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HISTORIA Breve desamor

Temido momento

Cómo enfrentar con entereza momentos del amor que son aciagos, como el temido final de una relación


Lo entendí perfectamente, porque en el fondo siempre que llega ese temido instante final uno lo ve venir, lo adivina o, aunque sea, después piensa que debió darse cuenta, pero estaba entretenido haciendo otras cosas, porque pensaba que por el costado del amor todo estaba resuelto. Y no. Me ahorró el momento de las palabras dichas mil millones de veces en esas ocasiones, “necesito un tiempo para pensar en lo nuestro”, “no sos vos, soy yo”, “no te merezco”, “sos un buen tipo y vas a hallar otra mejor, ya vas a ver” y si en el horizonte, o no tanto, hay otro, el “soy una hija de puta” no falla, ponele la firma que te están gorreando. Es hora de ir inventando otras palabras para dejarse, pensé. Pero no sé.
Claro, eso era hace mil años, cuando la relación con una mujer se asentaba en la sólida base de que uno la quería la quería y detrás de cada comienzo había, aunque sea una levísima esperanza de que hubiera algo después. Ahora que son solamente intercambios de fluidos una noche en que quizás ella tomó más alcohol que él y pegaron onda, que es algo así como “nos caímos bien” quizás se den otras situaciones, vaya uno a saber.
Esa vez, como dije, me sorprendió, no tanto por la forma, porque esperaba algo así de una mujer que sabía usar tan bien las palabras, con maestría. Si hubiera tenido oportunidad, quizás habría sido una María Adela Agudo, una Clementina Rosa Quenel. Pero la poesía ha perdido peso específico en estos tiempos, lo mismo que el cuento, la novela, el ensayo y todo lo que huela a lectura. Una lástima, pienso, porque recitando sus versos en bares de mala muerte, con dos o tres peludos que se quieren dar de hippies a destiempo de la vida, no iba a triunfar como se merecía.

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La convivencia fue un paso importante cuando alquilaba una pieza al fondo del caserón de los hermanos Aguirre, en la Libertad, cerca de la Moreno. Tenía una habitación grande, con una heladera y dos camas que juntaron cuando ella se instaló un breve corredor y un baño que, para llegar hasta él, había que atravesar bajo una parra, pero era de uso exclusivo. A pesar de venir de dos mundos distintos coincidimos en algunos amigos a quienes, de tanto en tanto invitábamos a asados, guitarreadas y alguna sesión de lectura de poemas con sus conocidos en las que casi siempre me dormía.
Al final no me enfrentó personalmente, no me mandó un WhatsApp cortante, no se hizo humo sin decir palabra. Dejó una nota de tres palabras pegada en un imán de la heladera: con esa letra menuda con la que me había escrito poemas desde el día en que nos conocimos decía: “Te dejo, etcétera”. Entendí perfectamente, para qué abundar en palabras huecas, ¿no le parece?
©Juan Manuel Aragón
A 3 de octubre del 2023, en Malpaso. Amasando chipaco

Comentarios

  1. Será verdad que chapa bien clavada no vuela ???? Pero también está la " billetera mata galán". En fin...es duro, no es fácil...pienso que a los grandes hombres no los dejan...al turco Menem, no creo lo haya dejado...y si así ocurría, tenía 50 para reemplazo. Creo en la teoría del macho Alfa...

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