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CONSPIRACIÓN Los israelíes vienen por la Patagonia

Ilustración

Una narración persistente transforma hechos comunes en amenazas, con prejuicios convenientemente aceptados

Para cierta imaginación siempre alerta, el fuego no se propaga por viento, sequía o negligencia. Siempre hay una conspiración. Como casi todo en ese universo, el culpable es el de siempre. La respuesta aparece rápido. Según ellos: ¿incendios en el sur?, los judíos. Cada vez que hay uno al sur del río Colorado, si no andaban cerca, le pasaron raspando. Porque quieren venir a instalarse en la Patagonia, ¿no lo sabía? Pero qué barbaridad, che. Es tan fantasioso que hasta suena ilógico que ellos quieran dejar todo allá, en su tierra sagrada, Israel, Jerusalén, todo eso, y venirse para aquí. Total, en medio año construyen una nueva Tel Aviv en medio del desierto; traen sus técnicas, sus kibutzim, sus científicos, su gente, sus sinagogas y chau. Para qué tanto pelear con los palestinos, amigo, si el verdadero proyecto estaría aquí.
Además, en el libro de los protocolos de los sabios de Sión está todo. Pero, che, dicen los que dicen que saben. No diga que no estaba enterado, le preguntarán con fingido asombro. Es un texto que pocos se han tomado el trabajo de leer, pero lo comentan como si no hubieran hecho otra cosa en la vida más que estudiarlo. Viene a ser la madre de todas las teorías conspirativas que dan vueltas en el mundo. Si en una conversación se comienza afirmando que Alfredo Yabrán vive todavía, irremediablemente terminará en los protocolos de los sabios de Sión, porque lo hacen decir cualquier cosa; total, quién le va a discutir si nadie lo ha leído.
En el libro, los supuestos sabios de Sión afirman —falsamente— que hay una conspiración judía mundial. Ese texto se gestó como falsificación antisemita en la Rusia zarista, plagio de sátiras francesas. Fue difundido por la policía política para justificar persecuciones, manipular miedos sociales y legitimar pogromos y violencia, con consecuencias históricas devastadoras. Y persistentes, como se ve últimamente.
De vez en cuando, las publicaciones de medios destinados a dar a publicidad las conspiraciones en el mundo señalan, supuestamente preocupadas, la presencia de militares israelíes de vacaciones en algún lugar de la Patagonia. Luego indican que son enviados que supuestamente estudian la posibilidad de instalarse en algún indeterminado lugar y hacer cabecera de playa, para cuando venga el resto. La noticia es reciclada cada dos o tres años cuando falta una nota y hay que rellenar el espacio con algo. Nadie va a ir a Esquel, Bariloche o cualquier otro pueblo a comprobar si es cierto. Pero, además, podría ser cierto que algún oficial o soldado israelí visitara la Patagonia cuando está de vacaciones, si es un lugar hermoso, digno de ser visitado. También es posible que algún iraní, alemán, etíope o turco ande de turista. Y nadie se escandaliza.
Otra cosita: ¿qué lograrían los israelíes al incendiar bosques en la Patagonia? En este tiempo de antisemitismo explícito dando vueltas en todo el mundo, lo que más rinde en términos políticos y propagandísticos es el odio hacia los israelíes. Diga cualquier cosa en su contra y al instante le aportarán detalles: “Eso de la Patagonia es viejo, ¿sabías que el Judío Errante pasó por la Argentina? Ah, ¿no sabes quién es?”. A partir de ese instante, prepárese para oír otra suposición llevada a las alturas, hecho científico supuestamente verdadero y, por supuesto, falsamente comprobado. Que ríase de los novelistas. García Márquez, un poroto. Ya que se trata el tema: “¿No le llama la atención que tantos tucumanos vayan a Las Termas de Río Hondo todos los fines de semana? El cuñado de un amigo que trabaja en la Casa de Gobierno de la vecina provincia dice que ha visto los papeles. En cualquier momento se la apropian también”.
Juan Manuel Aragón
A 26 de enero del 2026, en Ambargasta. Oyendo el coyuyar la tarde.
Ramírez de Velasco®

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