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CUENTO En el nombre del hijo

Niño, ilustración

Una mujer se embaraza y cuando la pareja anuncia que no sabe cómo llamar al niño, entra en un problema que resuelve de una manera que bueno, bueno

Al año y medio de casados, los que ya no eran una joven parejita reunieron a las familias de ambos en un asado en su casa. Después de los chorizos, entre la ensalada de lechuga los chorizos, el vacío y el vino tinto que empezaba a hacer efecto, contaron la buena nueva, ella estaba embarazada. Con razón, dijeron las cuñadas, la veíamos más gordita y ya le estábamos por preguntar.
¿De cuánto?, preguntaron. Casi seis meses. ¿Ya saben qué va a ser? Varón. ¿Cómo le van a poner? No sabemos. Leopoldo Agustín, como vos, no estaría nada mal, arriesgó al vuelo la madre de él. Pero la de ella dijo que mejor sería Roberto Belarmino, como su propio marido, pues era un nombre que se venía repitiendo en la familia por lo menos desde hacía tres generaciones. Y se armó la discusión, vea usted, por el nombre que debería tener el hijo de los hijos. Cuando todos se fueron, mientras ordenaban la casa, siguieron hablando de eso hasta bien entrada la noche.
El amor que se tenían no alcanzaba para dirimir semejante contienda. Hasta ese momento no habían tenido una discusión tan grande o que durase más de media hora. Al día siguiente, cuando volvieron de trabajar, ella dijo que debían hablarlo tranquilos y se sentaron a la mesa, en la cocina, papel y lápiz en mano a tirar nombres que conformaran a los dos. Se convencieron, con mucha razón, de que el nombre debía ser del gusto de ellos y de nadie más.
Pero siempre hay una carga familiar en las discusiones en que se pone en juego una cuestión tan fundamenta en la vida de una pareja, así que volvían a pensar en nombres de tíos, primos lejanos, amigos comunes o desconocidos para el otro. Después de tres horas de debate dejaron la discusión para el otro día. Y recién entonces decidieron que su hijo llevaría un nombre completamente original. No sería el de ningún amigo ni pariente ni conocido ni amigo de un amigo ni pariente de un pariente ni compañeros que habían sido de la escuela o compañeros de trabajo o amigos o parientes cercanos o lejanos de los compañeros ni nadie que ellos o alguien conocido hubiera tenido cerca.
Pero cuando se sentaron a ver esta otra posibilidad se dieron con que siempre alguno de los dos tenía a alguien que se llamaba Aspasio, Eufemiano, Romildo o Perseverando. Entonces llegaron a una última opción los nombres extranjeros. John era muy conocido y mirá si después le decían Juan o Juanito. Edward les pareció pretencioso. Quién sos para que te llames Edward, dijo ella. Y así, papel y lápiz en mano, fueron tirando nuevos nombres, descartando otros que parecían apellido, del inglés al francés y de ahí al italiano, de ahí al inglés y vuelta a empezar.
Cuando al fin lo decidieron fue un escándalo para las dos familias, disgustaron a unos y otros en forma pareja y casi sin matices. Baste decir que en el bautismo ambas abuelas lloraron abrazadas. ¡Como se les ha ocurrido un nombre tan feo! Y ellos respondieron que no conocían a nadie en el redondo mundo que se llamara igual.
Como suele suceder en estos casos, con el tiempo las aguas se calmaron y la vida siguió su curso.
Luego el niño cumplió un año, luego dos y al tercer año lo enviaron al jardín de infantes “Semillitas”. Las maestras no se sorprendieron por su nombre, porque ya tenían otros dos chicos que se llamaban igual, sino por la coincidencia del apellido, mire usté. Con este, en el aula de la salita “Maternal" había dos Kevin Gómez. El otro era Rodríguez.
Juan Manuel Aragón
A 21 de mayo del 2025, en Brea Pozo. Trampeando reinamoras.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Por mera estupidez.

    En América Latina muchas personas piensan que los cosas relacionadas con el extranjero (generalmente Europa y Norteamérica) son mejores, más "bonitas", e inclusive de mejor calidad.

    Esto se remonta hasta la colonia, como si la procedencia u origen de algo determinara necesariamente su capacidad de funcionar o calidad. Esto curiosamente tambien se ve en los nombres y lo más gracioso de todo es que en muchas, muchísimas ocasiones ni saben escribir bien los nombres y se excusan en que "los nombres no tienen ortografía":

    Nombre original vs Invención

    Jason es Yeison, Yeisson o Jeison

    Julianna o Julianne es Yuliana

    Brian es Brayan, Bryan, Bryn y hasta Brallan (juro que lo he visto 😂)

    Michelle es Michel

    Michael y Mike es Maicol, Maikol, Maikkol, Maik y hasta Maiky

    Natalie es Natalí o Nataly

    Diana (léelo en ingles) es Dayana

    Ashley es Asly

    Katherine (léelo en inglés) es Caterine (léelo en español)

    En base a nombres del inglés la gente hace sus inventos, hay nombres que tratan de que suenen así y ni se le acercan. Yo he visto Anderson como nombre cuando realmente es un apellido, Stivens como nombre cuando es Stevens y también es un apellido. Con solo decirte que mi vecino se llama Yersson y un compañero de la universidad literalmente se llamaba Billinxons…

    What the freaking hell is that? 🥴

    Suena más a una cifra de dinero que a un nombre real.

    No sé realmente porqué la gente inventa nombres tan extraños. Personalmente no me agrada como suena ninguno, además de que ha de ser algo vergonzoso cuando estás en algún sitio como el colegio, la universidad o en el médico y te llaman con ese nombre que inclusive en múltiples ocasiones la gente no sabe pronunciar.

    Mi conclusión es que hay gente que no quiere a sus hijos jajajaja, o simplemente usan su ignorancia y foreign complex representándolo en el nombre de sus hijos.

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  2. A mi me pusieron mis padres el nombre de "Forro Pinchado"

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