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El 6 de enero de 1997 las reservas del Banco Central alcanzan el récord de 20.183 millones de dólares
El 6 de enero de 1997 las reservas internacionales del Banco Central de la República Argentina alcanzaron un récord histórico al sumar 20.183 millones de dólares. En ese moento la cantidad de dólares disponibles superaba a la de pesos en circulación. El dato condensó una coyuntura económica marcada por la convertibilidad, la estabilidad cambiaria y una fuerte presencia de capitales externos, y funcionó como fotografía precisa de un momento de excepcionalidad financiera.Se operaba bajo el régimen establecido por la Ley de Convertibilidad, vigente desde abril de 1991, que fijaba la paridad de un peso igual a un dólar y obligaba al Banco Central a respaldar la base monetaria con reservas en moneda extranjera. La regla, concebida para erradicar la hiperinflación, había impuesto límites estrictos a la emisión y había redefinido el rol de la autoridad monetaria, que pasó a ser un organismo de custodia y garantía antes que de política activa.El volumen de reservas alcanzado a comienzos de 1997 reflejaba la acumulación sostenida producida durante la primera mitad de la década. Privatizaciones de empresas públicas, ingreso de inversiones financieras, endeudamiento externo y un flujo constante de capitales de corto plazo alimentaron las arcas del Banco Central. La cifra de 20.183 millones representaba un máximo nominal desde la creación de la institución en 1935.
El dato de que hubiera más dólares que pesos en circulación sintetizaba la lógica del sistema. Cada peso emitido debía tener su correlato en divisas, y el excedente de reservas reforzaba la credibilidad del esquema. Esa relación era exhibida como prueba de solvencia, disciplina y previsibilidad, valores centrales del discurso económico oficial de la época.
El contexto internacional acompañaba. Los mercados emergentes recibían flujos de capital atraídos por tasas de interés relativamente altas y por la estabilidad cambiaria. Tras la crisis del Tequila de 1995, superada sin abandonar la paridad, la economía argentina había recuperado crecimiento y acceso al crédito, lo que fortalecía la percepción de solidez del modelo.
En el plano interno, la estabilidad de precios se había consolidado como un rasgo cotidiano. La inflación anual se mantenía en niveles mínimos y la moneda local funcionaba como reserva de valor, fenómeno inédito en la experiencia argentina reciente. El ahorro en dólares convivía con un peso que ya no se depreciaba, alterando hábitos financieros arraigados durante décadas.
El récord de reservas también incidía en la política fiscal y financiera. Permitía afrontar compromisos externos, respaldar importaciones y sostener la apertura comercial. Al mismo tiempo, facilitaba la colocación de deuda en los mercados internacionales, que interpretaban el volumen de reservas como un indicador de capacidad de pago.
La arquitectura institucional del Banco Central estaba diseñada para blindar ese esquema. La convertibilidad limitaba la discrecionalidad y convertía a la cantidad de reservas en variable central del sistema. El crecimiento de los activos externos era, por lo tanto, condición necesaria para la expansión monetaria y para el funcionamiento del crédito interno.
Ese 6 de enero de 1997 quedó asociado a una imagen de abundancia y fortaleza financiera. El número fue difundido por la prensa económica y utilizado como referencia comparativa en informes oficiales y privados. En términos históricos, marcó el punto más alto de una curva ascendente que había comenzado a principios de la década.
La cifra quedó registrada como un máximo nominal bajo el régimen de convertibilidad, con una relación inusual entre reservas y circulante que distinguió a la Argentina de esos años. El registro permite observar, con precisión estadística, la magnitud alcanzada por el respaldo monetario en un momento determinado de la historia económica nacional.
Ramírez de Velasco®


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