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POSTAL Los pelos del celular

Pelea de mujeres

Una mirada sobre cómo los enfrentamientos de mujeres pasaron de lo marginal a lo cotidiano, y de la calle al espectáculo grabado

De vez en cuando la prensa informa, con lujo de detalles, cómo las mujeres se agarran a las patadas a la salida de boliches, en la puerta de las escuelas o en cualquier parte. Antes se solía creer que esos altercados se daban en las clases más analfabetas de la sociedad, entre pobres chicas que no habían tenido oportunidad de tomar libros para elevarse espiritualmente o cuyas madres eran pobres rameras, dejadas de lado por la suerte. Hoy se han generalizado las escenas de pugilato, lucha libre o karate entre chicas que se supone medianamente educadas, a menudo cerca del colegio al que concurren.
Lo que más llama la atención es que muchos hombres, en vez de interponerse entre las luchadoras, se quedan en la orilla filmando las acciones con total tranquilidad. El hecho de sacar el celular justo cuando dos mujeres se están empezando a agarrar de los pelos demuestra una falta enorme de formación, indigna de un caballero. El varón que se precia de su nombre y de su sexo debe acudir presto, con sus amigos o solo, a separarlas. ¿Por qué?, bueno, porque cada una lleva en sí la posibilidad de engendrar vida, y esa circunstancia la hace pasible de defenderla incluso contra su voluntad.
Muchos curiosos —con un morbo exacerbado, además— miran esos videos intentando ver el rostro u otras partes de las peleadoras. En cambio, deberían recordar la cara de quienes tomaron su teléfono para dejar constancia de la atrocidad. El mundo se precia de haber llegado a una altísima cumbre de la civilización. Al parecer no es tan así cuando chicos que salen de una escuela que supuestamente debe inculcarles valores de solidaridad, de moral y de buenas costumbres, ante cualquier salvajada que ven por la calle, lo primero que se les ocurre es tomar imágenes para mostrarlas luego urbi et orbi.
No justifica la inacción de los varones el hecho de que las agresoras estén bajo los efectos del alcohol u otras sustancias; igualmente deben involucrarse para intentar separarlas o intentar que cese la agresión. Grabar lo que sucede muestra en quien lo hace una total falta de educación y lo vuelve peor que las protagonistas de la querella. El hecho de que todos los días aparezcan en internet riñas callejeras muestra que la comunidad, en vez de evolucionar, viene retrocediendo a pasos agigantados.
Una correcta instrucción ciudadana debería poner blanco sobre negro en estas cuestiones para advertir a los alumnos lo malsano que es filmar una agresión sin intentar al menos dar la voz de alto. En el fondo, se dirá que el problema no es que alguien haga una filmación de esta clase de actos reprochables, sino que haya mujeres borrachas en las calles. Pero esa es otra cuestión, quizás mucho más profunda, sobre la que cabría escribir otro día. Por hoy, suficiente.
Bueno, salió una editorial.
Mil disculpas.
Juan Manuel Aragón
A 23 de septiembre del 2025, en Atahona. Atando el sulky.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Estoy en total acuerdo con vos Juan Manuel, filmar una pelea callejera de mujeres, es convalidar un ilícito social. No es "divertido" ni motivo de risa.

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  2. ¿ y los pelos de los Coplanacu?

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