Ir al contenido principal

DECENCIA El manual olvidado

Ilustración nomás

Repaso de costumbres de buena educación que se perdieron culpa de las gaseosas en la mesa, los chistes gastados y como curarse del “todxs”

Estos son tiempos en que la prisa parece haber arrasado con los pequeños gestos, el bullicio de la vida moderna ha desplazado las normas elementales de convivencia. Es saludable recordar ciertas costumbres que alguna vez dieron forma a la buena educación en estos pagos. La memoria conserva esas escenas: el saludo cordial, la mesa bien puesta, el trato respetuoso. Hoy, cuando el desparpajo y la improvisación parecen haber tomado la delantera, rescatar estas prácticas no es un capricho, sino una forma de reconciliarnos con un modo de vida más ordenado y, sobre todo, más cristiano. A continuación, algunas modas que debieran volver uno de estos días, cuando los argentinos se decidan nuevamente a tratarse de acuerdo con las normas de la buena educación.
Salude con un “buenos días” a conocidos y desconocidos. Dé las gracias cuando le entreguen algo, aunque tenga todo el derecho del mundo a recibirlo. Jamás tome las copas por el tallo, siempre por el cuerpo. Cuando pase la fuente con las presas de pollo, no elija: pinche con el tenedor una cualquiera, sin fijarse bien. Así, el próximo comensal no tendrá la sensación de estar comiendo lo que usted despreció. Es decir, no hurgue hasta hallar el ala, la pata o la rabadilla.
Jamás hable de política, mucho menos si sus opiniones son tan extremas como para sentenciar: “a esos habría que fusilarlos, ¿sabes cómo?, con paredones móviles”. O arruina la reunión o lo hacen callar de un seco, elija. En las casas decentes, cuando hay invitados, se ponen servilletas limpias de tela, jamás de papel. Después de pegar una mordida a la empanada, no le agregue limón: es costumbre de tucumano malevo.
Nunca se queje del calor, por más que hagan 60 grados a la sombra. Es costumbre de gente de baja ralea, que no lo refrescará, sino que lo hará sentir más bochorno. Si le dan las gracias, diga simplemente “de nada”, en vez del “no, por favor”, que inventaron los porteños. Dígale pan al pan y no “producto panificado”; y al vino, vino, en vez de “tinto” o “blanco”. Y así todo: escuela y no “establecimiento educacional”, soda y no “agua con gas”, policía y no “agente del orden”, etcétera.
Pida “por favor” siempre. Cuando conozca a alguien, sea viejo o joven, hombre o mujer, trátelo de usted: uno nunca sabe. Levántese de la silla cada vez que alguien nuevo llegue a una reunión y no se siente hasta que el otro también lo haya hecho. Nunca hable ni escriba “todas y todos”: lo harán parecer un bobo. Si además dice “todes”, se confirmará que tiene un problema grave en las entendederas. Y si pone “todxs” (que nadie sabe cómo se pronuncia), hágase ver antes de que sea demasiado tarde, capaz que con un tratamiento con pastillas o con masajes le pasa.
Si le preguntan si prefiere vino tinto, rosado o blanco, le están dando la elegida: no diga “segual, total no es para pintar”, tampoco “en ese orden”. No sea guarango. Ceda siempre el asiento a las damas. Nunca largue un “provecho” cuando entre a un lugar en que otros están comiendo: es de muy mala educación. En la actualidad sólo lo dicen los mozos de fonda como las que sabía haber debajo de la tribuna de Central Córdoba.
Suba las escaleras detrás de las damas y bájelas delante de ellas. Camine del lado de la pared. No dé jamás la mano estando sentado. Sirva el agua y el vino del derecho, nunca del revés, como hacen los camareros en la mesa de Mirtha Legrand. En una cena, en un asado, en un almuerzo, no ponga música fuerte ni despacito: la gente ha ido a comer, a conversar, a departir, a conocerse. A la hora del baile, sí, ponga el equipo a todo lo que da.
No mire el escote de su cuñada: puede darse cuenta su señora y quedará orsai innecesariamente, su cuñada jamás le dará bola. Trate de no poner gaseosas en la mesa. Si lo hace, que sea en una jarra. Nunca empiece una frase expresando “yo por ejemplo” o “me parece”. El “yoporejemplismo” y el “meparecismo” son defectos graves del habla porque, primero, usted no es ejemplo de nada; segundo, diga lo que tiene que decir: está implícito que es lo que le parece a usted, no al vecino.
Coma el asado como se lo traigan. Jamás opine que le gusta seco, a punto, jugoso o “vaca balando”. Tampoco diga que el chunchuli, el riñón o la morcilla le dan asco: diga que no quiere y chau. Cuando una mujer se desnude por primera vez frente a usted, no le diga: a) “habías sabido ser gordita vos, ¿no?”, b) “¿ese corte es media americana?”, c) “¡usas corpiño Peter Pan!, la misma marca que mi mujer”, o d) “qué buenas gomas, che, ¿son tuyas o de plástico?”.
No hable con la boca llena ni señale con el cuchillo o con el tenedor. Sólo en casas de baja estofa los hombres comen en camiseta, en pijama o con el torso desnudo. En la suya, por supuesto que no. No diga “coma, sin vergüenza”: es un chiste muy viejo. Eso de pedir “aplausos para el asador”, si bien no es mala educación del todo, es simplote: evítelo si puede. No tome cerveza del pico en el almuerzo, tampoco en vaso: no es bebida para la mesa de alguien decente.
Si alguien toma una guitarra y se dispone a propinar música, no pida “una que sepamos todos”, porque ya la sabe. Mejor solicítele “una que no sepa nadie”: así se abre a la feliz sorpresa de lo nuevo y aprende. Siempre pida disculpas de forma llana, diga: “Sé que te ofendí, perdón”. No vale la fórmula “perdón si en algo te he lastimado”: es como decir “lo hice sin querer”, y usted sí quería agraviarlo, ¡vamos!
Si le gusta la Coca con Ferné, bien por usted. Pero no trate de imponer su gusto al resto del mundo: hay gente que, quizás con alguna razón, la tiene por un brebaje insufrible. Cuando toquen una chacarera no palmotee: es una falta de respeto grosera interrumpir la música de los artistas. En todo caso, que se las arreglen si quieren seguir el ritmo: para eso son artistas. Ceda el paso siempre, especialmente a los peatones, si conduce un vehículo.
Si hay más normas de convivencia que valdría la pena restaurar en este barrio, agréguelas más abajo, que hay lugar. De paso todos recordamos o aprendemos.
Juan Manuel Aragón
A 28 de septiembre del 2025, en la Mitre y Roca. Cruzando la calle.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

FÁBULA Don León y el señor Corzuela (con vídeo de Jorge Llugdar)

Corzuela (captura de vídeo) Pasaron de ser íntimos amigos a enemigos, sólo porque el más poderoso se enojó en una fiesta: desde entonces uno es almuerzo del otro Aunque usté no crea, amigo, hubo un tiempo en que el león y la corzuela eran amigos. Se visitaban, mandaban a los hijos al mismo colegio, iban al mismo club, las mujeres salían de compras juntas e iban al mismo peluquero. Y sí, era raro, ¿no?, porque ya en ese tiempo se sabía que no había mejor almuerzo para un león que una buena corzuela. Pero, mire lo que son las cosas, en esa época era como que él no se daba cuenta de que ella podía ser comida para él y sus hijos. La corzuela entonces no era un animalito delicado como ahora, no andaba de salto en salto ni era movediza y rápida. Nada que ver: era un animal confianzudo, amistoso, sociable. Se daba con todos, conversaba con los demás padres en las reuniones de la escuela, iba a misa y se sentaba adelante, muy compuesta, con sus hijos y con el señor corzuela. Y nunca se aprovec...

IDENTIDAD Vestirse de cura no es detalle

El perdido hábito que hacía al monje El hábito no es moda ni capricho sino signo de obediencia y humildad que recuerda a quién sirve el consagrado y a quién representa Suele transitar por las calles de Santiago del Estero un sacerdote franciscano (al menos eso es lo que dice que es), a veces vestido con camiseta de un club de fútbol, el Barcelona, San Lorenzo, lo mismo es. Dicen que la sotana es una formalidad inútil, que no es necesario porque, total, Dios vé el interior de cada uno y no se fija en cómo va vestido. Otros sostienen que es una moda antigua, y se deben abandonar esas cuestiones mínimas. Estas opiniones podrían resumirse en una palabra argentina, puesta de moda hace unos años en la televisión: “Segual”. Va un recordatorio, para ese cura y el resto de los religiosos, de lo que creen quienes son católicos, así por lo menos evitan andar vestidos como hippies o hinchas del Barcelona. Para empezar, la sotana y el hábito recuerdan que el sacerdote o monje ha renunciado al mundo...

ANTICIPO El que vuelve cantando

Quetuví Juan Quetuví no anuncia visitas sino memorias, encarna la nostalgia santiagueña y el eco de los que se fueron, pero regresan en sueños Soy quetupí en Tucumán, me dicen quetuví en Santiago, y tengo otros cien nombres en todo el mundo americano que habito. En todas partes circula el mismo dicho: mi canto anuncia visitas. Para todos soy el mensajero que va informando que llegarán de improviso, parientes, quizás no muy queridos, las siempre inesperadas o inoportunas visitas. Pero no es cierto; mis ojos, mi cuerpo, mi corazón, son parte de un heraldo que trae recuerdos de los que no están, se han ido hace mucho, están quizás al otro lado del mundo y no tienen ni remotas esperanzas de volver algún día. El primo que vive en otro país, el hermano que se fue hace mucho, la chica que nunca regresó, de repente, sienten aromas perdidos, ven un color parecido o confunden el rostro de un desconocido con el de alguien del pago y retornan, a veces por unos larguísimos segundos, a la casa aquel...

SANTIAGO Un corazón hecho de cosas simples

El trencito Guara-Guara Repaso de lo que sostiene la vida cuando el ruido del mundo se apaga y solo queda la memoria de lo amado Me gustan las mujeres que hablan poco y miran lejos; las gambetas de Maradona; la nostalgia de los domingos a la tarde; el mercado Armonía los repletos sábados a la mañana; las madrugadas en el campo; la música de Atahualpa; el barrio Jorge Ñúbery; el río si viene crecido; el olor a tierra mojada cuando la lluvia es una esperanza de enero; los caballos criollos; las motos importadas y bien grandes; la poesía de Hamlet Lima Quintana; la dulce y patalca algarroba; la Cumparsita; la fiesta de San Gil; un recuerdo de Urundel y la imposible y redonda levedad de tus besos. También me encantan los besos de mis hijos; el ruido que hacen los autos con el pavimento mojado; el canto del quetuví a la mañana; el mate en bombilla sin azúcar; las cartas en sobre que traía el cartero, hasta que un día nunca más volvieron; pasear en bicicleta por los barrios del sur de la ciu...

FURIA Marcianos del micrófono y la banca

Comedor del Hotel de Inmigrantes, Buenos Aires, 1910 Creen saber lo que piensa el pueblo sólo porque lo nombran una y otra vez desde su atril, lejos del barro en que vive el resto Desde las olímpicas alturas de un micrófono hablan de “la gente”, como si fueran seres superiores, extraterrestres tal vez, reyes o princesas de sangre azul. Cualquier cosa que les pregunten, salen con que “la gente de aquí”, “la gente de allá”, “la gente esto”, “la gente estotro”. ¿Quiénes se creen para arrogarse la calidad de intérpretes de “la gente”? Periodistas y políticos, unos y otros, al parecer suponen que tienen una condición distinta, un estado tan sumo que, uf, quién osará tocarles el culo con una caña tacuara, si ni siquiera les alcanza. Usted, que está leyendo esto, es “la gente”. Su vecino es “la gente”. La señora de la otra cuadra es “la gente”. Y así podría nombrarse a todos y cada uno de los que forman parte de esa casta inferior a ellos, supuestamente abyecta y vil, hasta dar la vuelta al m...