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DELIRIO Una conspiración a medida

Ilustración

Reaparecen versiones recicladas de un odio que intenta explicar la inmigración culpando a un enemigo invisible, útil y falso

Una llamativa teoría conspirativa —tan absurda como persistente— da vueltas últimamente por las redes, casi como un mantra (repite, repite, algo queda). Según sus promotores, los culpables de la supuesta “invasión musulmana” que asuela Europa y Estados Unidos serían los sionistas. Sí, así como suena. Dicen que ellos mismos estarían promoviendo la llegada de gente de cultura árabe para asociarlos con la izquierda de los países invadidos. Los islámicos, según esta fábula, se enfrentarían a los derechistas blancos y, cuando ambos bandos quedaran exhaustos, llegarían los judíos con sus bancos, sus préstamos y sus trampas financieras para someter a todos bajo el “Poder Judío Mundial”.
Raro, che. Los poderosísimos judíos, organizando en aldeas perdidas del África un éxodo masivo de jóvenes corridos por el hambre, la sed, la arena, las cabras la pobreza, el calor y las moscas. Para que esto se cumpla tal como suponen los eternos conspiranoicos, deberían tener de su lado un demiurgo que ve el futuro y les va indicando cómo mover las fichas ahora mismo, para enderezarlas hacia un fin que solo a ellos les fue revelado.
Lo que haría, además, confirmar el estereotipo del hebreo como alguien abyecto, que presta plata con interés usurario solo con el fin de apoderarse de los medios de producción con mañas financieras y, de yapa, también hacerse capo di tutti gli capi de la industria del entretenimiento audiovisual en todo el mundo. Así, sería el árbitro de la cultura, las películas, las series y el relato periodístico.
Bueno. Esos tipos de una inteligencia superior —siempre según la teoría— habrían pensado lo siguiente: “Inundemos el centro del mundo, digamos occidental, de musulmanes, para que lo corrompan por adentro, le succionen su savia vital y luego, cuando ambos se desgasten en la lucha que seguramente entablarán, entonces llegaremos nosotros para aprovecharnos de esa debilidad y dominarlos a ambos”.
Hay varios problemitas en ese pensamiento (si es que llega a la categoría de pensamiento). Primero, que está fabricado expresamente para cierta ideología que abomina del poder establecido en Europa. Estos musulmanes, que no son tantos ni tan peligrosos según su visión, en cierta manera ponían algo de orden en la vieja Europa que, al final de cuentas, se había convertido en un museo tras otro, sin cáscara, vacío. Hasta que se dieron cuenta de que sí pueden ser un problema. ¿Cómo zafan? Ya que piensan que los judíos son parte del problema, combinan ambas ideas y da como resultado una conspiración perfecta.
Es decir: judíos empujando a musulmanes para que marchen a Europa y Estados Unidos a hacer añicos lo que encuentren. Ya acudirán ellos en su auxilio más tarde y, por medio de una malvada matemática financiera, se apoderarán de todo. Al final, si logran su cometido, la Tierra Prometida, que siempre fue Europa y no Israel, será suya.
Medio complicado, ¿no? Y sí, qué quiere que le diga. Pero también es arduo explicar por qué la Tierra es plana, el hombre no llegó a la Luna, Hitler vivió en la Patagonia o Néstor Kirchner sigue vivo y de joda en una isla del Caribe.
Hablando de otra cosa, si algo bueno tuvo la llamada Guerra de Gaza —dejando aparte las muertes, la destrucción, la intolerancia de retener cautivos y negarse a devolver los cuerpos de los muertos— es que sirvió para poner negro sobre blanco en la cultura de todo el mundo. De un lado, los que siempre justifican el terrorismo como arma para imponer sus ideas. Y del otro, los que desde el primer momento dijeron: “Pero che, les han secuestrado cerca de 300 personas, deben luchar a muerte hasta que el último regrese a casa. ¿O quieren que pidan por favor, señores del Hamás, devuelvan a nuestra gente porque si no les haremos chaschás en la colita?”.
Haga el favor, ¿quiere?
Juan Manuel Aragón
A 20 de noviembre del 2025, en el Cerco del Alfa. Aguaitando el atardecer.
Ramírez de Velasco®

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