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POLÍTICA Luces y sombras de Santiago

Juan Gómez, autor de esta nota, con Raúl Alfonsín

El autor desgrana algunas experiencias de cuando recorrió la provincia recogiendo datos que luego servirían para la proyección de obras

Por Juan Gómez Santucho
Luz y sombra

¿Qué me dejó mi trabajo en la política? Aprendí a estar solo cuando dejaron de llamarme. Llegue a entender como alguien se quedaba cuando vieron que todo iba bien. aprendí a quedarme sin nadie. Esta situación me enseñó a comunicar y eso es lo que estoy haciendo. Eso sí. Me dolió entender que en política uno era menos de lo que pensaba.
Hoy sentado en El Timbó y con mis pensamientos, hablo conmigo.
Rendirse no es la opción. La soledad me enseño que el único que nunca se fue, fui yo. Que a veces saberlo es la forma honesta de vivir. ¿Qué me dio la política? Conocer quién es quién. Que abundan los traidores. Nadie piensa en la angustia y necesidades de la gente. Por ahí hay una canción popular que dice “qué saben ellos”.
Aprendí a conocer a mi provincia como la palma de la mano. Diría Carlos Juárez y José Zavalía.

Como la palma de la mano
Fue en 1997 durante 15 días subido a una camioneta con un fotógrafo. Salí por el norte y volví por sur Desplazándome por el mapa de mi querido Santiago. El material recogido fue enviado a las autoridades nacionales para la planificación de obras. En Santiago: Canal de la patria, etc. centros cívicos, escuelas, hospitales, apoyo a cooperativas forestales, etc.

Una luz
Fue en Nueva Esperanza, Pellegrini donde comprobé como en un santiamén se había producido la ampliación de la frontera agropecuaria con los argelinos. Vaya si nos dejaron enseñanza. Vinieron con mapas satelitales que indicaban dónde estaban las tierras productivas en Santiago. Dónde había agua potable. Recuerdo que cuando trabajaba en Recursos Hídricos, los ingenieros andaban tanteando donde había agua en suelo santiagueño. Comenzaron a florecer los tanques australianos con agua potable. Tenían a mano el comportamiento del clima santiagueño. Los picos de calor y las lluvias. Nada librado al azar. Vivían ingenieros agrónomos y empleados en motor home. Eran como hoteles. Allí tenían instalada un teletipo que le comentaban a sus dueños en París, como iba este emprendimiento. Sembraban soja, poroto de alubia, sorgo. Ya venían con los mercados de colocación en Japón, Israel, China. Otra zona que recibió a brasileños y santafecinos fue la de Quimilí, pero sin el comportamiento de los argelinos. Hoy todo ha cambiado por la especulación y el mal aprovechamiento de los políticos y algunos empresarios y funcionarios.

Me perdí
La sombra. Me perdí por cada paraje, caminos de tierra interminables y los ranchos levantados y sembrados como si fuera al galope. Este comportamiento del hombre del Santiago profundo tiene que ver con su retraimiento social. Es un comportamiento que implica la tendencia de alejarse de las interacciones sociales y evitar situaciones que requieran compromiso emocional. ¡Qué pobreza! El olvido y abandono de estos santiagueños. Los gobiernos no generan oportunidades para mejorar. Esta situación se puede ver en el espejo de los temas folclóricos de Lázaro Moreno con su Yuma Gómez que dice “su rancho es tan pobre que nadie le sabe llegar. Cerquitas de las elecciones seguro que van a andar”.
El otro espejo de esta realidad, el tema del maestro el Duende Garnica con “El Olvidao” donde nos habla y nos hace saber cómo este hombre y mujer del Santiago profundo deben inventar no siempre un guiso para poder subsistir y no rendirse.

Una buena
No sería buen santiagueño si no dijera que si se han producido cambios. Todo lo que se haga es nada frente a la tremenda pobreza del interior. Por aquello que el poeta de los caminos don Atahualpa dijo que “Dios no pasó por aquí” Se han mejorado algunos lugares turísticos. Ahora cuando uno transita por las rutas 9 y 34 puede notificarse que pueblo-ciudad está pasando. Con luz eléctrica, una artística entrada y la pavimentación hacia adentro. Es palpable que hoy hay en pie un programa de erradicación de los ranchos. Se los trae a la vera de los caminos frente a los pueblos como buscando una integración social, con viviendas dignas, de material, con techos de chapas. Un pequeño calicanto donde recoger las aguas de las lluvias para beber y los quehaceres del hogar. La integración social se ve complementada con el crecimiento económico de esta población que estuvo marginada durante muchos años. Hoy pueden vender sus productos regionales y artesanales que exhiben cerca de la ruta, llevando bienestar a sus familias. Hay un crecimiento comercial y poblacional.
Ramírez de Velasco®

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