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| Fanatismo religioso y petróleo |
Una monarquía con poder desmesurado gobierna uno de los países más ricos de oriente Cercano con anuencia de Estados Unidos
Esta nota contará cómo hizo una familia tribal del desierto de la península arábiga, en Asia occidental, aliada al rigor wahabita, para expandir su dominio a fuerza de campañas brutales, exterminar tribus enteras en el siglo XX, hacer maniobras diplomáticas con británicos y luego con Estados Unidos, hasta convertirse —gracias al petróleo— en una monarquía de poder desmesurado y centralizado cuyo apelativo nombra a todo un reino.La historia arranca en 1744, cuando Muhammad ibn Saud cierra un pacto fundacional con Muhammad ibn Abd al-Wahhab. Religión puritana y espada tribal se combinan en una maquinaria que promete purificar la península y, de paso, extender un poder dinástico sin precedentes. Desde ese acuerdo nadie volvería a gobernar sin un sello wahabita vigilando cada decisión política. Ese maridaje, forjado en el polvo de Najd, (la gran meseta central de la península arábiga), marcaría dos siglos de expansión territorial y violencia sectaria.Durante el siglo XIX sobrevienen ascensos, caídas y reorganizaciones. Los Saud son derrotados en 1818 por fuerzas egipcias enviadas por el Imperio Otomano, pero reaparecen cada vez que parecen liquidados. Hierba mala, rebrotan en conflictos internos, disputas familiares y retornos inesperados a Riad. Aprenden que retirarse a tiempo puede ser más útil que una victoria ruidosa y que la religión, manejada con astucia, vale más que un ejército.
El verdadero salto llega con Abdulaziz Ibn Saud. En 1902 recupera Riad en un golpe nocturno que hoy es mito nacional. A partir de entonces, unifica tribus utilizando una mezcla de promesas, generosidad controlada y la fuerza bruta de los Ikhwān, beduinos adoctrinados que funcionan como un ejército misionero. No conquistan: arrasan. Convierten aldeas en ruinas y tribus enteras en escombros políticos. En esa lógica, el Najd es pacificado a golpes de doctrina.
Durante las décadas de 1910 y 1920, la unificación de Arabia implica la aniquilación sistemática de clanes rebeldes. Tribus como Ajman, Mutayr y Shammar son atacadas con una ferocidad que hace desaparecer linajes completos. La consigna es clara: integración total en el proyecto saudí o desaparición. Para grupos nómades dependientes de oasis y rutas caravaneras, perder el territorio equivale a morir. El reino se edifica, en buena parte, sobre esos silencios obligados.
Paradójicamente, Ibn Saud termina exterminando a los propios Ikhwān cuando se vuelven un problema diplomático. Su afán expansionista hacia Iraq y Kuwait desafía a los británicos. En 1929, en Sabilla, son masacrados a base de ametralladoras modernas que ellos mismos rechazaban por “impías”. La matanza cierra la etapa tribal y abre el camino a un Estado centralizado.
La relación con Estados Unidos nace poco después, por intereses más geológicos que ideológicos. En 1933 se concede a la Standard Oil of California la exploración petrolera que, seis años más tarde, descubrirá reservas gigantescas. Esa riqueza crea una alianza estratégica: Washington garantiza seguridad militar; Riad asegura estabilidad petrolera. El pacto se consolida en 1945, cuando Roosevelt e Ibn Saud se reúnen en el USS Quincy.
Desde entonces, el petróleo convierte a los Saud en árbitros de precios globales y en pieza esencial de la geopolítica estadounidense. En lugares en que había camellos y espadas, ahora hay oleoductos, petrodólares y una monarquía que compra influencia internacional a escala industrial. Todo sostenido por el mismo trípode: religión, control interno y alianzas externas cuidadosamente administradas.
A continuación, tres anécdotas verificadas sobre la crueldad de los Saud.
Decapitado
En la década de 1990 todavía eran frecuentes las ejecuciones públicas en la Plaza Deera de Riad. Un caso comentado ocurrió en 1996, cuando un joven acusado de homicidio fue llevado al cadalso sin aviso previo a la familia, esposado y rodeado de guardias. El verdugo —conocido por ejecutar cientos de condenas— le cortó la cabeza con una espada curva en menos de un segundo, ante turistas horrorizados que no entendían qué iba a pasar hasta que ya había pasado.
Adulterio
Aunque ocurrió en 1980, este acontecimiento marcó los años siguientes como un emblema del costado más cruel del régimen. Una princesa de la familia Saud, acusada de adulterio, fue ejecutada a balazos por orden de su propio abuelo en una escuela convertida en improvisado patíbulo. Su supuesto amante fue decapitado. El episodio fue tan brutal que durante los 80 y 90 se convirtió en el ejemplo internacional más citado del rigor extremo de las normas morales saudíes.
Qatif
En 1997 y 1998, comunidades chiitas de Qatif realizaron protestas pacíficas reclamando igualdad legal y menos discriminación. La respuesta estatal fue desproporcionada: detenciones nocturnas, interrogatorios violentos, torturas registradas por organizaciones de derechos humanos y desapariciones temporarias. Varios líderes fueron encarcelados durante años sin juicio. Las fuerzas de seguridad reprimieron incluso funerales y las procesiones religiosas.
Ramírez de Velasco®



Hace años que USA es energéticamente independiente. Por la incapacidad de Obama y de Biden que cerraron contratos petroleros en tierras fiscales, esa dependencia se perdíó por unos años, lo que requirió tomar petroleo de Canadá y México. Ahora esa independencia fue restablecida y hasta se exporta gas a Europa luego del problema de Ucrania y las malas decisiones de la UE.
ResponderEliminarEn la actualidad el petróleo que se recibe de Arabia e Irak es menos del 9% de la producción, o sea que no hay tal interés en "dejar hacer a los árabes lo que quieran mientras que den su petróleo". Lo que la gente no sabe es que en petróleo hay distintos grados, y se toma una porción del petróleo árabe para cubrir la necesidad de manufactura de productos (plásticos, polímeros, textiles y ciertos combustibles), que ese petróleo genera. Además, las compras de fracciones de petróleo de distintas fuentes permite balancear el precio internacional.
Estados Unidos ha entregado miles de vidas de soldados para apoyar la estabilidad de los países saudis, porque con presencia es como se logra mantener un equilibrio y control de los grupos terroristas y protección a los aliados de la región. Arabia paga parte de esos servicios con petróleo.
USA no ejerce "anuencia" sobre cómo se manejan los regímenes monarquicos saudis, y respeta que apliquen sus leyer y sistemas, que no son ni democráticos ni mucho menos republicanos.