juicio por calumnias con muchas posibilidades de perder. Pero es un caso entre cientos.
Revelan con marcas, pelos y señales al concubino que llegó borracho una noche y le pegó a la concubina, al ladronzuelo que abrió un boquete para llevarse unas herramientas ajenas, al que hurtó una bicicleta, una garrafa, las ollas y sartenes de una casa o sogueó la ropa tendida de la vecina. Consignan su nombre, apellido, apodo, domicilio, número de documento, señas particulares y todo otro dato que resulte de interés para que ningún vecino deje de reconocerlo, señalarlo, apuntarlo.
Mientras les dé dinero seguirán mostrando las inmundicias de una sociedad que cree que les debe reverencia solamente porque son poderosos y con ellos la ley no corre, son palabras puestas en un orden establecido para joder a la pobre gente que, para peor, goza cuando ve a su vecino en una fotografía, esposado, siendo llevado a declarar. “Yo te decía, Mabel, que ese muchacho iba a terminar mal”. Sin saber que mañana podría ser el caído en desgracia, para excitar a su vez el morbo del barrio.
El círculo vicioso de las noticias inconducentes vive de morderse la cola en un eterno retorno vicioso de las escabrosas acciones de la pobre gente. Y seguirá de la misma manera mientras usted, su vecino, el vecino del vecino y yo mismo no les demos la espalda para dedicarnos a algo más productivo.
Recomendación para leer durante el fin de semana largo: “El libro del Zoco” (cualquiera de los varios tomos que publicó es bueno), de Jorge Rosenberg, los versos de “El Poeta De La Calle Aérea”, de Alfonso Nassif, “Shunko”, de Jorge Wáshington Ábalos. O cultive su huerta, todo el año se pueden sembrar rabanitos, aproveche.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Buen día Juan cuando lo chicaneaba a Cachin Diaz ex periodista del diario El Liberal diciéndole q ellos los periodistas eran el cuarto.poder el siempre me decía nosotros somos el.primer poder xq si quisiéramos te tiramos abajo o te ponemos en un pedestal no.importa los antecedentes y tu blog viene a confirmar eso.Felicitaciones ex compañero.Fuerte abrazo.soy Coco Coronel agradecido jubilado Municipal.

    ResponderEliminar
  2. Muy buen artículo, Juan Manuel, al grano y sin rodeos. El periodismo intenta plantear el serio problema de la mediocridad de su desempeño actual en una discusión del tipo "qué fue primero, el huevo o la gallina", justificándose con que "simplemente complacen al público consumidor". En realidad, el pobre desempeño y la adicción al sensacionalismo del periodismo de hoy se debe, a mi modo de ver, a que sufre de varias enfermedades terminales, entre las que identifico:
    1. Muy pobre o nula formación profesional; como si se hubieran capacitado por correo en la academia Pitman (existirá todavía?).
    2. Carencia total de capacidad investigativa y editorial; limitándose a retransmitir sucesos e imágenes impactantes obtenidas de las "redes sociales", exhibiendo al mismo tiempo una lamentable incapacidad de escribir o articular dos párrafos coherentes en buen español.
    3. Estricta bajada de línea de la superioridad en cuanto a la orientación política del relato a transmitir, a la que deben adherir sin cuestionamientos.
    4. Extrema presión comercial ante el avance de los medios sociales, a través de los cuales cualquier persona con un teléfono se convierte en corresponsal de la escena del crimen con la "noticia al momento, en exclusiva y en el lugar de los hechos".
    5. Fuerte dependencia del aporte financiero de grupos de interés y gobiernos de turno, a los que deben representar en ideas e intereses.

    Lógicamente el público consumidor no hace más que alimentar esa modalidad periodística, lo que convierte al problema en un circulo vicioso, como bien lo plantea el artículo, pero en ese circulo existe la punta del ovillo, que en mi opinipon está del lado del periodismo de medios.

    ResponderEliminar
  3. Lo que escribes tiene la observación y el pensamiento desde la realidad vivida. Te felicito por sacar el velo de lo cotidiano (que se hace más pesado..) teñido de morbosidad.

    ResponderEliminar
  4. La verdad al 100 que verguenza siento por que quisas lo hice inconcientemente o no quisas Pero Al Pensar Que Me Puede tocar un momento asi o una situacion me cambio y entendi que antes de cualquier situacion debo Pensar Y ponerme en el lugar de los damnificados si me gustaria lo que yo estoy haciendo y te reinicia la cabeza de una manera imprecionante la verdad me llego mucho cuanta verdad ya pedi perdon a Dios Por las veces que lo hice inconsecuentemente muy bueno amigo espero sirva para que muchos mas descubran la empatia y que nadie esta librado de poder pasar por algunas de estas situaciones ....

    ResponderEliminar
  5. Muy bueno , pura y en estado de brutalidad, permanentemente, la naturaleza humana.

    ResponderEliminar
  6. No has mencionado a los peores: los mercenarios de Clarín y La Nación, reproducidos por El Liberal. Mecenarios, vendepatrias y cipayos, eternos alabadores del liberalismo economico; festejaron a Macri y lo siguen defendiendo. INMORALES SOLA, PAGNI, FERNANDEZ LABORDA, ZUCHOVIKI, CACHANOSKI, Y UN MONTON MAS QUE NO RECUERDO EN ESTE MOMENTO... ELLOS SON LOS VERDADEROS ENVENENADORES DE LA OPINION PUBLICA, MUCHOS MAS NEFASTOS QUE LOS DE LAS CRONICAS POLICIALES; pero el poder de esta gente es muy grande; parece q todos le tememos, y nos pretendemos enfrentar con los obedientes de las crónicas policiales; no son ellos los verdaderos enemigos del pueblo. Ojalá que los lean pocos, y sea los mismos que, en definitiva ya tienes su cabeza formateada hace mucho, y nada les cambiará sus prejuicios, su superficial forma de pensar; una bosta El Liberal, suplemento de Clarín !!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares (últimos siete días)

FÁBULA Don León y el señor Corzuela (con vídeo de Jorge Llugdar)

Corzuela (captura de vídeo) Pasaron de ser íntimos amigos a enemigos, sólo porque el más poderoso se enojó en una fiesta: desde entonces uno es almuerzo del otro Aunque usté no crea, amigo, hubo un tiempo en que el león y la corzuela eran amigos. Se visitaban, mandaban a los hijos al mismo colegio, iban al mismo club, las mujeres salían de compras juntas e iban al mismo peluquero. Y sí, era raro, ¿no?, porque ya en ese tiempo se sabía que no había mejor almuerzo para un león que una buena corzuela. Pero, mire lo que son las cosas, en esa época era como que él no se daba cuenta de que ella podía ser comida para él y sus hijos. La corzuela entonces no era un animalito delicado como ahora, no andaba de salto en salto ni era movediza y rápida. Nada que ver: era un animal confianzudo, amistoso, sociable. Se daba con todos, conversaba con los demás padres en las reuniones de la escuela, iba a misa y se sentaba adelante, muy compuesta, con sus hijos y con el señor corzuela. Y nunca se aprovec...

IDENTIDAD Vestirse de cura no es detalle

El perdido hábito que hacía al monje El hábito no es moda ni capricho sino signo de obediencia y humildad que recuerda a quién sirve el consagrado y a quién representa Suele transitar por las calles de Santiago del Estero un sacerdote franciscano (al menos eso es lo que dice que es), a veces vestido con camiseta de un club de fútbol, el Barcelona, San Lorenzo, lo mismo es. Dicen que la sotana es una formalidad inútil, que no es necesario porque, total, Dios vé el interior de cada uno y no se fija en cómo va vestido. Otros sostienen que es una moda antigua, y se deben abandonar esas cuestiones mínimas. Estas opiniones podrían resumirse en una palabra argentina, puesta de moda hace unos años en la televisión: “Segual”. Va un recordatorio, para ese cura y el resto de los religiosos, de lo que creen quienes son católicos, así por lo menos evitan andar vestidos como hippies o hinchas del Barcelona. Para empezar, la sotana y el hábito recuerdan que el sacerdote o monje ha renunciado al mundo...

ANTICIPO El que vuelve cantando

Quetuví Juan Quetuví no anuncia visitas sino memorias, encarna la nostalgia santiagueña y el eco de los que se fueron, pero regresan en sueños Soy quetupí en Tucumán, me dicen quetuví en Santiago, y tengo otros cien nombres en todo el mundo americano que habito. En todas partes circula el mismo dicho: mi canto anuncia visitas. Para todos soy el mensajero que va informando que llegarán de improviso, parientes, quizás no muy queridos, las siempre inesperadas o inoportunas visitas. Pero no es cierto; mis ojos, mi cuerpo, mi corazón, son parte de un heraldo que trae recuerdos de los que no están, se han ido hace mucho, están quizás al otro lado del mundo y no tienen ni remotas esperanzas de volver algún día. El primo que vive en otro país, el hermano que se fue hace mucho, la chica que nunca regresó, de repente, sienten aromas perdidos, ven un color parecido o confunden el rostro de un desconocido con el de alguien del pago y retornan, a veces por unos larguísimos segundos, a la casa aquel...

SANTIAGO Un corazón hecho de cosas simples

El trencito Guara-Guara Repaso de lo que sostiene la vida cuando el ruido del mundo se apaga y solo queda la memoria de lo amado Me gustan las mujeres que hablan poco y miran lejos; las gambetas de Maradona; la nostalgia de los domingos a la tarde; el mercado Armonía los repletos sábados a la mañana; las madrugadas en el campo; la música de Atahualpa; el barrio Jorge Ñúbery; el río si viene crecido; el olor a tierra mojada cuando la lluvia es una esperanza de enero; los caballos criollos; las motos importadas y bien grandes; la poesía de Hamlet Lima Quintana; la dulce y patalca algarroba; la Cumparsita; la fiesta de San Gil; un recuerdo de Urundel y la imposible y redonda levedad de tus besos. También me encantan los besos de mis hijos; el ruido que hacen los autos con el pavimento mojado; el canto del quetuví a la mañana; el mate en bombilla sin azúcar; las cartas en sobre que traía el cartero, hasta que un día nunca más volvieron; pasear en bicicleta por los barrios del sur de la ciu...

FURIA Marcianos del micrófono y la banca

Comedor del Hotel de Inmigrantes, Buenos Aires, 1910 Creen saber lo que piensa el pueblo sólo porque lo nombran una y otra vez desde su atril, lejos del barro en que vive el resto Desde las olímpicas alturas de un micrófono hablan de “la gente”, como si fueran seres superiores, extraterrestres tal vez, reyes o princesas de sangre azul. Cualquier cosa que les pregunten, salen con que “la gente de aquí”, “la gente de allá”, “la gente esto”, “la gente estotro”. ¿Quiénes se creen para arrogarse la calidad de intérpretes de “la gente”? Periodistas y políticos, unos y otros, al parecer suponen que tienen una condición distinta, un estado tan sumo que, uf, quién osará tocarles el culo con una caña tacuara, si ni siquiera les alcanza. Usted, que está leyendo esto, es “la gente”. Su vecino es “la gente”. La señora de la otra cuadra es “la gente”. Y así podría nombrarse a todos y cada uno de los que forman parte de esa casta inferior a ellos, supuestamente abyecta y vil, hasta dar la vuelta al m...