![]() |
| Mitigando la temperatura |
El 11 de enero de 2022, en la Argentina, hubo una ola de calor de carácter asociada a un sistema persistente de altas presiones
El 11 de enero de 2022, en la Argentina, se consolidó una ola de calor de carácter histórico asociada a un sistema persistente de altas presiones y a la influencia del fenómeno climático La Niña, que provocó temperaturas extremas en amplias regiones del país. Durante varios días consecutivos, el territorio argentino registró los valores térmicos más elevados del planeta en términos de temperaturas máximas generalizadas, una situación excepcional por su extensión y duración.El fenómeno se dio en un verano marcado por precipitaciones deficitarias y suelos con bajo contenido de humedad. La presencia de La Niña en el océano Pacífico ecuatorial había modificado los patrones atmosféricos habituales, favoreciendo condiciones de estabilidad, cielos despejados y escasa circulación de masas de aire frío sobre el centro y norte del país.Desde comienzos de enero, los registros térmicos comenzaron a superar los promedios históricos. El 11 de enero se alcanzaron máximas superiores a los 45 grados en algunos lugares del norte, mientras en gran parte del centro del país superó los 40 grados, en provincias como Santa Fe, Córdoba, Santiago del Estero, Chaco y Formosa.
En la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, las temperaturas máximas superaron los 41 grados, con sensaciones térmicas aún mayores debido a la humedad residual. Se trató de uno de los valores más altos registrados en la región metropolitana desde que existen mediciones sistemáticas.
La persistencia del sistema de alta presión impidió el ingreso de frentes fríos durante varios días. Las noches resultaron excepcionalmente cálidas, con mínimas elevadas que dificultaron el descenso térmico y agravaron el impacto fisiológico del calor sostenido sobre la población.
El Servicio Meteorológico Nacional emitió alertas rojas por temperaturas extremas en vastas regiones del país. Las recomendaciones oficiales incluyeron restricciones de actividades al aire libre, especial atención a personas mayores, niños y pacientes con enfermedades crónicas, y medidas de hidratación constante.
El consumo energético rompió récords. El sistema eléctrico nacional sufrió cortes preventivos y fallas en distintas provincias, producto de la demanda sostenida para refrigeración. En áreas urbanas densamente pobladas, los apagones profundizaron los efectos del calor extremo.
En el sector productivo, la ola de calor afectó cultivos, ganado y reservas hídricas. Se registraron mortandades de animales, pérdidas agrícolas y estrés térmico en explotaciones rurales, en un contexto ya complicado por la sequía asociada a La Niña.
Durante esa semana, los mapas térmicos globales elaborados por organismos meteorológicos internacionales mostraron a la Argentina como la región con temperaturas más elevadas del planeta en superficie continental, una situación inusual por su alcance geográfico y continuidad temporal.
En los días posteriores, hospitales y servicios de emergencia informaron de un aumento significativo de consultas por golpes de calor, deshidratación y descompensaciones cardiovasculares. Varias provincias habilitaron centros de enfriamiento y modificaron horarios laborales. El fenómeno impulsó además estudios específicos del Servicio Meteorológico Nacional sobre islas de calor urbano y resiliencia energética, y aceleró debates técnicos sobre planificación eléctrica, adaptación climática y actualización de protocolos sanitarios frente a acontecimientos extremos cada vez más frecuentes en el Cono Sur.
Ramírez de Velasco®


Comentarios
Publicar un comentario