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ULTRAORTODOXOS Apoyo a un político antiisraelí

Ilustración

Asombro y dolor de judíos al observar que otros de su misma fe, apoyan a uno de sus enemigos declarados

Por Bernardo Abramovici Levin
en Comunidades Plus
Resulta asombroso e incluso doloroso, observar cómo parte del judaísmo ortodoxo de Nueva York, ha celebrado la victoria de Zohran Mamdani, alcalde electo, que se ha declarado abiertamente antisionista y que, con una liviandad inquietante, ha justificado o minimizado la barbarie de Hamás. Esta escena, judíos entonando plegarias de agradecimiento junto a un dirigente que niega el derecho de Israel a existir, no solo es una paradoja histórica, sino una profunda herida ética.
Durante siglos, el pueblo judío luchó no solo por sobrevivir físicamente, sino por preservar la dignidad moral que surge del principio de “Am Israel Jai” —el pueblo de Israel vive—. Ver hoy a algunos de sus representantes apoyar a quien legitima a quienes buscan destruirlo, es un acto que propone la negación propia.
No se trata de una cuestión de pluralismo político. En democracia, toda opinión merece ser oída. Pero cuando el aplauso se dirige a quien simpatiza con un movimiento terrorista, deja de ser una diferencia ideológica y se convierte en complicidad moral. No hay teología que justifique esa traición a la memoria de los que murieron solo por ser judíos.
En nombre de una supuesta “pureza religiosa” o de una “distancia del sionismo”, algunos sectores caen en un error fatal: creer que pueden desligarse del destino colectivo del pueblo judío. La historia demuestra lo contrario. Cuando el odio se enciende, no pregunta si uno es sionista o no, observante o secular. Quema por igual.
Lo que Nueva York vio no fue un gesto de fe, sino de confusión. Y el precio de esa confusión puede ser alto. Porque mientras algunos entonan salmos al poder, otros sepultan a sus hijos, caídos por defender a Israel.
El judaísmo, en su esencia, nunca fue un refugio para la cobardía moral. Quienes olvidan eso no solo traicionan a Israel: traicionan la raíz misma de su fe.
Ramírez de Velasco®

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