Ir al contenido principal

1993 ALMANAQE MUNDIAL Hitler

El supuesto cráneo de Hitler (no es)

El 19 de febrero de 1993 aparece en Moscú supuestos fragmentos del cráneo de Adolf Hitler, conservados en un tintero del Archivo Estatal de Rusia

El 19 de febrero de 1993 aparecieron en Moscú supuestos fragmentos del cráneo de Adolf Hitler, conservados durante décadas en un tintero del Archivo Estatal de Rusia. Las piezas fueron presentadas como restos procedentes de materiales calcinados recuperados por el Ejército Rojo en Berlín en 1945, cerca de la Cancillería del Reich, y atribuidos al líder nazi tras el asalto final soviético a la ciudad.
La revelación fue durante la apertura parcial de archivos soviéticos luego de la disolución de la Unión Soviética. Funcionarios y archivistas permitieron el acceso a investigadores y periodistas a fondos documentales hasta entonces clasificados, entre ellos expedientes del NKVD y del KGB vinculados al final del régimen nazi y a la muerte de Hitler.
Según la documentación exhibida, los fragmentos óseos habían sido recuperados junto con restos carbonizados en las inmediaciones del búnker de la Cancillería, donde Adolf Hitler y Eva Braun se suicidaron el 30 de abril de 1945. Las piezas fueron trasladadas a la Unión Soviética como material de investigación forense y de inteligencia, y permanecieron bajo custodia estatal sin difusión pública durante casi medio siglo.
El cráneo, incompleto y con un orificio visible, fue presentado como evidencia complementaria a otros restos atribuidos a Hitler, entre ellos una mandíbula con prótesis dentales. Desde 1945, la identificación soviética se había apoyado principalmente en estudios odontológicos realizados con la colaboración de asistentes dentales del Führer capturados por el Ejército Rojo.
Durante décadas, la versión oficial soviética sobre la muerte de Hitler fue contradictoria y cambiante. En distintos momentos se difundieron hipótesis de fuga, supervivencia o muerte no confirmada, utilizadas tanto en clave política como propagandística durante la posguerra y la Guerra Fría.
La presentación de los fragmentos en 1993 fue interpretada como un intento de cerrar definitivamente esas versiones. Sin embargo, la ausencia de análisis genéticos contemporáneos y la imposibilidad de contrastar los restos con material biológico indiscutido generaron reservas inmediatas en parte de la comunidad científica internacional.
En los años siguientes, los restos permanecieron bajo custodia rusa. Investigadores extranjeros tuvieron acceso limitado y bajo estrictas condiciones, lo que mantuvo abierto el debate sobre la autenticidad y el origen exacto de los fragmentos óseos presentados en 1993.
El Archivo Estatal de Rusia conservó los fragmentos en condiciones controladas, junto con informes forenses soviéticos, actas de interrogatorio y fotografías tomadas en Berlín en 1945. La documentación describía la cadena de custodia desde el hallazgo inicial hasta su traslado definitivo a Moscú.
En el 2009, un estudio realizado por especialistas norteamericanos sobre uno de los fragmentos craneales concluyó que el hueso correspondía a una mujer de entre 20 y 40 años, basándose en características anatómicas, lo que reabrió la discusión sobre su atribución a Hitler. Las autoridades rusas sostuvieron, no obstante, la validez de la identificación original.
Hasta la actualidad, la mandíbula atribuida a Adolf Hitler, conservada también en archivos rusos, continúa siendo considerada por numerosos historiadores como la evidencia material más sólida de su muerte en Berlín. Los fragmentos de cráneo revelados el 19 de febrero de 1993 siguen formando parte del acervo estatal ruso, asociados a expedientes forenses fechados entre 1945 y 1946, que documentan uno de los episodios finales más controvertidos del siglo XX.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

PALABRAS El arte de davueltarse

Hurgueteando palabras Vea aquí metáforas, ironías y lítotes para quienes tienen inquietudes menos urgentes que la economía, la política o el fútbol Tropo viene del griego trópos, “giro” o “volteo”, o dicho en criollo “davueltarse”. Es un recurso retórico que desvía el sentido habitual de las palabras para producir un significado figurado, más expresivo, artístico o sugestivo. Es cierto que hoy las preocupaciones de los lectores pasan por asuntos más importantes, como el precio del pan francés, las alegrías y tristezas del fútbol y las mentiras y verdades con que se revisten los gobiernos. Pero es posible que una minoría quiera elevar el espíritu recordando lecciones de la escuela secundaria. Para ellos, si existieran o existiesen, son estas líneas mal entreveradas, publicadas en este sitio, a mil kilómetros del fin del mundo. Pero vayamos a los tropos. El más conocido es la metáfora , una sustitución basada en la semejanza. “Tus ojos son estrellas”. El símil es una comparación explíci...

OPINIÓN Woody Allen y los antisionistas

Woody Allen Una columna del genial cineasta norteamericano, que toma el futuro con humor (negro), aunque hable del presente Por Woody Allen Replicado en comunidades plus "Saben, siempre pensé que la mayor ventaja de Nueva York era que uno podía ser neurótico y nadie lo notaba. En otras ciudades te mandan al médico si hablas contigo mismo. En Manhattan te ofrecen una columna en una revista por ello. Ayer salí a comprar salmón. Por cierto, es la única tradición judía estable que ha sobrevivido a Babilonia, Roma y a mis relaciones con mujeres. Caminaba por Brooklyn pensando en la muerte. No porque sea filósofo. Sino porque ya tengo más de noventa, aunque originalmente había planeado llegar como mucho hasta los setenta. Y de repente —una multitud frente a una sinagoga. Al principio pensé que allí actuaba un famoso psicoanalista. En Nueva York la gente hace cola durante horas para escuchar por qué su madre tiene la culpa de todo. Aunque los judíos eso ya lo saben sin necesidad de confe...

No me mueve, mi Dios, para quererte

Ilustración Anónimo No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido, muéveme ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. Ramírez de Velasco®

LATITAS Alguien viene

Mi casa, acuarela de Raúl Cisterna La polvareda en el camino alteraba la rutina de una familia, en medio del monte, acostumbrada a recibir gente Cosas buenas traían las visitas, decían. Mi padre se alegraba cuando en el fondo del camino se levantaba la polvareda. “Alguien viene”, anunciaba y mi madre corría a arreglar la casa. Los cazadores llegaban con carne de animales mestizos, gorras chillonas, botas de caña alta y conservadoras de las que sacaban cerveza en latitas que los chicos juntábamos porque eran bonitas. Los llevábamos a entrenarse con las perdices que luego buscarían los perros para traer en la boca. Mi padre no les envidiaba la mala puntería. A veces apagaban tres balazos en una sola perdiz, que se mandaba a mudar volando y se perdía en la orilla del monte, gringos inútiles. En ocasiones quedaban hasta la noche para cazar vizcachas. Metían ruido por los alrededores, gritaban como en la cancha, andaban haciendo bombo en los guardabarros de las camionetas y volvían a la mad...

MADRUGADA Bicicletas sigilosas

"Madrugada", acuarela de Raúl Cisterna El hombre recuerda otra ciudad que despertaba sobre dos ruedas: ahora es culpable de un miedo que no quiere provocar Yo soy ese que viene en bicicleta de allá, por el Camino de la Costa, asustando a las mujeres que esperan el ómnibus para ir al trabajo, a la escuela, a hacer las compras en el centro de la ciudad. Paso sin mirarlas siquiera, pero se asustan cuando suman: viejo más bicicleta, más mal vestido, igual a violador o pervertido. Muchas veces esas mujeres están solas con su alma y la madrugada y seguramente uno que viene solo, las debe sorprender un tanto. En esas incómodas cabalgatas husmeando por los barrios casi extramuros de Santiago, suelo detenerme a preguntarles dónde queda tal o cual calle. Veo entonces su rostro de terror mientras responden y alcanzo a oír un suspiro de alivio al alejarme pedaleando despacito como tranco de pollo. En qué momento los santiagueños de los barrios más humildes dejaron la bicicleta y se volca...