
El original en inglés
El Padrino expone jerarquías ocultas, pactos decisivos, silencios funcionales y decisiones firmes que moldean sociedades complejas mediante códigos inalterables
La economía informal generada por las mafias mueve sumas de dinero que necesitan ser inyectadas en el sistema bancario sin despertar sospechas. La maquinaria del lavado se convierte en una industria paralela, una anticipación de la moderna corporación del crimen, donde la diferencia entre un gerente implacable y un capo criminal es, casi siempre, apenas un matiz de protocolo. A veces, desmontar ese engranaje queda en manos de los mismos que durante años se beneficiaron de su funcionamiento.
En lo literario, la novela propone una torsión respecto de la tradición narrativa. No es la victoria de los malos sobre los buenos. Lo que aparece en sus páginas es la descripción de un orden mafioso seguida de sus razones. La mafia no se presenta como excepción, sino como una forma viable de entender el mundo. No es la banalización del mal: es su razonamiento, su arquitectura interna y, trágicamente, su costo moral.
El narrador, de hecho, no solo expone lo que ocurre: lo justifica como un mecanismo de supervivencia. Es como si dijera: “No discuto el hecho, explico por qué era inevitable”. Y, en un nivel más profundo, insinuara: “Lo que sucede en estas páginas es lo que debía suceder para proteger a los propios, aunque el precio sea el alma”.
Ahí está el golpe más perturbador del libro: transforma la transgresión en lógica, la ilegalidad en sistema, la violencia en argumento. Y, a la vez, obliga a preguntarse por qué se entiende tan bien ese mundo, por qué se lo reconoce con tanta facilidad. Tal vez porque existe, en secreto, una envidia por esa capacidad de resolución inmediata: ese poder de “hacer una oferta que no se puede rechazar” cuando la vida real solo ofrece trámites y demoras.
En el fondo, el libro habla menos de mafiosos que de las fantasías de control del hombre moderno.
Juan Manuel Aragón
A 8 de enero del 2026, en la Colón y Libertad. Olfateando el ambiente.
Ramírez de Velasco®


De vez en cuando tengo oportunidad de ver la primera película El Padrino. Es inevitable para mí relacionarla con una época hermosa, pero también es muy interesante prestar atención a los consejos de don Corleone a sus hijos. Voy a buscar el libro. Se me ha despertado la curiosidad.
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