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TRENES Voces de madrugada

Johny Barrionuevo canta en el Urquiza

Un cantor santiagueño recorre el Roca llevando canciones del alma, recuerdos del pago y la memoria de los amigos que quedaron atrás

Todos los días salgo de mi casa, Pellegrini 1458, Burzaco, bien de madrugada. Trabajo en el tren Roca, pero no soy ferroviario. Soy el que ameniza el viaje de los pasajeros, cantando canciones que quizás les quedaron prendidas en el alma como abrojo en la tira de las zapatillas, y les recuerdo su infancia, su juventud, allá lejos, algún bosque norteño, con los parientes que se quedaron para siempre jóvenes en sus pensamientos. También voy a fiestas; me llaman para amenizar asados, celebraciones, esas cosas.
Fue mucho mi penar andando lejos del pago
Tanto correr pa' llegar a ningún lado
Y estaba donde nací lo que buscaba por ahí.
Me despierto a las cinco de la mañana y a las seis y media ya estoy en el tren, siempre cantando lo mismo. "La del Puente Carretero" y "Añoranzas" no pueden faltar; cuando no las canto, siempre algún pasajero me reclama. Por los amigos me entero de lo nuevo, de lo último que salió, lo que se está cantando en las peñas bravas del pago, cuando los changos se ponen hasta el aca. Pero, qué quiere que le diga, aquí quieren siempre lo mismo. La cabeza les quedó pegada como moco en la pared, en un lugar del pasado de Santiago del Estero, Tucumán, Salta, y no quieren salir. Les costaría reconocer que el lugar de nacimiento, que tan bien conocen, ha cambiado; es un señor gordo y de portafolios al que, si volvieran, no reconocerían.
Es oro en la amistad que no se compra ni vende
Solo se da cuando en el pecho se siente
No es algo que se ha de usar cuando le sirva y nada más.
Desde Burzaco tengo varias estaciones hasta llegar a Constitución, un Rosario que me sé de memoria: Adrogué, Temperley, Lomas de Zamora, Banfield, Remedios de Escalada, Lanús, Gerli, Avellaneda, Darío Santillán, Hipólito Yrigoyen y finalmente Plaza Constitución. Bajo de un tren y subo a otro. Supe tener compañeros y afinábamos bastante bien, pero, esas cosas, ¿ha visto?, no toman esto como un trabajo; ellos creen que la música es joda nomás. Y no. Así como me ve, este sombrero, el cinto ancho con monedas de un peso, el pañuelo al cuello y las botas, son mi traje y corbata para ir al laburo. La guitarra es mi maletín. Y el canto es lo que hago en la oficina, todos los días, de lunes a sábado. Solo descanso los domingos.
Así es como se da en la amistad mi paisano
Sus manos son pan cacho y mate mate cebado
Y la flor de la humildad suele su ancho perfumar.

No, no pago nada, los boleteros me conocen, bah, en realidad me conocen los de vías y obras, señaleros, boleteros, maquinistas, todos. Soy uno más entre ellos, aunque no tenga sueldo ni aguinaldo ni vacaciones pagas ni esté afiliado a La Fraternidad. Los saludo muy bien: “Buenos días señor, buenos días” y pasan nomás. Saben quién soy.
La vida me han prestao y tengo que devolverla
Cuando el creador me llame para la entrega
¡Que mis huesos, piel y sal abonen mi suelo natal!

¿Si he probado con otra música? Sí, por supuesto, pero después de tocar cualquier otra cosa, aunque sea, no sé, Bach, Chopin, Beethoven, la gente termina siempre pidiéndome lo mismo. “Oiga, jefe, ¿no se sabe una chacarerita?”. Como dicen los grandes artistas: uno se debe a su público. Bueno, a mí me piden que toque todos los días lo mismo, y no importa si me gusta o no me gusta, es lo que tengo que hacer para llevar unos mangos a casa.
La luna es un terrón que alumbra con luz prestada
Solo al cantor que canta coplas del alma
Le estalla en el corazón el sol que trepa por su voz.

¿Cuánto me dan? Depende, hay días en que consigo hasta veinticinco mil pesos, otros que me llevo quince mil y nunca vuelvo con menos de diez mil; sería un fracaso. ¿Cuánto es por mes? No sé... ¿sabe que nunca hice el cálculo? Lo importante es que todos los días llego, le entrego la plata a la patrona y con eso, más lo que gana ella, seguimos tirando.
Cantor para cantar si nada dice tus versos
Ay, ¿para qué vas a callar al silencio?
Si es el silencio un cantor lleno de duendes en la voz.

¿Si extraño el pago? Claro que lo extraño, pero no me acuerdo de sus casas, sus olores, los rincones, sino de los amigos queridos que dejé. Ahora, con esto del WhatsApp sé lo que está pasando, qué hacen, cómo están y cuáles se han ido para el otro barrio, y cuando vuelva a Santiago ya no los voy a ver.
Mi pueblo es un cantor que canta la chacarera
No ha de cantar lo que muy dentro no sienta
Cuando lo quiera escuchar entre a mi pago sin golpear.

No he perdido la tonada, aunque a veces me tengo que hacer el porteño, más que nada para que no me jodan. Sigo hablando como santiagueño. Si te vas de chico, puede ser que se te prenda la manera de hablar de allá, con las erres más duras que portón de narco y pierdas las eses santiagueñas, la especial música que ponemos en cada palabra, los modismos quichuas. Pero yo he venido a vivir aquí después de los treinta, y si hablaba como porteño me iban a cargar los muchachos. Además, no quiero, me gusta ser santiagueño y que se me note qué mierda.
La vida me han prestao y tengo que devolverla
Cuando el Creador me llame para la entrega
¡Que mis huesos, piel y sal abonen mi suelo natal!

Juan Manuel Aragón
A 5 de diciembre del 2025, en Tarapaya. Buscando una flor.
Ramírez de Velasco®

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