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VENEZUELA Al muerto que lo carguen ellos

MIguel Díaz-Canel y Nicolás Maduro

Mucho tiempo se negó la presencia de militares cubanos protegiendo a Maduro, ahora una inquietante versión podría ser cierta

Una versión no comprobada hasta ahora sostiene que las fuerzas policiales—o militares—cubanas que protegían a Nicolás Maduro, habrían recibido la orden de matarlo si veían que era imposible salvarlo. Lo más probable es que se trate de una noticia interesada, destinada a seguir desacreditando al déspota venezolano. Pero es verdad que estaba protegido por cubanos, y la especie también había sido reiteradamente desmentida durante años.
Mucho tiempo se negó la presencia de tropas de élite cubanas (los llamados "Avispas Negras") en el círculo de seguridad presidencial, calificándolo de "propaganda de derecha". Sin embargo, con el tiempo, la evidencia de la influencia de La Habana en el aparato de seguridad venezolano se volvió indiscutible.
No solamente las autoridades venezolanas lo negaban, la izquierda continental se enfurecía ante esa noticia, que finalmente resultó cierta. Pero, fíjese usted, cuando cayeron, el régimen cubano recibió como héroes a los 32 soldados propios muertos durante la extracción de Maduro. Fueron recibidos con honores oficiales en el aeropuerto internacional José Martí de La Habana. Hasta hubo una ceremonia militar en la que participaron el presidente cubano Miguel Díaz-Canel y el expresidente Raúl Castro, con los féretros cubiertos por la bandera nacional y acompañados de honores propios de un funeral de Estado.
Si el hecho de que los militares cubanos protegieran a Maduro es totalmente verdadero, bien podría ser verdad entonces, que hayan tenido la orden de suprimirlo si veían la imposibilidad de defenderlo. Aquí no se sostiene que sea verdad, es más, podría ser una mentira redonda. Pero reconozca que es bastante plausible.
Y, si lo piensa bien, es lo más lógico.
Sin afirmar que es cierta la especie que sostiene que los propios custodios debían asesinar a Maduro si no podían salvarlo de ser apresado por una fuerza extranjera, se trataba de un tirano que no solamente había suprimido las libertades civiles en su país, sino que mantenía tratos espurios con el régimen cubano, con miles de médicos, trabajadores sociales, asesores militares y, es de suponer, espías, que tenían cooptadas buena parte de los resortes administrativos venezolanos. Quede consignado aquí para que no haya equívocos, esta especulación no aparece en informes de Associated Press, Reuters, BBC, New York Times, CNN ni en balances oficiales cubanos, venezolanos o norteamericanos. Por el momento.
También es verdad, porque en este caso se actuó a cara descubierta y en poblado, que hubo durante más de 20 años, un oscuro intercambio de petróleo, sin que se sepa hasta el momento qué concedía la isla. Y que había conexión en la información de inteligencia. Todo estaba oculto para el grueso de la población, que suponía que eran acuerdos de buena fe, blancos, impolutos. No lo eran, como se va sabiendo con el correr de los días.
Y eran secretos por los que bien podrían haber temido los cubanos, que si Maduro hablaba, los comprometerían en extremo. Ya se sabe: las revoluciones, cuando tienen por fin extenderse en el tiempo, tras dos pasos hacia adelante, son capaces de soportar uno para atrás. Aunque ese paso sea liquidar al Rey de un tablero, en la esperanza de comenzar otra partida más adelante, con otro monarca puesto como títere al uso.
Por el momento, el hecho de que los propios guardaespaldas cubanos hayan tenido la orden de matarlo si les era imposible protegerlo debidamente, es una bola que da vueltas en círculos más o menos bien informados de la diplomacia de la América del Sur. El día de mañana, como tantas otras circunstancias de ese régimen que son confirmadas, esta también podría ser validada con testimonios, documentos, confesiones, entrevistas. O no.
Pero, aquí entre nosotros, ¿no hubiera hecho lo mismo siendo el dictador cubano Miguel Díaz-Canel? Bien podría haber dicho: “Muchachos, si de todas maneras se lo van a llevar, que sea finado, después nos encargamos de que al muerto lo carguen ellos, como tantos otros”.
Pero quién sabe, ¿no?
Juan Manuel Aragón
A 22 de enero del 2026, en la Plata y Salta. Mirando para allá.
Ramírez de Velasco®

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