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1910 ALMANAQUE MUNDIAL Halley

Trayectoria del Cometa

El 11 de enero de 1910 la aparición del cometa Halley provoca suicidios, una ola de temor y episodios de pánico

El 11 de enero de 1910, la progresiva visibilidad del cometa Halley desató en varias partes del mundo una ola de temor con episodios de pánico, internaciones psiquiátricas, intentos de suicidio y suicidios consumados. El fenómeno astronómico, plenamente predecible, fue interpretado como una amenaza existencial por amplios sectores de la población, en un contexto de circulación desordenada de información científica y fuerte sensacionalismo periodístico.
El cometa Halley, de órbita periódica calculada desde el siglo XVIII, había sido anunciado con antelación por observatorios europeos y norteamericanos. Su retorno estaba previsto para 1910 y los astrónomos sabían que la Tierra atravesaría su cola en mayo de ese año. A fines de 1909 comenzaron a publicarse artículos divulgativos sobre su composición gaseosa y su cercanía relativa al planeta.
El dato decisivo que alimentó el miedo fue la detección espectroscópica de cianógeno en la cola del cometa, una sustancia tóxica en determinadas concentraciones. Aunque los científicos aclararon que la densidad era insignificante, la noticia fue presentada en muchos diarios como una amenaza directa a la atmósfera terrestre.
Durante los primeros días de enero de 1910, el cometa comenzó a hacerse visible a simple vista en distintos puntos del hemisferio norte. El 11 de enero marcó un punto de inflexión: la observación directa reforzó las versiones apocalípticas y dio lugar a conductas extremas documentadas por la prensa de la época.
Registros periodísticos de Francia, Alemania, Italia y Estados Unidos consignaron suicidios y tentativas de suicidio atribuidas explícitamente al miedo provocado por el cometa. En varios casos, las víctimas dejaron notas en las que mencionaban el fin del mundo o la imposibilidad de sobrevivir a los gases anunciados.
El pánico no se limitó a Europa. En América Latina, los diarios de Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro y Santiago reprodujeron cables alarmistas. Se registraron reuniones religiosas multitudinarias, cierre voluntario de comercios, suspensiones de clases y episodios de histeria colectiva.
En paralelo, se desarrolló un mercado de productos “protectores”. Se vendieron máscaras, amuletos, píldoras supuestamente antitóxicas y botellas de aire puro. En París y Nueva York se ofrecían refugios improvisados y se organizaron conferencias pagas para “prepararse” ante el paso del cometa.
Las autoridades científicas intentaron intervenir. Astrónomos como Camille Flammarion y Percival Lowell publicaron artículos aclaratorios y brindaron conferencias públicas. Aun así, la confianza en la ciencia era limitada y el discurso técnico no lograba neutralizar el impacto emocional del mensaje catastrofista.
El cruce efectivo de la Tierra por la cola del Halley ocurrió entre el 18 y el 19 de mayo de 1910, sin que se registrara ningún efecto físico sobre la atmósfera, la salud humana ni el entorno natural. Los instrumentos meteorológicos y químicos no detectaron alteraciones relevantes.
Los observatorios de París, Greenwich y Mount Wilson documentaron el fenómeno con mediciones detalladas de luminosidad, composición y trayectoria. Esos registros permitieron confirmar la extrema tenuidad de la cola cometaria y quedaron incorporados a los archivos astronómicos internacionales como parte del seguimiento científico del paso de 1910.
Ramírez de Velasco®

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