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¿LIBERTAD? Un sacerdote podría ir a la cárcel por denunciar al islam

Custodio Ballester

Un cura de Barcelona, acusado de odio por alertar sobre el islamismo, enfrenta tres años de prisión: ¿es justicia o censura?

Málaga/Barcelona, 22 de septiembre del 2025. En un país donde la libertad de expresión se tambalea bajo el peso de leyes controvertidas, el padre Custodio Ballester, sacerdote de la Arquidiócesis de Barcelona, se prepara para un juicio que podría costarle tres años de prisión. Acusado de un delito de odio por un artículo escrito en 2016, el religioso enfrenta a la Fiscalía de Málaga, que lo señala por haber advertido que "el islam radical pretende destruir la civilización cristiana y arrasar con Occidente". El proceso oral, programado para el 1 de octubre en la Audiencia Provincial de Málaga, ha desatado un torbellino de debate sobre los límites de la palabra en España.
El origen del caso remonta a diciembre de 2016, cuando Ballester publicó en el portal Somatemps el texto El imposible diálogo con el Islam. En él, el sacerdote, licenciado en Teología Fundamental y coadjutor en la parroquia de San Sebastián de Badalona, defendía la postura del papa emérito Benedicto XVI sobre las tensiones entre cristianismo e islamismo. "El islam no admite diálogo. O crees, o eres un infiel que debe ser sometido de una manera o de otra", escribía, criticando específicamente el radicalismo yihadista y citando atentados como los de París o Niza. No era un ataque generalizado a los musulmanes –Ballester ha precisado en declaraciones que distingue entre fe y extremismo–, sino una llamada de atención ante lo que percibe como una amenaza existencial a la identidad occidental.
La denuncia llegó en 2017 de la Asociación Musulmanes contra la Islamofobia, presidida por Ibrahim Pérez, quien ha defendido públicamente la sharía en Cataluña y el régimen talibán en Afganistán. Tres años después, en 2020, la fiscal María Teresa Verdugo, delegada de Delitos de Odio en Málaga, elevó la acusación, solicitando la pena máxima del artículo 510 del Código Penal: incitación al odio por motivos religiosos. Verdugo argumenta que las palabras del sacerdote generan "alarma social" y ofenden sentimientos religiosos, agravadas por su condición de clérigo, que supuestamente "arrastra masas".
Ballester, de 59 años y con 25 de ministerio pastoral, lo ve como un "instrumento de represión ideológica". Ha dicho: "El delito de odio juzga intenciones, no hechos. Es control social contra disidentes".
El calvario judicial ha sido largo. Tras suspensiones en septiembre de 2024 por compromisos del abogado defensor –que priorizó un caso de un preso– el juicio se aplazó al 1 de octubre. Ballester ha llevado su defensa a instancias internacionales: en el 2020 intervino ante el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, denunciando la "arbitrariedad" de Verdugo y la discriminación contra cristianos. Apoyado por Abogados Cristianos y Hazte Oír, que han impulsado campañas con miles de firmas para retirar la acusación, el sacerdote recibe respaldo masivo en redes sociales. Figuras como el eurodiputado Juan Carlos Girauta han calificado el proceso de "odio de la fiscalía", mientras cuentas católicas como @UniCatolicos_es acumulan decenas de miles de interacciones pidiendo solidaridad: "Todos somos el padre Custodio".
El caso trasciende lo personal. En un España polarizada, donde los delitos de odio se multiplican, con 4.000 denuncias anuales, según el Ministerio del Interior, los críticos ven en esta imputación un sesgo: ofensas a cristianos, como quema de Biblias o ataques a iglesias, rara vez prosperan. Ballester, preparando su tesis doctoral sobre el papa Luna, afirma: "Como sacerdote, mi misión es anunciar la verdad y denunciar el error, aunque cueste la cárcel". Si se confirma la condena, no solo sería un precedente para clérigos y periodistas, sino una grieta en la libertad religiosa que Europa, amenazada por el extremismo, no puede permitirse.
Mientras el 1 de octubre se acerca, Ballester ora por justicia. "La verdad no se castiga", dice. En un mundo donde el silencio es cómplice, su voz resuena como un desafío.
Ramírez de Velasco®

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