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| Muertas por no renunciar a su fe |
El 15 de enero de 2019, el Papa Francisco firma el decreto que reconoció como mártires a María del Carmen Lacaba y a trece religiosas, muertas por odio a la fe, por los comunistas
El 15 de enero de 2019, el Papa Francisco firmó el decreto que reconoció como mártires a la Madre María del Carmen Lacaba y a trece religiosas concepcionistas franciscanas asesinadas en 1936 en Madrid y alrededores, durante la persecución religiosa desatada en la Guerra Civil española. Sus muertes fueron consecuencia directa del odio anticlerical que imperó en toda la España bajo control del Frente Popular. Allí los conventos fueron saqueados, las comunidades dispersadas y las monjas sometidas a torturas, humillaciones y ejecuciones sumarias.En julio de 1936, la comunidad concepcionista del monasterio de San José, en Madrid, fue expulsada y dispersada. Diez de sus religiosas, entre ellas la abadesa, Madre María del Carmen Lacaba Andía, se refugiaron en un piso de la calle Francisco Silvela 19. Permanecieron ocultas hasta que fueron denunciadas por la portera de un bloque vecino.El 7 de noviembre de 1936, los milicianos comunistas irrumpieron en el lugar, golpearon y arrojaron por las escaleras a una hermana inválida, y subieron a todas a un camión. Fueron conducidas a una prisión utilizada por el Frente Popular para interrogatorios y torturas al margen de la ley. Poco después, todas fueron ejecutadas.
Las víctimas de este primer grupo fueron la madre María del Carmen Lacaba Andía, sor María Petra Pilar de los Dolores, sor María Eustaquia de la Asunción, sor María Guadalupe de la Ascensión, sor María Beatriz de Santa Teresa, sor María Clotilde del Pilar Campos, sor María del Santísimo Sacramento, sor María Juana de San Miguel y sor María Basilia de Jesús Díaz.
La persecución contra la orden continuó. El 21 de julio de 1936, las concepcionistas del convento de El Pardo fueron desalojadas. Dos de ellas, la Madre Inés de San José y Sor María del Carmen de la Purísima Concepción, encontraron refugio en casa de un matrimonio anciano, pero fueron detenidas el 23 de agosto.
Ese mismo día fueron trasladadas en un camión a un descampado de Vicálvaro. Lograron que liberaran a quienes las habían acogido, pero ellas permanecieron presas. En la madrugada, fueron fusiladas y sus cuerpos arrojados ante el cementerio local.
Un sepulturero fotografió los cadáveres y los enterró marcando el lugar en secreto. Tras la guerra, en 1939, pudieron ser identificadas y sus restos trasladados al cementerio de El Pardo, y luego al protomonasterio casa madre de Toledo, el que reposan junto a los de la fundadora de la orden, Santa Beatriz de Silva.
Las dos últimas religiosas asesinadas eran de la comunidad de Escalona, Toledo. Fueron detenidas en 1936 y llevadas a la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol, y sufrieron torturas para forzarlas a renunciar a su fe.
Ante su negativa, fueron trasladadas a una checa y asesinadas pocos días después. Sus cuerpos no fueron recuperados. Eran la Madre María de San José Ytoiz y sor María de la Asunción Pascual Nieto.
En junio del 2002 se inició la causa de beatificación de estas catorce mártires. El proceso llegó a la Santa Sede en el 2010. Y el 15 de enero del 2019 se firmó el decreto que reconoció su martirio.
Ese mismo día, el Papa Francisco recordó que estas religiosas fueron ejecutadas por odio a la fe y señaló que su ejemplo llama a la fortaleza y perseverancia, especialmente en los momentos de prueba.
Ramírez de Velasco®



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