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El 9 de enero de 1964, doscientos estudiantes del Instituto Nacional de Panamá son ametrallados por ingresar a la Zona del Canal
El 9 de enero de 1964, una columna unos doscientos estudiantes del Instituto Nacional de Panamá ingresó a la Zona del Canal para exigir el izado de la bandera panameña junto a la norteamericana. El reclamo se fundamentaba en el cumplimiento de los acuerdos Chiari-Kennedy, que establecían la soberanía compartida sobre el territorio ocupado. La manifestación pacífica derivó en un enfrentamiento violento cuando policías y civiles zoneítas forcejearon con los jóvenes, resultando en el ultraje del pabellón nacional panameño. Este incidente desencadenó una respuesta militar masiva de las tropas de Estados Unidos contra la población civil, provocando la muerte de veintidós personas y dejando cientos de heridos en las ciudades de Panamá y Colón. En su honor hoy se recuerda en Panamá el Día de los Mártires.La marcha comenzó a media tarde desde el plantel educativo hacia la Escuela Superior de Balboa, centro de estudios exclusivo para residentes norteamericanos. Los estudiantes portaban un estandarte histórico con la intención de colocarlo en el asta frente al edificio administrativo, cumpliendo un acto simbólico de soberanía. Fueron interceptados por agentes policiales de la Zona del Canal, que permitieron el paso a una pequeña delegación bajo condiciones estrictas de silencio. Sin embargo, la presencia de una multitud hostil de vecinos norteamericanos, los zoneítas, rodeó a los delegados e impidió que el acto se realizara de forma ordenada y respetuosa.Durante el forcejeo, la bandera panameña sufrió desgarros ante la mirada de los testigos, lo que provocó el repliegue de los estudiantes hacia la avenida central. La noticia de la afrenta al símbolo patrio se difundió por las emisoras de radio, atrayendo a miles de panameños hacia los límites de la zona ocupada. La multitud comenzó a lanzar piedras y objetos contundentes contra las cercas de alambre, mientras la policía de la Zona utilizaba gases lacrimógenos para dispersar a los manifestantes. La situación escaló cuando los oficiales norteamericanos pidieron apoyo a las unidades del ejército apostadas en las bases cercanas para detener el avance civil.
Entraron en acción soldados equipados con fusiles de asalto y ametralladoras pesadas, tomando posiciones en los edificios altos de la zona fronteriza. Abrieron fuego directo contra la multitud que se congregaba en las inmediaciones del Hotel Tivoli y la Asamblea Nacional, utilizando munición de combate contra personas desarmadas. Ascanio Arosemena, un estudiante de diecinueve años, se convirtió en la primera víctima mortal mientras intentaba socorrer a otros manifestantes heridos por los disparos. Los hospitales locales colapsaron rápidamente debido al flujo incesante de gente baleada, mucha con heridas graves en el pecho y la cabeza.
Se extendieron las protestas por todo el territorio nacional, alcanzando la ciudad de Colón, donde también hubo enfrentamientos armados y víctimas fatales. El gobierno de Panamá, presidido por Roberto F. Chiari, tomó la decisión de romper relaciones diplomáticas con los Estados Unidos tras confirmarse la magnitud de la agresión militar. Se presentó una denuncia formal ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos, calificando el acto como una agresión injustificada. Las calles permanecieron bajo un clima de guerra durante tres días, con la población civil resistiendo los embates de la fuerza militar extranjera.
Los norteamericanos usaron tanques y vehículos blindados para patrullar los límites de la Zona del Canal, manteniendo a la población bajo constante vigilancia y amenaza. Se informó de incendios en propiedades de empresas norteamericanas de la capital como represalia por las muertes de los jóvenes manifestantes. En la lista de muertos había estudiantes de primaria, obreros y ciudadanos que no participaban en las refriegas, alcanzando la cifra de veintidós mártires confirmados por las autoridades forenses. Los heridos se contaron por cientos, muchos de ellos con discapacidades permanentes producto de la metralla utilizada por los soldados norteamericanos.
Luego se estableció un cordón sanitario y militar que aisló por completo la franja del canal, impidiendo el tránsito habitual de suministros y gente entre ambos sectores. Los diplomáticos panameños en Washington exigieron una revisión integral del Tratado Hay-Bunau Varilla, argumentando que la situación de 1903 era insostenible ante la realidad actual. El conflicto puso en evidencia la tensión acumulada por décadas de segregación racial y económica dentro de la Zona del Canal, pues los panameños tenían prohibido el libre tránsito. La prensa internacional cubrió los funerales multitudinarios de las víctimas, que se transformaron en un acto de unidad nacional sin precedentes en la historia republicana.
Los peritajes de balística demostraron el uso de armas de guerra contra civiles situados fuera de la jurisdicción de la Zona del Canal. Hubo impactos de proyectiles en edificios civiles panameños, evidenciando que los disparos se realizaron de manera indiscriminada hacia el territorio soberano del país. La comunidad internacional manifestó su rechazo al uso excesivo de la fuerza, presionando para que se iniciaran negociaciones que abordara la soberanía definitiva del canal. Se instituyó el 9 de enero como una fecha de luto nacional, recordada anualmente para honrar la memoria de quienes sacrificaron su vida por la integridad territorial.
Los panameños consiguieron que el gobierno de los Estados Unidos aceptara finalmente sentarse a negociar un nuevo marco jurídico que reemplazara los tratados vigentes desde principios de siglo. Este acontecimiento se considera el catalizador que llevó a la firma de los Tratados Torrijos-Carter en 1977, que programaron la reversión total del canal a manos panameñas. La valentía de los estudiantes del Instituto Nacional marcó un punto de giro en la geopolítica de la región, demostrando el costo humano de la ocupación colonial. Los nombres de los veintidós mártires fueron inscritos en monumentos y plazas para asegurar que su legado de resistencia pacífica no fuera olvidado por las generaciones futuras.
Lista de los mártires y sus edades
Ascanio Arosemena de 19 años, Gonzalo Antonio Crance de 14 años, Teófilo Belisario de la Torre de 22 años, Jacinto Palacios Cobos de 23 años, Alberto Oriol Tejada de 21 años, Víctor Manuel Iglesias de 19 años, Rodolfo Sánchez Benítez, de 18 años, Evidelio Aragón de 19 años, Gustavo Rogelio Lara de 19 años, José Enrique Gil de 17 años, Ezequiel Meneses González de 15 años, Estanislao Orobio Williams de 18 años, Maritza Alabarca de 6 meses (muerta por los gases, Rosa Elena Landecho de 11 años, Ovidio Saldaña Armuelles de 22 años, Etanislao Orobio de 18 años, Renato Lara de 17 años, Celestino Villarreta de 43 años, Carlos Renato Lara de 18 años, Ricardo Murgas Villamonte de 17 años, Víctor Garibaldo de 15 años, Alberto Nicholas Constance de 15 años.
Ramírez de Velasco®


La bestia acostumbra atropellar y pisotear sin miramientos.
ResponderEliminarA la historia hay que contarla completa, con los detalles que dan contexto a los hechos. Para ello es necesario investigar la documentación disponible, que es profusa, y aportar los elementos de juicio necesarios para interpretar correctamente los acontecimientos y sus consecuencias.
ResponderEliminarEstados Unidos aceptó construir en Panamá un canal que ya tenía estudiado y diseñado para ser construido en Nicaragua, bajo condiciones que aseguraran que la inversión (pagada con los impuestos de los ciudadanos americanos y las obras construidas en un país externo), no corrieran el riesgo de ser incautadas por ese país aduciendo soberanía en el futuro. Personalmente tuve en mi oficina copia de los planos del canal Nicaragüense.
Por si acaso hubiera algún lector distraído, esto de quitarle a empresas extranjeras lo que construyen en otros países es muy frecuente en Latinoamérica (pozos petroleros, líneas aéreas, empresas de servicios públicos) y se llama "repatriación y nacionalización forzada", que buena plata en juicios les ha costado a los países con gobiernos "pícaros" en el continente.
Por esta razón, el tratado Hay - Bunau - Varilla ponía como condición que tanto la obra, su operación, y la franja de 10 millas (5 a cada lado) fuera territorio americano a perpetuidad, y así lo aceptaron los firmantes.
No solo ello, Estados Unidos no aceptaría firmar el tratado con Colombia, de la cual Panamá era una provincia en ese entonces, para lo cual Panamá pidió el apoyo para independizarse de Colombia. USA accedió enviando un barco de la armada y resguardó la zona mientras el independentista Amador declaraba la independencia y con eso el tratado se firmó directamente con Panamá.
Por eso es que Panamá no tiene ni héroes ni próceres de la independencia, porque Colombia los liberó de España, USA los liberó de Colombia y un francés les arregló la cosa para que tuvieran un canal que a lo largo del siglo XX les dio un desarrollo que como provincia colombiana jamás hubieran tenido.
Con respecto al "acuerdo" Kennedy - Chiari, de permitir otra bandera en la zona americana, una corte de distrito falló (Doyle Versus Fleming) que "el izado de banderas de dos países en un territorio en disputa con un propósito no declarado es una posición de debilidad que puede conducir a futuros malentendidos y desacuerdos”. Por lo tanto ese acuerdo nunca llegó a implementarse. Se debe tener en cuenta que la zona del canal era un territorio americano con gobernador propio y habitantes nacidos en ella, que legítimamente defendían su derecho a autonomía, tal como lo hubiera hecho cualquiera de nuestras provincias argentinas si BsAs ordenaba izar una bandera de otro país.
Como consecuencia de no tener ni héroes ni próceres, se inventaron lo de los mártires, que fueron estos pobres muchachos a los que, por la edad y por ser estudiantes fácilmente manipulables ideológicamente, les metieron en la cabeza lo de la bandera y los mandaron a invadir territorio de otro país sin contarles todo el cuento.
Los panameños no solo no pagaron por el canal, sino que nunca trabajaron en su construcción ni pusieron los miles de muertos que causó su construcción. Tato para su independencia, para las negociaciones, para la construcción y para el usufructo miraron desde la tribuna y solo cuando asumió un gobierno débil como el de Carter lograron que USA les revirtiera la operación y la zona, con un tratado que tiene muchas condiciones que si no se cumplen USA lo recupera.
Más o menos así es como sucedió la cosa, sin que hubiera una bestia que atropelle y pisotee, pero sí un país que faltó a su palabra y reclamó lo que no le correspondía.