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1889 ALMANAQUE MUNDIAL Moscovia

Sagallo, en Yibuti

El 16 de febrero de 1889, una escuadra francesa abre fuego contra un asentamiento de cosacos rusos establecido en la costa africana del mar Rojo

El 16 de febrero de 1889, una escuadra francesa abrió fuego contra un asentamiento de cosacos rusos establecido en la costa africana del mar Rojo, en la bahía de Sagallo, actual Yibuti. La colonia, fundada semanas antes por el aventurero Nikolái Ivánovich Ashinov y sus seguidores, pretendía ser el primer enclave ruso en África, pero su existencia fue efímera. El ataque francés, resultado de tensiones diplomáticas y de una ocupación no autorizada, puso fin al proyecto conocido como “Nueva Moscovia” o “Nuevo Moscú”.
A fines del siglo XIX, las potencias europeas competían ferozmente por territorios africanos. Francia controlaba el Golfo de Tadjoura, mientras Gran Bretaña y el Imperio Etíope observaban con recelo la expansión mutua. En ese contexto, un grupo de cosacos del Don, dirigidos por Ashinov, partió desde Odesa en diciembre de 1888 con destino al mar Rojo. El viaje se presentó ante las autoridades rusas como una expedición religiosa y humanitaria, pero en realidad tenía ambiciones coloniales.
Los expedicionarios, cerca de ciento cincuenta personas —entre ellos mujeres, niños, sacerdotes y soldados—, llegaron en enero de 1889 a la bahía de Sagallo. Allí izaron la bandera imperial rusa, fortificaron un viejo puesto egipcio abandonado y proclamaron la creación de un asentamiento que Ashinov llamó “Nueva Moscovia”. Confiaban en el favor del zar Alejandro III y en un supuesto acuerdo con el negus Menelik de Etiopía, aunque ninguna de esas autoridades había autorizado formalmente la ocupación.
Francia, que consideraba la región parte de su esfera de influencia, reaccionó con rapidez. Las autoridades coloniales de Obock, el enclave francés más cercano, enviaron una nota diplomática a San Petersburgo exigiendo explicaciones. El gobierno ruso, sorprendido por la iniciativa de Ashinov, desautorizó de inmediato la empresa y ordenó su disolución. Pero antes de que el mensaje llegara a Sagallo, la escuadra francesa ya se preparaba para intervenir.
El 16 de febrero, cuatro buques de guerra franceses se presentaron frente al asentamiento. Los cosacos, que carecían de artillería pesada y apenas disponían de rifles, rechazaron inicialmente rendirse. Luego de un breve intercambio de advertencias, los franceses abrieron fuego. El bombardeo destruyó las improvisadas defensas y causó al menos una docena de muertos.
Luego del ataque, las tropas francesas desembarcaron y tomaron el lugar sin resistencia. Los sobrevivientes, incluyendo mujeres y niños, fueron hechos prisioneros y trasladados a Obock. Desde allí, las autoridades coloniales los repatriaron a Odesa a bordo de un buque ruso fletado por el propio gobierno imperial, que buscó cerrar discretamente el incidente.
Ashinov fue interrogado al llegar a Rusia y posteriormente desterrado del servicio público. Pese a su fracaso, continuó promoviendo proyectos de colonización religiosa y militar en el Cáucaso y Asia Central, sin respaldo oficial. Su figura quedó envuelta en un aura de extravagancia y aventura, más próxima a la leyenda que a la política.
El episodio de Sagallo reveló las tensiones del “reparto de África” y la vigilancia mutua de las potencias coloniales. Francia reafirmó su dominio sobre la costa del mar Rojo y transformó poco después el territorio en parte integral de su colonia de Somalia Francesa.
En Rusia, el caso se mantuvo en silencio durante años, considerado un embarazoso incidente de diplomacia paralela. Los documentos oficiales sobre la expedición no se publicaron sino hasta comienzos del siglo XX, cuando historiadores navales y viajeros los rescataron del archivo imperial.
La fallida “Nueva Moscovia” desapareció del mapa tan rápido como surgió. Hoy, en Sagallo, apenas quedan restos de un fuerte de piedra y el registro de aquel intento efímero de fundar una Rusia africana, borrado a cañonazos.
Ramírez de Velasco®

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