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1077 ALMANAQUE MUNDIAL Humillación

Humillado

El 28 de enero de 1077, Enrique IV obtiene el levantamiento de la excomunión tras someterse a una penitencia

El 28 de enero de 1077, en el castillo de Canossa, en el norte de Italia, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Enrique IV obtuvo del papa Gregorio VII el levantamiento de la excomunión que pesaba sobre él, tras someterse a un acto público de penitencia que incluyó permanecer varios días a la intemperie. El episodio, conocido como la Humillación de Canossa, se convirtió en uno de los hitos más significativos del conflicto político y religioso entre el papado y el imperio en la Edad Media.
El enfrentamiento entre Enrique IV y Gregorio VII se inscribía en la Querella de las Investiduras, una disputa sobre quién tenía la autoridad para nombrar obispos y altos cargos eclesiásticos. Desde mediados del siglo XI, el papado había impulsado una reforma destinada a afirmar su autonomía frente a los poderes laicos y a erradicar prácticas como la simonía y la investidura secular.
En 1075, Gregorio VII proclamó el Dictatus Papae, un conjunto de afirmaciones que sostenían la supremacía del pontífice sobre los gobernantes cristianos. Enrique IV, que tradicionalmente ejercía el derecho de investir obispos en sus territorios, rechazó estas pretensiones y continuó designando autoridades eclesiásticas, especialmente en el estratégico arzobispado de Milán.
La respuesta papal llegó en 1076, cuando Gregorio VII excomulgó al emperador y declaró a sus súbditos liberados del juramento de fidelidad. Esta sanción tuvo efectos políticos inmediatos, ya que numerosos príncipes alemanes aprovecharon la situación para rebelarse y exigir a Enrique una reconciliación con la Iglesia como condición para mantener el trono.
Ante la amenaza de ser depuesto, Enrique IV decidió buscar el perdón pontificio. A fines de 1076 cruzó los Alpes en pleno invierno, acompañado por su esposa Berta de Saboya y su hijo, y se dirigió al castillo de Canossa, donde Gregorio VII se encontraba bajo la protección de la condesa Matilde de Toscana.
Según las crónicas, permaneció durante tres días descalzo, vestido con hábito penitencial y expuesto al frío invernal, solicitando audiencia al papa. El gesto tenía un fuerte contenido simbólico, ya que representaba la sumisión del poder imperial a la autoridad espiritual.
El 28 de enero de 1077, Gregorio VII accedió finalmente a recibir al emperador y a absolverlo de la excomunión, tras la confesión y el compromiso de obediencia. El levantamiento de la sanción restauró formalmente a Enrique en la comunión de la Iglesia, aunque no resolvió de manera definitiva el conflicto político subyacente.
La reconciliación fue, en gran medida, táctica. Poco tiempo después, las tensiones reaparecieron, y el enfrentamiento entre ambos poderes se reanudó con nuevos episodios de excomunión, guerras civiles en Alemania y la posterior designación de antipapas por el emperador.
La Humillación de Canossa adquirió rápidamente un valor emblemático. En la memoria histórica medieval y moderna fue interpretada como una demostración del poder papal sobre los soberanos laicos, aunque los acontecimientos posteriores mostraron que el equilibrio entre imperio y papado continuó siendo inestable y conflictivo.
El episodio ocurrió en el pontificado de Gregorio VII (1073–1085) y del reinado de Enrique IV (1056–1106), tuvo lugar en el castillo de Canossa, en la actual región italiana de Emilia-Romaña, y quedó registrado en crónicas como las de Lambert de Hersfeld y Berthold de Reichenau, a quienes se siguió para redactar esta breve crónica y que constituyen las principales fuentes contemporáneas sobre los hechos.
Ramírez de Velasco®

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