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| Todos son todos |
La doctrina que sostiene que todas las vidas son importantes, debería ajustarse a la definición: todas son todas
Visto lo visto en todo el mundo, sobre todo últimamente, cabría redactar una regla para adherir a la doctrina de los derechos humanos. Esa doctrina sostiene, en primer lugar, que todas las personas, por el solo hecho de ser humanas, poseen derechos fundamentales que deben ser respetados, protegidos y garantizados por el Estado y por la comunidad internacional, sin discriminación alguna. Bien ahí.La regla sería la siguiente: si usted es de los que adhieren a esta doctrina, debe tener en cuenta que donde dice “todas las personas” debe leerse “todas las personas”, y no solamente las de su bando. Si una característica deberían tener los seguidores de esta doctrina es la prohibición de ser tuertos. Tienen que mirar con los dos ojos, el derecho y el izquierdo.Los muertos propios, los ajenos, los de aquí, los de allá, los que piensan como uno y los que piensan distinto o contra uno. En serio. Se ha visto en los últimos tiempos que los seguidores de esta doctrina suelen mirar solo unos muertos, los de su propio bando. Como que no les cabe en la cabeza que un muerto con violencia vale igual que otro muerto con violencia, que otro muerto y que otro y que otro. Y así hasta dar la vuelta al mundo.
Para quienes creen en estas cosas, es una doctrina universal, es decir, vale en todo tiempo y lugar, contra cualquiera que se le oponga. Un preso o muerto por cuestiones políticas, raciales, de religión o de sexo en la Argentina vale lo mismo que otro en Corea del Norte, Estados Unidos, Francia, Bolivia o Mozambique.
Los muertos de un lado y del otro tienen el mismo valor, y quienes dicen ser defensores de esta doctrina deben, necesariamente, defender a todos por igual. No vale que se alegren porque los unos mataron a los otros en Venezuela o defiendan las infectas cárceles cubanas y luego se ofendan porque los otros matan a los unos en la Franja de Gaza. Un muerto vale lo mismo que otro muerto. Y todos se deletrea te o de o ese. A ver repita, todos. ¿Ve?, no es tan difícil.
Nada justifica una acción violenta del Estado, sea el de la Argentina, Rusia o China. Si usted es adherente de esta cuasi religión, tenga en cuenta que debe estar del lado de los muertos injustos, los perseguidos, los desaparecidos, los secuestrados, siempre y en todo momento, en todo lugar, bajo cualquier circunstancia.
Así como se horrorizó, en su momento, por los muertos de la represión ilegal de la Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay, también llore por los muertos y los presos políticos que aún se mantienen en las cárceles indignas del régimen venezolano. Proteste y póngase en campaña inmediatamente para que el régimen iraní deje de matar a su propia gente, que reclama, usando el universal derecho de expresarse, solo eso, que se vaya el gobierno.
¿Usted no se enojaría si en la Argentina se matara impunemente a los que quisieran cambiar de manera pacífica, el sistema liberal por uno de tinte comunista? Bueno, indígnese ahora que el régimen de los Ayatolás sale a ametrallar a sus propios ciudadanos que pretenden terminar con el régimen teocrático. Vamos, vaya a la embajada de Irán más cercana a su domicilio y exprese su dolor por lo que ocurre con los iraníes. ¿O acaso no son humanos?
La doctrina de los derechos humanos no está hecha para que algunos humanos valgan el doble que otros. Una vida es una vida y vale lo mismo que otra. No importa el color de piel, el dios en que cree, la política a la que adhiere, la nacionalidad, el sexo que tiene una u otra persona.
Si va a hacer de esta doctrina una de las razones de ser de su vida, todos los días debe salir a la calle con el signo igual tatuado en el corazón. El vecino antipático de la esquina tiene una vida con una dignidad tan grande como la de sus hijos, su señora, sus padres, sus hermanos. Ninguno merece morir por tener una idea y pretender manifestarla libremente.
Esta idea no tiene partidos, no es de izquierda, no es de derecha, no es monopolio de ninguna de las fuerzas políticas en pugna por el poder en ningún lado. Otra cosita: es una doctrina para todos los días de la vida. Es decir, no vale proclamarla cuando los muertos son los nuestros y callarla cuando los nuestros son los asesinos.
Y disculpe que se lo diga así.
Pero no sé si capta.
Juan Manuel Aragón
A 28 de enero del 2026, en Pampa Múyoj. Cazando tormentas.
Ramírez de Velasco®


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