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1939 ALMANAQUE MUNDIAL Polanco

Anselmo Polanco

El 7 de febrero de 1939, muere Anselmo Polanco, mártir español, prisionero de los rojos, muerto sin juicio ni defensa

El 7 de febrero de 1939, murió Anselmo Polanco Fontecha, en plena Guerra Civil Española. Era obispo de Teruel y fue ejecutado en un acto de violencia que marcó su martirio. Fue un mártir español, prisionero de los rojos, muerto sin juicio ni defensa. Había nacido el 16 de abril de 1881 en Buenavista de Valdavia, Palencia.
Dedicó su vida a la fe como sacerdote agustino y pastor. Ordenado en 1904, su trayectoria lo llevó desde las aulas de Valladolid hasta las misiones en Filipinas y, finalmente, al obispado de Teruel en 1935. Su decisión de permanecer con su pueblo durante el conflicto lo condujo a un trágico desenlace.
Cuando Teruel cayó en manos de los rojos el 8 de enero de 1938, Polanco fue arrestado junto a su vicario general, Felipe Ripoll, y otros religiosos. Durante 13 meses, soportó la prisión que le impusieron los socialistas en Valencia y Barcelona, enfrentando interrogatorios y presiones para renegar de su fe y de una carta pastoral que condenaba la persecución religiosa.
Firme en sus convicciones, se mantuvo sereno, rezando y confortando a sus compañeros de cautiverio. A principios de 1939, con el avance de las tropas franquistas, los prisioneros fueron trasladados hacia el norte, cerca de la frontera francesa, en un intento de las fuerzas republicanas por mantener el control sobre ellos.
El 7 de febrero, en Pont de Molins, Gerona, en el barranco de Can Tretze, se ejecutó la orden de eliminar a los prisioneros. Anselmo Polanco, de 57 años, fue uno de los más de 40 hombres sacados de los camiones que los trasladaban. Los llevaron al borde del barranco, un lugar aislado entre pinares, donde un pelotón republicano los aguardaba. Allí, sin juicio ni formalidades, Polanco y los demás fueron alineados y fusilados con ráfagas de ametralladora.
Testimonios de la época relatan que el obispo enfrentó su muerte con entereza, encomendándose a Dios. Tras el fusilamiento, los cuerpos fueron rociados con gasolina y quemados en una pira improvisada, en un intento de borrar evidencias. Los restos calcinados quedaron esparcidos en el barranco, dificultando su identificación inicial.
Días después, vecinos del lugar recuperaron lo que pudieron de los restos, que fueron trasladados a Teruel en 1940. Los de Polanco y Ripoll descansan hoy en la cripta de la catedral de Santa María de Mediavilla.
Su ejecución, un reflejo de la persecución religiosa a que son tan afectos los socialistas, y más durante las guerras, fue reconocida como martirio por la Iglesia. El 1 de octubre de 1995, Juan Pablo II lo beatificó, y su memoria litúrgica se celebra cada 7 de febrero.
El barranco de Can Tretze permanece como un lugar de memoria, pues su sacrificio, al dar la vida por su fe y su rebaño, sigue siendo recordado como un testimonio de entrega y fortaleza.
Juan Manuel Aragón
Ramírez de Velasco®

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