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| Menem y Duhalde cuando se llevaban bien |
El 9 de enero del 2002, Carlos Menem critica a Eduardo Duhalde, y lo califica de "inepto" para conducir los destinos del país
El 9 de enero del 2002, el expresidente Carlos Saúl Menem lanzó duras críticas contra la gestión de Eduardo Duhalde, calificándolo de "inepto" para conducir los destinos del país en medio de la crisis económica. Las declaraciones, realizadas desde La Rioja, profundizaron la fractura del Partido Justicialista en un momento de extrema fragilidad institucional. Menem cuestionó las primeras medidas del gobierno provisional, especialmente la salida de la Convertibilidad, y vaticinó un agravamiento de la situación financiera. Fue el comienzo de un enfrentamiento público que definiría la interna partidaria durante los meses previos a las elecciones.Apenas una semana después de que la Asamblea Legislativa ungiera a Duhalde como presidente, se rompió el silencio para marcar una distancia rotunda con la nueva administración nacional. Se utilizaron diversos medios de comunicación para expresar que el equipo económico liderado por Jorge Remes Lenicov carecía de un plan sólido para detener la inflación y la devaluación. Se aseguró que la ruptura del esquema cambiario vigente representaba un salto al vacío que perjudicaría a los sectores medios y trabajadores. Para el riojano, la incapacidad de la gestión era su falta de visión internacional y su apego a recetas obsoletas.Desde su residencia riojana, sostuvo que la administración de Duhalde no tenía la legitimidad de los votos, calificándola de "gobierno de transición fallido" antes de cumplir sus primeros diez días. Se argumentó que la única salida democrática para la Argentina era el llamado a elecciones, a las que Menem se postulaba como la opción de orden. La descalificación personal hacia el presidente en funciones formó parte de una estrategia orientada a capitalizar el descontento social generado por el "corralito" bancario y la pesificación de las deudas.
La Casa Rosada respondió con cautela, intentando minimizar el impacto de los ataques. Pero las declaraciones dominaron las portadas de los principales matutinos porteños ese miércoles 9 de enero. El enfrentamiento puso en evidencia que el acuerdo que había permitido la salida de la crisis de diciembre del 2001 no incluía al sector del peronismo que seguía respondiendo al expresidente. La acusación de "ineptitud" se basó en la supuesta parálisis operativa que mostraba el Poder Ejecutivo frente a las presiones del Fondo Monetario Internacional.
En el ámbito legislativo, los bloques afines a cada dirigente comenzaron a distanciarse, complicando el tratamiento de las leyes de emergencia económica que el gobierno necesitaba. Se insistió en que el país estaba siendo conducido por un grupo de dirigentes que no entendían el funcionamiento del mundo globalizado. Se propuso, como alternativa a la política de Duhalde, una dolarización total de la economía para evitar la hiperinflación. Esta propuesta fue el eje sobre el cual se construyó la crítica a la supuesta impericia del gabinete nacional.
La tensión alcanzó un punto crítico cuando se sugirió que el gobierno estaba "atado con alambre" y que no resistiría la presión de los mercados. El 9 de enero quedó registrado como el día en que la tregua política post-2001 finalizó de manera oficial. Los datos económicos de aquella jornada mostraban un dólar en ascenso y una incertidumbre total sobre los ahorros bancarios. Se aprovechó este escenario de desprotección para presentar al menemismo como el único garante de la estabilidad perdida tras su salida del poder.
Durante las entrevistas, Menem evitó mencionar responsabilidades en el endeudamiento previo, centrando el peso de la crisis en las decisiones tomadas desde el inicio del 2002. Manifestó que la ineptitud señalada se extendía a la política de seguridad y a la contención de la protesta social. El lenguaje utilizado fue inusualmente directo, abandonando el tono diplomático que solía caracterizar sus intervenciones. Señaló que cada día bajo la gestión de Duhalde representaba un retroceso para el posicionamiento de Argentina en el exterior.
El impacto de la crítica se sintió en la bolsa de valores, pues la volatilidad aumentó ante la percepción de un vacío de poder político. Los analistas coincidieron en que la calificación de "inepto" buscaba forzar una renuncia anticipada o un cambio radical en la conducción económica. Duhalde intentó mantener el foco en la negociación con los bancos, evitando entrar en un debate personal. No obstante, la fractura del justicialismo quedó expuesta ante una sociedad que todavía se manifestaba en las calles con cacerolazos.
Ese día hubo también informes sobre la intención de voto de Menem, que mostraban un núcleo duro de apoyo a pesar de la situación. La estrategia de atacar la idoneidad de su sucesor buscaba consolidar esa base electoral frente a un gobierno que no lograba estabilizar el tipo de cambio. Había una atmósfera de enfrentamiento interno que definiría la política nacional.
La jornada cerró con una incertidumbre redoblada tras las definiciones del expresidente desde su provincia. Las crónicas de los enviados especiales detallaron que el ánimo en la Casa de Gobierno era de hermetismo frente a las provocaciones periodísticas. La calificación de ineptitud lanzada aquel día se transformó en una etiqueta que acompañó los debates televisivos durante meses.
Ramírez de Velasco®


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